Costal, El Rincón de Costal Hero, Opinión, Sevilla

Excesos y más excesos

¡Tos por igual valientes! ¡A esta es!

Después de un relevo que ha durado más de lo previsto, lo reconozco, volvemos a dar nuestras particulares chicotás en esta santa casa, ya que, de momento, me dejan seguir dándolas, y no me han prejubilado, costumbre (que no hay quien entienda) que está de moda últimamente en algunas cuadrillas punteras. Está visto que eso de la experiencia cada vez tiene menos valor en nuestras cofradías y que se eleva a los altares a chicos, algunos preadolescentes, que bien porque son más guapos. bien porque se visten más guapos, o quizá porque son más manipulables, empiezan a preferirse a los costaleros veteranos, que pasan de modas de pasarela y suelen ser más tocanarices (iba a decir tocapelotas pero me he quedado a media altura) para el capataz de turno. La cosa es que he vuelto, repito, de momento, mientras el cuerpo aguante, para dar mi visión sobre la actualidad sevillana y sevillita, criticar cuando se deba y alabar cuando se pueda. Y mira que hay temas de los que hablar. Como el de San Gonzalo, asunto del que, pasado un tiempo prudencial desde el traslado y el regreso de la Virgen de la Salud para y tras ser coronada en la Catedral, sólo me queda decir, después de lo mucho hablado por tantos (quizá demasiados), que pienso realmente que en Sevilla hemos perdido la medida, a sabiendas de que muchos me criticarán por decirlo. Los excesos aburren hasta al más jartible, y sé de muchos que se fueron desesperados porque no se pueden recorrer menos metros en más tiempo… de record Guinness. Bueno sí, la Macarena lo hizo, y la Esperanza de Triana, también. Lo que pasa es muchos de mis miarmitas con los poderosos no se atreven. Yo sí, estoy así de loco. Yo critiqué aquellos excesos (es verdad que entre los míos, entonces no estaba dando relevos en esta trabajadera) y por eso tengo la libertad de criticar éstos. No me vale eso de que “no hay prisa que esto es una vez en la vida”. No podemos perder la mesura, porque la perdemos en ésto y se nos va de las manos todo lo demás. Y así nos va en Sevilla. Con todo rebosando por las esquinas y el norte perdido desde hace tiempo.

Como la desmesura de las elecciones que se avecinan en las grandes cofradías. En una, la del Arco, proyectos y más proyectos, dinero y más dinero; si, total, crece en los árboles. Es lo que tienen los millonarios, que como tienen de todo, les da por sacarse cosas de la chistera para emprender y no aburrirse. Lo del columbario, lo de la orquesta, lo del archivo, lo de la escolanía, lo del atrio, lo del museo… cuando lo que de verdad habría que explicar, porque muchos no lo entendemos, es cómo pueden salir dos candidaturas de la misma junta de gobierno, mi arma, y sobre todo a quién apoya el saliente gobernante. Eso daría luz a muchas dudas. Lo más sensato hasta ahora, ha sido la idea de reducir las horas en la calle de la cofradía, que los nazarenos no son de jierro, y lo del código de buenas prácticas en la estación de penitencia, que se ve cada barbaridad que da pena, ¿qué digo pena?, vergüenza ajena y ganas de correr a Matalascañas. Y, ¿qué me dicen de la que hay liada en casa de Los calés? De nota y de miedo. Unos diciendo que si el dinero, otros que si aquí no ha pasado nada… y todos enfadados con el mundo. ¿Tan difícil es lavar la ropa en casa? Luego se quejan algunos, si los plumillas cuentan lo que pasa, como si fuesen culpables de contar lo que pasa y no los que provocan que pase lo que pasa… Al final la cuerda se ha roto por la parte más débil o la más sensata, según se mire, y de las dos candidaturas nos hemos quedado con una, de momento, ya veremos. Se quede en una o surja de la nada otra nueva, lo que parece claro es que la división es una realidad. Bien harían unos y otros en sentarse en secreto, (sí, he dicho en secreto, pero del de verdad no del que se filtra por ciencia infusa) para aclarar lo que tengan que aclarar y no dar un espectáculo poco gratificante que no hace más que dañar la imagen de la hermandad y darle tabardillos al bueno de Pepe Moreno. Que a veces parece que nos duele más a los de fuera que a los de dentro. Menos golpes de pecho y romperse la camisa y más mirar por recomponer lo que se haya roto, que, por lo que parece… musha fartita hase.

¡Ahí queó!

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