Córdoba, Costal

Ángel María Varo: Esencia de Capataz

Es, sencillamente maravilloso comprobar, con el paso de los años, como la vida va colocando a cada cual en su sitio. Y es de honor manifestar pública o privadamente, lo que una persona puede haber contribuido en tu propia vida, a ser como uno es.

Hoy he decidido hacerlo públicamente, a sabiendas del sonrojo que provocará en quien, en su día, marcó claramente mi vida, como cofrade, como cristiano, como persona. Y lo hago públicamente porque es de justicia, porque sería injusto que una figura como Ángel María Varo Pineda, se fuese del mundo del martillo, sin que la Córdoba Cofrade conociese algunas de las contribuciones que este sencillo hombre de bien, ha realizado en el ecosistema del mundo del costal.

Maestro, naciste en el seno de una familia cofrade por antonomasia, donde el malva y oro redunda en cada rincón de ella, formada por fundadores de la Cofradía de San Pedro, Hermanos Mayores, pregoneros, costaleros, capataz, articulistas y hasta un sacerdote…pero que no te quepa la menor duda, que quien ha puesto el verdadero prestigio y verdad al apellido Varo, has sido tú, gracias a tu sencillez, tu humildad, tu capacidad de gestión de grupos, tu sensibilidad y ese “don de gentes” innato que te convierte en el imán de cualquier lugar donde te halles.

Maestro, no tuviste la necesidad de ser un costalero longevo, para conseguir a partir del 1983, impregnar e inyectar a un puñado de chavales, ese bendito veneno que hoy día aún tenemos en la sangre muchos de ellos. A pesar de la infinidad de obras de arte que han pasado por tus manos, dorando sueños de cofrades de media Andalucía, la mayor de todas ellas es el legado que dejas a tus discípulos, consiguiendo de nosotros que ser cofrade y ser costaleros se haya convertido en una forma de vida.

Maestro, tuve el inmenso honor de estar a tus ordenes bajo la trabajadera, el día que diste tu primer aldabonazo, aquel último domingo de Septiembre de 1983, bajo el manto de Nuestra Señora del Socorro; igualmente tuve el inmenso honor de estar bajo el Santísimo Cristo de La Misericordia los 10 años que fuiste sus ojos, en una época donde nos forjábamos muchos como costaleros y como hombres y nos guiabas en ambas facetas con decisión y respeto; y la vida a tí y a mí, nos ha regalado tras muchos años, poder volver a estar en la misma situación, tu delante y yo bajo tus ordenes en la trabajadera de Jesús Sacramentado, el mejor sitio elegido por tí Maestro, para dar tu último martillazo como Capataz.

Maestro, gracias por todas esas chicotás; gracias por haberme convertido en costalero de fé, porque gracias a tí comprendí que ahí abajo es el mejor sitio donde un hombre puede estar; gracias por mostrarme a mí y a quienes han sabido ver, que ser costalero ayuda a buscar la felicidad cada dia, me ayuda a pasar los peores momentos de ella con fé y con esperanza, me ayuda a sentir que aquí estamos para algo, y gracias al camino que tú trazaste hace 33 años, hoy he encontrado esa causa noble que todo cristiano debe encontrar.

Maestro, no tengas la menor duda de lo que te estoy contando. Ser capataz, algo que también te tengo que agradecer, no consiste en calzarte el terno negro, pegar cuatro voces, pregonar con gracejo para “hacer flipar” a tu legión de incondicionales que sólo se quedan con la cáscara de todo esto…Tú no has sido así y nos has mostrado la verdadera importancia de lo que significa ser capataz, con tu actitud y valores. Nos enseñaste con tu ejemplo que ser capataz es ser cómplice, ser amigo, ser comprensivo, ser justo, ser honrado, ser humilde, ser padre y a su vez hermano, y por encima de todo nos mostraste que ser capataz es una oportunidad única de socializar y de evangelizar.

Maestro, el pasado jueves 15 de Junio de 2017 no se nos olvidará jamás. Diste tu último aldabonazo, y te fuiste como imaginaba, despacio, solo, sin hacer ruido, orgulloso de un trabajo bien hecho…Pero debo decirte aquí y ahora, públicamente, que a pesar de haber dado tu última chicotá vestido de negro, te quedan muchas más como Capataz, te quedan muchos momentos donde seguir mostrando como hay que hacer las cosas, como hay que seguir afrontando los avatares de la vida, como hay que seguir siendo fiel a nuestros orígenes, como hay que seguir enseñando, viviendo y hacer vivir con los principios de la fe cristiana a la “gente de abajo”.

Maestro, seguirás mandando chicotás, porque los verdaderos Capataces como tú, no se hacen…nacen, y por tanto lo serás eternamente.

Ahí queó, MAESTRO!!!

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