Advertisements
Córdoba, Costal, El Rincón de la Memoria

La historia de 48 hombres buenos

La mañana del Martes Santo de 1996 se levantó lluviosa, igual que fue la del Lunes Santo precedente. La noche había sido fría y de agua. A las cuatro, cuando terminamos de pinchar el calvario en aquella nave fría y con olor a pesebre diluviaba. Los presentes, profundamente desmotivados por lo que pasaría al día siguiente esperábamos el relevo para descansar. La Hermandad de la Estrella había suspendido su primera estación de penitencia… los elementos no permitían presagiar que las cosas podrían ocurrir como finalmente sucedieron.

Pero el barrio estaba ansioso, el verde del Calvario de Mirabueno de encontraba radiante, los eucaliptos que flanqueaban el camino, preparados para rendirse a la mirada del Hijo de Dios, las margaritas silvestres nerviosas por sentir la presencia del Creador hecho Hombre… y una hermandad entera preparada para escribir con letras de oro su propia historia en el libro de la Semana Santa de Córdoba. Y de repente todo cambio, el cielo quiso abrir una rendija para la esperanza y las puertas de nuestras ilusiones se abrieron de para en parpara convertir los sueños en una rotunda realidad.

Y las horas se fueron precipitando. Catorce horas de música de Agrupación Musical Virgen de la Oliva de Vejer de la Frontera (Cádiz), de andar sobre los pies, mandados como hoy por Jesús López Mata acompañado por Javier Villalobos y Francisco Ortiz… y 48 hombres buenos materializando una meta histórica que nadie en la Córdoba Cofrade creía que pudiera realizarse, bajar y subir. Y la ilusión en los pies y el costal, aunque el verdadero motor fue su corazón. Yo iba bajo las trabajaderas, marcando el galeón de los hombres buenos y el Señor entronizado en el antiguo de la Soledad de Santiago como ocurrió hasta 2001, que lucía en el frontal la vara del fallecido Padre Ladrillo, Agustín Molina, fundador y alma mater de la primigenia hermandad, cuyo báculo, que aún se conserva, era una réplica del de Juan Pablo II.

Recuerdo perfectamente la entrada en Carrera Oficial con la marcha Jesús Sacramentado, el grito unánime en las entrañas de ¡vamos para arriba! y las Tendillas en pie para dar el calor más bonito que jamás había sentido. La vuelta seria la etapa reina de esta metafórica Vuelta a Córdoba. Cuando hicimos Estación de Penitencia ante el santísimo en el Colodro, sólo quedábamos treinta y seis, y quedaba el retorno al barrio de nuestros anhelos. ¡Vámonos para el barrio! era lo único que se escuchaba.

Y en un suspiro, vivido en toda plenitud, entre sudores, sufrimiento y auténtico sentimiento de hermandad, en el más amplio sentido de la palabra, llegaron las dos de la madrugada y las rodillas se clavaron en la tierra para cruzar la frontera física del barrio. Ya estábamos en casa, sólo faltaba subir al calvario oscuro, frío y casi vacío, pero todo estaba cumplido y “la del Naranjo” había hecho historia y contra todo pronóstico había cumplido horarios y sueños. Desde entonces esta hermandad sigue demostrando día a día que “no estamos locos, y que sabemos lo que queremos”.


Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: