Córdoba, El Rincón de la Memoria

El origen común de María Santísima de Gracia y Amparo y la Virgen de la Victoria

A lo largo de la historia, son muchas las imágenes que, a pesar de haber tenido una gran relevancia en el pasado y haber gozado de la típica devoción de un barrio, desaparecieron misteriosamente con el transcurso de los años hasta el punto de no haber dejado ninguna pista acerca de su paradero, manteniendo a generaciones posteriores con la intriga por conocer si fueron destruidas o, por el contrario y avatares del destino, pasaron a estar en poder de un particular que, bien desconoce sus orígenes o prefiere no revelar información alguna y guardar lo que, a estas alturas, ya podría ser un secreto familiar.

Algo similar pudo haber ocurrido con las dos tallas que, aunque hoy son veneradas en distintas sedes, pudieron haber corrido la misma suerte puesto que, al parecer, ambas compartieron ubicación y atravesaron difíciles momentos que las podrían haber conducido directamente al olvido e incluso a la ya mencionada desaparición, propiciando, por lo tanto, que la comunidad cofrade las conociese también como una más de esa numerosa lista de preguntas sin respuesta. Nos referimos, pues, a María Santísima de Gracia y Amparo y María Santísima de la Victoria.

Las teorías desarrolladas sobre los orígenes de la expresiva dolorosa de la Hermandad de la Sentencia cobraron fuerza con los datos que, Miguel Ángel González Jurado, tuvo el privilegio de conocer mientras llevaba a cabo la restauración de la Santísima Virgen en el año 2004. Por aquel entonces, el estado de la titular exigía la recuperación de la policromía de su rostro y le había sido detectada una preocupante grieta en el cuello que ponía en riesgo la integridad de la talla. Inmerso en la reparación de esos daños, el imaginero cordobés descubrió, para gran sorpresa, una nota escrita en el año 1771 que se hallaba en el interior de la mascarilla de la Virgen de Gracia y Amparo:

Birgen Santisima Madre de Dios, roga a Dios por, Luis Joseph Gomez que os retoco, el año – 1771 – siendo Hermano Maior Juan de Mancha. Jesus Joseph y Maria el corazón os doi y el alma mia.

Con este documento salía a la luz no solo la identidad de la persona encargada de aquella remota restauración – de quien se cree que pudiese pertenecer al selecto círculo de Alonso Gómez de Sandoval – sino que también se puso de manifiesto la reveladora fecha del trabajo, la cual permitió establecer con mayor precisión la fecha de la realización de María Santísima de Gracia y Amparo, aun cuando su autor sigue constituyendo una incógnita.

Sin embargo, de lo que sí se ha podido tener constancia es del lugar en el que la bella imagen permaneció en el pasado, siendo el antiguo y desaparecido Convento de la Victoria el templo que durante largo tiempo acogió en su seno a la singular dolorosa. Así se pudo certificar gracias a los inventarios de dicho convento, en los que se hacía mención a la Santísima Virgen, que por aquel entonces era conocida como Nuestra Señora de los Remedios.

Al igual que ha ocurrido en muchos otros casos, la historia de la titular de la sólida cofradía del Lunes Santo, parecía estar marcada por los significativos vacíos que han hecho a muchos a hacerse no pocas preguntas sobre las razones y el modo en que la talla llegó a la céntrica Parroquia de San Nicolás de la Villa. La información encontrada al respecto nos era facilitada de nuevo a través de unos inventarios fechados en la década de los 50, pertenecientes a su actual sede y en los que destacaba la nueva y posiblemente más común advocación, siendo para entonces Nuestra Señora de los Dolores.

A pesar de que la inconfundible dolorosa ya se encontraba al menos desde la mencionada década de la Iglesia de San Nicolás, no fue hasta el 31 de mayo de 1976 cuando se bendijo la imagen de la Virgen bajo su nueva advocación de María Santísima de Gracia y Amparo, hecho que muchos achacan no solo a los deseos de los hermanos de la Sentencia de incorporar a la cofradía una imagen mariana, sino también a la notable influencia de fray Ricardo de Córdoba que, movido por el sentimiento que siempre produce encontrarse frente a una imagen tan olvidada como oculta, decidió que había llegado el momento de devolverle su protagonismo, sacándola del abandono al que estaba condenada en los sótanos del templo:

La Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, ha incorporado al título de la misma, otro nuevo nombre que refleja la fe mariana de los cofrades: el de la Virgen bajo la amorosa advocación de María Santísima de Gracia y Amparo.

Con este motivo se ha efectuado la restauración de la imagen de María Santísima, talla anónima del siglo XVII ó XVIII, que se encontraba en la parroquia sin recibir culto desde hace varias decenas de años y ha dotado a esta imagen de saya, corona, manto y demás complementos; ha construido nuevo altar para las imágenes de los venerados titulares y proporcionado nueva estructura metálica para el paso de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia. Alto Guadalquivir 1977.

La sonriente Virgen de la Victoria, por su parte, nos obliga a sacarla de su acomodado lugar en la emblemática Iglesia de San Lorenzo para trasladarnos de su mano, una vez más, al desaparecido convento de mínimos, antaño denominado de las Huertas que curiosamente, pasó a denominarse más tarde Convento de Nuestra Señora de la Victoria, ubicado en las afueras de la ciudad, concretamente en los actuales Jardines de la Victoria, y que tomó su segundo nombre gracias a la decisión adoptada por los Reyes Católicos durante una de sus estancias en Córdoba, debido a la devoción que ambos profesaban a la Virgen de esa advocación.

Fuente Fotográfica Cruz de Guía Córdoba

Quizá gracias a esos conocidos orígenes – si es posible llamarlos así – de María Santísima de la Victoria en el convento de su mismo nombre sea posible vincular su permanencia en el monasterio desde su ejecución en el siglo XVIII hasta la exclaustración llevada a cabo entre 1835 y 1836, con el consiguiente abandono del recinto de los mínimos y la compra de este por parte de Francisco García Hidalgo, quien 26 años más tarde lo vendería al Ayuntamiento de Córdoba, siendo finalmente demolido en 1867.

También dejando tras de sí otros tantos misterios, la hermosa Virgen de la Victoria consiguió, asimismo, captar la atención del omnipresente fray Ricardo de Córdoba y Antonio Castelló que, repitiendo lo que ocurriese seis años atrás con María Santísima de Gracia y Amparo, tomaron la determinación de liberar a la imagen, sacándola de las entrañas de San Nicolás, donde había permanecido apartada de las miradas del pueblo cordobés, como una completa desconocida.   

Fuente Fotográfica Cruz de Guía Córdoba

Desde entonces, la Virgen de alegre expresión adquiría una especial relevancia una vez dejase atrás la Parroquia de San Nicolás de la Villa para vincularse a la Hermandad de la Entrada Triunfal, siendo bendecida en un solemne ceremonia celebrada en el mismo año de 1982 – e inmortalizada en la fotografía que precede a estas líneas – tras el pertinente traslado a la Iglesia de San Lorenzo donde ya residía la popular cofradía.

Una vez en la corporación, la Santísima Virgen se erigió como nuevo reclamo en la estación de penitencia de la corporación, convirtiéndose en uno de los símbolos inequívocos del afianzamiento de la hermandad. A partir de ese entonces, la Virgen de la Victoria comenzaría a cerrar la ilusionante mañana del Domingo de Ramos, procesionando bajo un palio aparentemente de un azul más claro que el que cubre a la actual dolorosa de Romero Zafra.

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