Córdoba, De trama simple, Opinión

En el nombre de un Dios

Por mucho que nos empeñemos la vida tiene valores distintos según el lugar en el que nos encontremos. En occidente daríamos cuanto pidieran por conservarla y sin embargo la cuidamos poco, y es que cuando tenemos algún privilegio obtenido sin esfuerzo, ni sacrificio, este se vuelve invisible a nuestros ojos.

No tenemos consciencia de cuan privilegiados somos por el simple hecho de haber nacido en unas latitudes del planeta donde la estabilidad y los recursos son suficientes para tener la vida que tenemos, no digo la que deseamos, sino la que tenemos, pues hasta el más necesitado de nuestra tierra tiene mejor vida que muchos de nuestros congéneres que han tenido la desgracia de nacer en zonas de conflicto o en otras latitudes de la tierra.

Me da rabia observar la impasividad de una sociedad como la nuestra que ante la radicalización y el odio que se está generando a nuestro alrededor prefieren mirar hacia otro lado si el conflicto en si no tiene un interés del cual se pueda sacar algo de provecho. Estoy seguro que la repercusión informativa de lo ocurrido en Bangassou será muchísimo menor que cualquier información banal pero que tenga algún interés partidista o partidario. Y es que mientras unos prestan su cuerpo como escudo para salvar la vida de personas, otros se empeñan en sacar del cajón rencores y recelos.

Me dan pena aquellos que utilizan su aleccionada cultura, para opinar de manera partidaria, convirtiendo y condenando atentados, actos, guerras y conflictos en arma arrojadiza sólo cuando atiende a criterios o intereses propios.

Me dan tanta pena los “cascos azules urbanitas” los defensores de pobres que predican valores que están desaparecidos en ellos, pena de los intransigentes, de los que parapetados en cargos políticos luchan y pelean incansablemente por hacer laica una sociedad como si este fuera nuestro mayor problema. Me indigno ante los que dilapidan dinero público en asesoramiento e informes que intenta hacer lo blanco negro acogiéndose a una constitución que llevan por bandera, y sin embargo desprecian cuando no les sirve para defender lo indefendible en otras partes de España.

Mientras aquí nos dedicamos a generar conflictos banales, a retirar subvenciones, a generar gastos superfluo con el único interés de politizar y de generar desencuentros entre la ciudadanía, en otra parte del mundo hay un cordobés, Monseñor Aguirre, que se juega la vida por hacer algo importante por los demás, por hacer algo grande por la humanidad, y además lo hace en el nombre de Dios y sin excluir a nadie por raza, ideología o religión porque para él la vida si tiene un sentido y un valor, mucho mas allá del propio interés y su valor es el amor al prójimo y a la humanidad, por encima de cualquier cosa, incluso de su propia vida.

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