Candelabro de cola, Córdoba, Opinión

El triunfo de la mentira

De corazón les digo que no me esperaba, transcurridos más de dos meses del final de la Semana Santa, tener que volver a hablar del tema de la puñetera carrera oficial. Pero sí, fíjate, que sí. Así que nada, aquí estamos. El tema de la consulta que propuso la semana pasada el edil Emilio Aumente hizo que el melón se volviera a abrir. Una propuesta que no se sostenía por sí misma. ¿Vamos a votar por todo? ¿De veras? Ojo, las cofradías -y digo las cofradías, las penitenciales- mueven en Córdoba tela de pasta. Quizá los únicos que no lo sepan son algunos hermanos mayores y sus juntas de gobierno aunque, en esto vamos por buen camino, Gómez Sanmiguel y su gente sí parecen saberlo. Bien por ellos. Han sabido atajar el problema de raíz y la propuesta se ha ido a tomar por donde la espalda pierde su casto nombre.

No obstante, a raíz de la majadería de propuesta de votación que sirvió para que algunos se cagaran de miedo, otros (podemitas, comunistas y detritus por el estilo) se murieran de placer imaginándose con una papeleta en la mano para “joder vivos a católicos retrógrados” y unos pocos nos partiéramos la caja de risa por unos instantes, sí he podido constatar que, penosamente, la gente de la izquierda más radical ha conseguido un notable triunfo con el traslado de la carrera oficial al entorno de la Catedral. Este no es otro que el haber logrado inculcar la idea a un número notable de personas de que la nueva carrera oficial es una carrera oficial de ricos. No eran pocos los que hace pocos días afirmaban que veían razonable y necesario que todas las hermandades hicieran estación de penitencia en la Catedral pero que abominaban de que la carrera oficial se hubiera trasladado hasta allí.

El personal parece tener la impresión de que esta es una carrera oficial para gente pudiente, a la que le han “cerrado” unas calles de la ciudad exclusivamente para su disfrute exclusivo. “Ahora uno ya no pude dar un paseo por el centro y ver hermandades sin pagar un euro”, decía alguno. Bien, casi todos los que han querido han visto este año hermandades sin pagar absolutamente nada, sí es cierto que no por el centro y no una tras otra. El que no quería pagar 60 € por una silla (a 10 € por jornada, un precio bastante razonable pensando en cómo están los bares de la ciudad entre semana y fines de semana) ha tenido que patearse la ciudad o plantificarse durante horas en la zona de la Ribera. Algo se debería hacer para tumbar la mentira de la carrera oficial de ricos y vetada al personal que no pagara, porque de partida es un hecho falaz pero que muchos se han creído.

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