Advertisements
Enfoque, España, Opinión

Estado de guerra

Créanme que siento profundamente no hablarles de contratos que ligan a bandas y hermandades, de noticias anunciadas hace meses y desmentidas por dirigentes que terminan tragándose sus propias palabras, ni de candidatos enrabietados frente la crítica legítima recibida que reparten exclusivas a golpe de contraprestación. Hoy toca hablar de cosas mucho más importantes aunque interesen a menos gente y reporten niveles más reducidos de audiencia. Escasos minutos después de producirse el brutal atentado de Barcelona, la red de redes se inundó de decenas de mensajes de cofrades de a pié, dirigentes y miembros de la iglesia católica condenando sin fisuras el repugnante y miserable ataque y transformando en ruegos de oración el muy humano deseo de venganza que se apoderó de buena parte del común de los mortales. Mensajes que suponen una gota más en el océano de reacciones que se han producido desde que el mundo ha sido testigo de un nuevo episodio del odio cobarde e irracional justificado en una manera muy concreta de entender una religión. Un mensaje que demuestra al mismo tiempo, por si algún ignorante aún albergaba dudas, que los cristianos normales -anormales hay en todas partes- vivimos con absoluta naturalidad que nuestra sociedad ha sido situada en el centro de la diana por parte del islamismo radical.

Ha vuelto a ocurrir. La ignominia se ha apoderado una vez más de las esquinas de nuestro mundo occidental, atacado cobardemente por uno miserables que dificilmente pueden ser catalogados como seres humanos. Una vez más se han vuelto a reiterar las mismas escenas de dolor, incredulidad y rabia que se repiten ciclicamente cuando el primer mundo comprueba aterrorizado cómo de frágil es la pretendida seguridad que nos rodea y cómo el paraíso inaccesible que un día imaginamos protegido está sometido al capricho asesino de estos seres inmundos que han decidido aniquilar a todo aquél que no vive su existencia de la misma forma abominable y enfermiza en que ellos lo hacen. Su objetivo no es conquistar ni someter, que nadie se lleve a engaño. Su objetivo es masacrar, asesinar, exterminar, ejecutar una manera genocida de concebir su religión que pasa por erradicar de la faz de la tierra al diferente.

No me malinterpreten, no estoy haciendo ningún alegato contra el Islam, estoy plenamente convencido de que la mayor parte de los musulmanes del mundo repudian a esta gentuza que está manchando de sangre inocente los cuatro puntos cardinales del planeta o al menos eso quisiera creer. Matando, martirizando, torturando, ejerciendo una violencia y un dolor inimaginables en miles de personas que son tratados como ganado bajo su yugo infernal. Esclavizando y violando niños como los suyos y los míos o como los que mueren cada día en el Mediterráneo huyendo de la muerte a manos de estos animales y de los que algunos sólo se acuerdan en los debates electorales, quemando vivas a personas, y machacando literalmente a buena parte de la población que lleva años muriendo en el mismo infierno mientras el resto del mundo ha guardado una prudente distancia para no mancharse demasiado de barro pensando que el problema quedaba lejos, hasta que la bomba nos ha estallado entre los dedos.

Han muerto hasta el momento catorce personas y más de cien han sido heridas en España, en un ataque realizado por unos asesinos algunos de los cuales llevaban algún tiempo ladrando en alguna mezquita o en redes sociales comentarios a favor del grupo terrorista Estado Islámico habiendo pronunciado el deseo de cometer matanzas de estas características. Unos especímenes, que podrían ser perfectamente nuestros vecinos, a los que podríamos aplicar tranquilamente todos los insultos a los que nuestra rabia nos incita y cuya acción puede ser consecuencia de la locura pero también de una larga serie de elementos que indiscutiblemente condicionan la personalidad de los seres humanos, el entorno y la educación. Han muerto catorce personas – incluido un niño de tres años – y más de cien han sido heridas por el mero hecho de respirar diferente. Da igual que la excusa haya sido su forma de vida, podría haber concurrido cualquier otra motivación u ocurrido en cualquier otro lugar, en un centro comercial, en un desfile cualquiera, en los sanfermines, en una bulla de Semana Santa o en medio de cualquier campo de fútbol o en sus alrededores y que demuestran que si no matan más no es porque no puedan, porque provocar una masacre en cualquiera de estos escenarios imposibles de controlar se antoja un juego de niños. Ya se que alguno se echará las manos a la cabeza y me acusará de alarmista pero la realidad es la que es y meter la cabeza en un agujero como los avestruces no hará desaparecer el riesgo. Una verdad que está delante de nuestras narices por mucho que algunos se afanen en ocultarla o maquillarla debajo de parapetos artificiales de muy difícil justificación y detrás de un repugnante buenismo barato que deriva en el insulto con una facilidad que sinceramente casi acojona más que los terroristas. No se puede hacer extensible la acción al resto de musulmanes del universo, pero negar la evidencia de que los asesinos lo eran y mataron porque lo eran, al igual que quien segó a puñaladas la vida de varios ciudadanos en Finlandia o Alemania hace tan sólo unas horas es ponerse una venda en los ojos, algo que yo al menos no estoy dispuesto a hacer.

