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El Capirote, Granada, Málaga, Opinión, Sevilla

Entendimiento

Una de las reglas más preclaras en el mundo de las cofradías es entender que no puede haber hermandades que vayan por libre, que no sigan los caminos marcados por el Papa y de los que dan fe el resto de obispos y sacerdotes. Las hermandades civiles vienen a ser una problemática que se extiende con más rapidez de lo que deseamos, entre otras cosas porque van por libre, marcando sus propios tiempos sin que sea la Iglesia quien vaya aconsejando y guiando el crecimiento y discurrir de estas. Hay quienes critican la persecución de estas asociaciones civiles, y que no caen en la cuenta de que, si se da vía libre para la erección de estas, se abriría la puerta para que actuasen fuera de la Iglesia e hicieran el uso que creyesen oportuno de unas imágenes cuya principal misión es evangelizar y que son Iglesia.

Así como no entiendo el interés de algunos en desligar hermandades e Iglesia, porque, cualquiera en su sano juicio vería la cara de una en otra mayor, no logro entender cómo hay periodistas que, sin haber pisado la iglesia desde hace años se afanan en hablar de Cristo, dar lecciones y componer ripiosos sonetos sobre la paz que transmite determinado Cristo. El mundo cofradiero tiene defectos, como lo tienen otras esferas y ámbitos de nuestra sociedad, pero que un periodista, con o son título, se ponga a hablar de la misericordia del Hijo de Dios o de la Esperanza sin haber escuchado qué dice al respecto el Sacerdote o cómo se enmarca este momento en las Sagradas Escrituras, me produce cuanto menos tristeza. Porque del mismo modo que no podemos desunir hermandades e Iglesia, tampoco concibo que venga un señor a hablarme a mí de lo que expresa una iconografía solo por creerse que maneja la literatura.

Será que se sienten con la autoridad de dar lecciones sobre algo que desconocen, como el que habla de un libro sin haberlo leído o una película con tan ni siquiera haber visto el tráiler. O quizá el pastizal que cobran les impide poner los pies en el suelo y reparten lo que se les pasa por la cabeza creyendo que nos quedamos pasmados ante sus letras como si estuviéramos viendo la caja tonta. En serio, hacéoslo mirar.

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