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Córdoba, El suspiro del Ángel, Opinión

El pecado del fariseo

Suspira el querubín tras quedarse con los ojos como platos al leer en su portátil la loa de un medio cofrade al mundo del costal y pensó divertido cómo al final hasta los que prometieron no “pecar” obraron como buenos fariseos.

Suspira el alado por una hermandad en la que el que se fue antes de tiempo ahora parece querer volver pero sin ser la cabeza visible, únicamente la pensante, algo de larga -y triste- tradición cofrade.

Suspira el ángel porque sabe que el retraso de aquella jornada de la que tanto se debatió no se debió a lo que la hermandad causante quiso a todos hacer creer, aunque al final la verdad no acabara por salir a la luz.

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