Mi luz interior, Opinión

Ejemplo de autocrítica

Lo decía hace tan solo un par de días Manuel Díaz, hermano mayor de Pasión: “Una hermandad sin autocrítica está condenada al fracaso“. Sucede que está autocrítica habitualmente brilla por su ausencia en el universo cofrade en el que de un modo u otro nos hallamos inmersos. Estamos habituados a la autocomplacencia, a comprobar cómo los dirigentes cofrades se envuelven en nubes de incienso, a emitir comunicados agradeciendo la compostura, cuando proliferan multitud de imágenes tan poco gratificantes como la del tweet que la Hermandad del Císter ha difundido a través de su cuenta oficial con una frase lapidaria: “la aptitud de algunos nos avergüenza a todos“.

Habrá quien se detenga en el hecho de que el Community Manager haya podido confundir actitud con aptitud. A la vista de la imagen me sirven ambas; aptitud es la capacidad de una persona para realizar adecuadamente cierta actividad mientras que actitud es la manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar. Ambas sirven para enjuiciar la imagen y más allá de elegir una u otra, resulta extremadamente gratificante y merece todos los parabienes la respuesta de la corporación de Capuchinos denunciando en primera persona una fotografía que va en detrimento de la imagen de toda la cofradía, al contrario de lo que suele ocurrir con el onanismo con el que se desenvuelven algunas juntas de gobierno, incapaces de ver más allá de sus narices, ocultando sus errores y los de aquellos que les rodean, en lugar de obrar como ha obrado la Junta de Gobierno del Císter.

Denunciar imágenes como éstas y tomar las medidas oportunas para que no se vuelvan a reproducir es la forma de mejorar, de avanzar, de seguir creciendo. Lo contrario supone seguir chapoteando en el barro hasta hundirse para siempre y arrastrar de paso el trabajo de generaciones enteras. La actitud de la Hermandad del Martes Santo merece el aplauso de todo el universo cofrade, frente a la autocomplacencia de quienes continúan permitiendo que miembros de su equipo de servidores amenacen al público por cometer un pecado tan imperdonable como estar allí para presenciar el discurrir de sus titulares y ser partícipes de esa misma bulla de la que tanto gusta alardear y silenciando fotografías de este calibre o incluso, llegado el caso permitiendo el linchamiento público, a través de las mismas redes sociales que tan bien ha utilizado el Císter, de los autores de fotografías similares que denunciaban hechos equiparables, como ya ocurrió en el pasado. 

¿Recuerdan aquella foto del diputado mayor de gobierno de una cofradía consultando el móvil de hace un par de años o la del fiscal apoyado en la pared de Deanes observando el paso? Nada se asumió entonces y ninguna la medida adoptada para que no se repitiesen. Lamentablemente son muchas las escenas poco edificantes como esas las que se multiplican año tras año y escasísimas las reacciones como la adoptada por la cofradía cisterciense. No pierdan nunca de vista la reflexión de Manuel Díaz, hermano mayor de Pasión, con la que abría mi pequeña reflexión, “una hermandad sin autocrítica está condenada al fracaso”. No se puede resumir mejor una actitud ante la vida y una forma de dirigir una institución que circunstancial y temporalmente se tiene la responsabilidad y el privilegio de gobernar. Quienes ejercen la autocrítica seguirán creciendo, los demás se hundirán para siempre en el sumidero de sus miserias… y sus silencios. Ojalá cunda el ejemplo. 

¡He dicho!

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