Las acciones terroristas de estos “soldados del califato” como ya se han apresurado a denominar a estos cobardes asesinos, esas bestias inmundas y repugnantes que se agrupan como las hienas bajo el nombre de Daesh, es un ataque islamista. Asesinatos en nombre de una forma medieval y genocida de practicar una religión, no cualquier religión, sino una muy concreta y no sirve meter a todos en el mismo saco que es lo que se apresura a hacer toda la patulea giliprogre y anticlerical que inmediatamente ha tomado posiciones para poner en práctica su venganza intergeneracional contra todos los que no piensan como ellos. Una venganza que se ejemplifica desde la quema de iglesias como ocurrió hace unos meses en Mondoñedo -que no es ningún pueblo de Siria sino de Galicia- o la paliza a una monja por el mero hecho de ser monja en Granada – por poner alguno de las decenas de ejemplos que a estas alturas podemos poner y que hace tan sólo unos años nos hubieran parecido una pesadilla- , hasta culpabilizar a todas las religiones monoteístas sin excepción de provocar esta violencia sin sentido que sólo ponen en práctica los que profesan una muy concreta.

Y por supuesto hacer creer que si uno dice la verdad es un xenófobo o un racista; y si hay que mentir se miente, como ha ocurrido con el taxista marroquí que ha llevado gratis a su casa a decenas de madres podemitas o con la mentira de la manifestación musulmana del “informativo” de TVE contra el atentado que en realidad era de 2015. La dirección de la cadena que sustentamos todos con nuestros impuestos, queramos o no, no como la iglesia católica que sólo se mantiene con la parte que los católicos desean destinar vía IRPF, aun no se ha disculpado por la manipulación y sinceramente no creo que lo hagan. Ah, y por supuesto la manida teoría de que todo esto que está pasando es culpa de Aznar y la “foto de las Azores”, en la que, como todo el mundo sabe – apréciese la ironía – estuvo el Presidente de Francia o el de Finlandia… Además de quienes han dicho, sin que de momento nadie les ponga una querella criminal, que el atentado ha sido cosa del Partido Popular para justificar una intervención militar y terminar con el “procés” independentista. ¿Se imaginan que alguien hubiese dicho que el atentado ha venido muy bien para que no se hable lo suficiente de que la Constituyente de Maduro ha fulminado de un plumazo el Parlamento elegido democráticamente en Venezuela? Al responsable le hubiese faltado Península Ibérica para correr amén de tener que solicitar exilio en cualquier país democrático del mundo por fascista y manipulador. Pero ya se sabe que en este país el insulto a algunos es absolutamente gratuito y carece de consecuencias.

Son terroristas islamistas, asesinos que profesan una religión, de manera enfermiza, pero una religión. No son cristianos ni judíos, son musulmanes y no se puede negar la realidad por culpa de un malentendido intento de evitar la islamofobia. La islamofobia se erradica de un plumazo saliendo musulmanes en masa en los cinco continentes exigiendo respeto y libertad para el resto de seres humanos, en masa, no unas minorías más o menos significativas. Cuando Europa y el resto del mundo vean a los millones de musulmanes que viven entre nosotros tomando las calles para responder de manera contundente al desafío más importante que se cierne sobre la humanidad desde la segunda guerra mundial, se acabará la islamofobia, no intentando tergiversar la motivación de un atentado islamista llamándolo incidente o atropello como hizo vía twitter Alberto Garzón, demostrando una vez más que algunos no tienen que esforzarse para evidenciar su imbecilidad. Aún estamos esperando una rectificación que no llegará si no es oculta bajo un manto de justificaciones, y no lo hará porque para reconocer los propios errores hace falta tener una grandeza de la que ciertos personajillos no gozan.

El mundo que conocemos vive en un permanente estado de excepción, amenazado por una parte de la humanidad que ha comenzado una guerra con evidente inspiración religiosa, que nos afecta y de la que formamos parte, por más que se pretenda negar, por más que cerremos los ojos y sigamos pensando en si Piqué ama o no a España en función de la camiseta que viste su hijo o la última tontería que diga en Instagram. Los que vivimos en primera persona la lacra asesina del terrorismo etarra somos plenamente conscientes de que solamente comenzaron a producirse avances significativos en la lucha para erradicarla, cuando la propia población vasca comenzó a exigir el cese de la violencia terminando para siempre con el “algo habrán hecho” que tantas veces utilizaron también los comunistas de toda España cada vez que moría un policía mientras ocultaban en sus casas a los etarras que “viajaban” por el país. De un modo u otro, sólo podremos vencer en esta guerra si los propios musulmanes se levantan contra quienes en nombre de su fe están asesinando en todo el mundo. Al resto de la humanidad nos toca exigir que lo hagan y que lo hagan ya, sin paños calientes, porque mañana puede ser tarde. Y rebelarnos contra toda manipulación del lenguaje que pretenda equiparar a judíos, cristianos y musulmanes, confundiendo a víctimas y a verdugos, en una guerra que sólo unos han iniciado, una manipulación que oculta bajo motivaciones ideológicas interesadamente equivocadas que el terror no es bidireccional, es islamista, llamemos a las cosas por su nombre, porque sólo identificando claramente al enemigo podrá ser derrotado. Y en esta guerra sí habrá vencedores y vencidos, que no le quepa duda a nadie.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: