El tiempo vivido, Opinión

La Perla Negra

Así de contundente podríamos definir el palio de la poderosísima Virgen Escolapia del Mayor Dolor, la perpetua “Reina de Roma” que conquistara la Santa Sede y la maravillosa ciudad de Granada en el año 2000, donde derrochando arte por babor y estribor, la dolorosa que talló Luis Álvarez Duarte se hizo un hueco en la historia cofrade, convirtiéndose en la envidia de algunos, pero sobre todo, en el sueño de todos. Pero La Perla Negra es mucho más que un viaje:

La Perla Negra es el barco donde se sirve sin ser servido, donde la vida cae por sí misma en forma de kilos y uno recuerda que es mejor sentir que vivir. En La Perla Muerte se gana siempre a la muerte, se cruza el puente y se atraviesa el corazón del todo que comprende que la verdadera Perla es la que se encuentra escoltada por 12 varales en “un jardín ardiente”, que sus 30 costaleros son esclavos de los sueños que siempre se nos antojan al tenerla tan cerca aunque nunca se aleje de nosotros. La Perla Negra es el abrazo del hermano, el beso de una abuela en la frente, la columna vertebral de la vida cofrade.

La Perla Negra es perla por ser de Ella, es negra porque así lo bautizó un poeta en el pregón más rotundo de cuantos he escuchado en Granada, por los 30 “Piratas” que mueren y no dejan de morir por el Mayor Dolor, que es la pena más bella, y la belleza más triste que uno conoce. La Perla Negra es lo que siempre quisimos ser, y lo que finalmente fuimos.

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