El tiempo vivido, Opinión

Con la venia de Dios

La incertidumbre de lo cierto, el jarro de agua fría que nos despierta de nuestro melancólico letargo y nos revive los sueños que perecieron por el camino. La Cuaresma agoniza y apenas a uno le da tiempo a apenarse. Somos las Cuaresmas que nos quedan por vivir y la Semanas Santas que nos dejan cicatrices que nunca duelen.

Se prende fuego a los primeros cirios kamikazes que desean ser luz y sombra del nazareno que se enfunda el antifaz de la esperanza y misericordia. Recaemos en la fantasiosa realidad de poder rezar y levantarnos con los martillazos y gritos de las almas costaleras por banda sonora, con un final de película que el cofrade verdadero desconoce porque la muerte siempre se nos presenta sin avisar.

Busca y encontrarás, me decían. Pero ser cofrade es algo que nos bendijo Dios sin buscarlo, y qué alegría. Con la venia de Dios, volvamos a soñar.

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