Córdoba, Mi luz interior, Opinión, Sevilla

Cofrades Ejemplares

Debe ser consecuencia de la edad, pero cada vez me ocurre con mayor frecuencia que las cosas pasan por delante de mis narices casi sin tiempo para paladearlas. Acaso sean los años o tal vez un poco de hastío derivado de la contemplación de ciertos especímenes que reparten su bilis a diestra y siniestra desde determinados ámbitos de la esfera cofrade. Y lo peor de todo es que algunos lo hacen con la anuencia y el silencio cómplice de algunos que hasta visten sotana, vivir para ver… allá cada cual con su conciencia.

Entonces, de cuando en cuando, como si algún ente superior quisiera hacerme ver que no todo es podredumbre en este conato de cochiquera en la que a veces parece que se ha convertido el mundo de las cofradías, una se encuentra con personas íntegras, honradas y honorables, que se visten por los pies, que no tienen dos caras ni mayor aspiración que servir a sus hermanos y trabajar por el bien común. Cofrades de verdad, que no necesitan más nombre que aquél por el que son llamados por sus amigos, ni apellido del que emane ese pedigrí ficticio que para algunos es una especie de título nobiliario a través del cual se hereda toda una vida de milagros y se transmite de generación en generación.

Hombres y mujeres que siempre estuvieron ahí, que no entienden de política, ni de luchas de poder, ni de guerras fratricidas, que sobre los cimientos de su esfuerzo y su dedicación desinteresada construyeron la historia de muchas de nuestras hermandades a pesar de las tempestades que inevitablemente azotan su devenir cotidiano, por culpa del egoísmo de muchos y del afán de notoriedad de unos pocos, capaces de derribar lo construido por otros con tal de trepar.

Personas que son el sustrato gracias al que continua floreciendo la esperanza hasta en el corazón de los más decepcionados, que encontramos en su presencia el único motivo para seguir respirando a incienso aunque sea solamente en ocasiones dispersas. Por eso hoy quiero mostrarles mi gratitud infinita a todos ellos, héroes anónimos, luchadores infatigables, por conservar esa pequeña llama que sigue latiendo para que jamás se apague la ilusión de quienes venimos de vuelta. Gracias de corazón, por servir de pilar esencial para nuestro universo cofrade, gracias por conservar la verdadera naturaleza que germina de la palabra hermandad. Gracias porque con vuestro titánico empeño continua latiendo mi marchito y cansado corazón cofrade.

He dicho

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