Córdoba, Opinión, Sin ánimo de ofender

La eterna insatisfacción

Ante la inminente celebración del Corpus Christi y la consiguiente procesión a la que, a pesar de los pesares, aún hoy muchos asistimos, ya hay, como siempre, quien mirando atrás – incluso a donde la vista no alcanza – se lamenta de las circunstancias actuales, extrañando años anteriores en consonancia con ese “cualquier tiempo pasado nos parece mejor” y sumidos en la constante y angustiosa comparación que se encarga de mantenernos permanentemente insatisfechos con lo que tenemos y hemos conseguido, al menos hasta el día de hoy.

Es evidente que todo es mejorable, nadie cuestionaría eso. Sin embargo, eso no es razón suficiente para mantenerse atascado y enrocado en esa mencionada comparativa que hace que analicemos no solo nuestro presente y pasado, sino que, además, insistimos en estudiar minuciosamente y mirar por el rabillo del ojo las acciones del vecino, enfrascado en la idea – a menudo tan cansina como infructuosa – de querer ser como no se es, sin siquiera pensar que no todo es comparable, así como tampoco todas las copias son ni buenas ni lógicas.

Lo cierto es que, independientemente de cómo fuesen las cosas en otros momentos o como sean en otro lugares, la auténtica lástima es que haya quien acuda a cuantas celebraciones se presenten en nuestra ciudad sumidos en el pensamiento que los transporta a vivir un instante que no es el que tienen ante sí y que, por lo tanto, los incapacita para tener una objetividad que se salga de la autocrítica – a menudo tan necesaria – para poder, a un tiempo, reconocer la belleza y el lado positivo de las cosas, que aunque a veces no nos lo parezca, existe y está ahí.

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