Córdoba, España, Opinión, Racheando, Sevilla

Cuando perdemos más cosas de las que ganamos

La globalización tiene sus cosas positivas pero también negativas, y si tenemos una Semana Santa de un estilo estándar, perderemos más cosas de las que ganamos.

Un año más hemos dejado atrás el día de los Fieles Difuntos, en el que nos acordamos más si cabe de todos nuestros seres queridos. Ayer o anteayer cumplimos una de las tradiciones más afianzadas en nuestra cultura, ir a visitar a nuestros muertos con las flores como ofrenda a toda una vida junto a nosotros.

Pero como no, tendemos a importar fiestas de manera incontrolada quizás por un complejo de inferioridad por el marketing. Empezó en Navidad cuando Papa Noel entró vestido de rojo gracias a una marca de refrescos y ahora como no, y más siendo una fiesta, importamos Halloween en detrimento de nuestro día de Todos los Santos.

Aunque en la raíz celta que bebemos en el norte de España si que hay casos como el Samhain que dio origen a ese Halloween americano, no podemos olvidar nuestras tradiciones, o es más, muchos niños ya piensan que es fiesta porque es “Halloween“.

Pero además de las fiestas solemos importar estilos, y en el mundo de la Semana Santa somos expertos de adaptar y romper con las tradiciones de un lugar cuando creemos que es lo correcto. Se que seré criticado cuando lean que yo, personalmente, no veo un paso a costal en el norte de España, pues nunca se ha dado, igual que no concibo en Sevilla un trono estilo malagueño, o que las vírgenes no vayan vestidas de Reina.

A raíz del último artículo del Cirineo, no he dejado de pensar en como el estilo del riguroso luto que las nobles castellanas de la Corte de los Austrias y de Felipe V de las dolorosas ha saltado del norte a conquistar Andalucía, como si no hubiera tradición de un luto lleno de riqueza en las vestimentas que hasta ahora imperaba en estas fechas.

Rostrillos de monja aparecen por doquier en unos días de recogimiento, sin darnos cuenta de que ni todas las dolorosas están hechas para vestir de una manera, ni esa vestimenta esta hecha exclusivamente para la festividad de Todos los Santos. La riqueza de nuestra Semana Santa está en la variedad, en cada forma de llevar un trono, de vestir una imagen y, como no, de vivir la semana de Pasión. Desde la algarabía del sur, al silencio del pueblo que sólo escucha las cadenas de penitentes.

La globalización tiene sus cosas positivas pero también negativas, y si tenemos una Semana Santa de un estilo estándar, perderemos más cosas de las que ganamos.

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