Córdoba, De trama simple, Opinión

Córdoba, la ciudad de la apatía

Las fechas del calendario vuelven año tras año y el caminar del tiempo se hace inexorable para nosotros los mortales. Somos muchos los que pensamos que el tiempo nos devuelve lo que nosotros proyectamos y por tanto, recibimos lo que damos para bien o para mal. ¿Cuántas veces hemos escuchado esa típica frase de, tiempo al tiempo o el tiempo pone cada cosa en su lugar? El caso es que por mucho tiempo que pase y por muchos escritos y opiniones que se viertan hay cosas en nuestra Córdoba que siguen inmóviles.

Córdoba, es esa ciudad que vive hacia dentro, muestra de ello son los patios, las tascas y tabernas con sus apreciados apartados. Sus estrechas calles con pequeñas ventanas que dan lugar a patios de vecinos: íntimos, recogidos y de sencilla vida hacia los adentros, no pueden ocultar las reminiscencias árabes de esos tiempos históricos pasados.

Esta forma de vida del cordobés, se refleja en las pequeñas concentraciones de amigos, de vecinos o conciudadanos, que de manera apática en apariencia, conviven en torno a un medio de vino y entre sorbo y sorbo arreglan con su sapiencia el mundo y sus problemas. Córdoba es una ciudad calurosa, y llegadas estas fechas se vuelve aún más íntima, más hacia sí, quizás esta filosofía nos haga ser tan especiales, nos dé ese plus que ni nosotros mismos vemos, ese encanto, que está convirtiendo a nuestra ciudad en un importante referente turístico mundial.

Este carácter se traslada a nuestras costumbres y celebraciones y puede que sea uno de los motivos por lo que una de las festividades cristianas más importantes, el Corpus Christi sea celebrado en nuestra ciudad como un popurrí de mini procesiones y actos de Fe, íntimos, reducidos a las feligresías y al entorno de las parroquias o hermandades que los celebran.

El exceso de salidas procesionales, según mi opinión, se está haciendo más que evidente, y de alguna manera está desvirtuando aquellos actos que requieren de un mayor auge y pujanza. Entiendo que este esfuerzo, económico y devocional que moviliza a costaleros, bandas, hermanos y feligreses, podría destinarse a engrandecer el cortejo de la procesión oficial, destinando los recursos utilizados, en estas mini procesiones, al engrandecimiento de una única procesión, tal como ocurre en algunas ciudades vecinas que parecen tener miras más elevadas o un carácter menos intimista.

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