El Rincón de Costal Hero, Opinión, Sevilla

¿La verdad de la Madrugada?

¡Tos por igual valientes! ¡A esta es!

Está visto que en las últimas semanas me toca guardar el cachondeíto y la guasa. A ver si la semana que viene me dejan… que buena fartita nos hase con la que está cayendo… Menos mal que ha venido el pregonero a aclararnos a los pobres mortales lo que podemos y no podemos hacer, mi arma, lo que podemos y no podemos decir y sobre todo quiénes tienen derecho a opinar y quiénes no. Sepa usted, sevillano, que si es un periodista de carrera, que tiene la suerte de escribir en uno de los grandes trasatlánticos de la información de la ciudad más bella del mundo, tiene toda la potestad para abrir la boca y decir lo que le plazca, y en caso contrario, ver, oír y callar. Porque eso de contar lo que vio, con esos ojitos que Dios le ha dado, lo que sufrió a pie de calle no es un derecho que le ampare. Lo dice alguien que tiene “autoridad”. Usted no es periodista y por tanto, si sufrió en primera persona las avalanchas de la Madrugá, no puede contarlo, vaya a ser que las faltas de ortografía le nublen a usted el recuerdo. ¿Que le empujó una piara de niñatos con ganas de reventar lo que le rodeaba? Usted se calla que no tiene ni puta idea de lo que vio, porque no tiene carnet ni un título universitario colgado de la pared y por tanto no puede ser testigo de nada. Eso queda vetado “a la insoportable cantidad de intrusos que generan las redes sociales”.

Y por descontado, no se le ocurra a usted pedir responsabilidades a nadie ni exigir respuesta a quienes mandan, como contribuyente que les paga el sueldo, dicho sea de paso, en lugar de que oculten lo sucedido porque da mala imagen de la ciudad, como hicieron en el año 2000 con la vergonzosa complicidad de los medios de comunicación “profesionales”, que ahora pretenden dar lecciones desde su atalaya presuntamente intocable al resto de la humanidad decidiendo cuándo podemos y no podemos hablar y sobre qué, así por las buenas. Porque usted no es nadie para conceder o no autoridad señor García Reyes, por muy pregonero, por mucho título que tenga y por muy adjunto al director de ABC que sea. Y conste que como periodista me merece usted todo el respeto del mundo, pero se ha pasado de frenada y de listo. Usted no es nadie para conceder permiso para expresarse al resto de la humanidad y mucho menos para decirle al pueblo si debe o no exigir respuestas a sus gobernantes, sólo faltaría.

Dice el señor pregonero que “sólo los profesionales saben cómo se accede a determinados datos oficiales y cuáles son las cautelas que hay que tomar antes de publicar una información” y se queda tan pancho, debe ser porque no comete faltas de ortografía. El común de los mortales sabe perfectamente cómo se accede a determinados datos oficiales. Preguntando. Otra cosa es que tenga acceso y se les responda, a ver si nos expresamos con propiedad. Porque acceso y respuestas tienen sólo los que dan a cambio lo que se les exige, quienes ejercen con todo el cinismo del mundo la innoble tarea de ejercer de voceros de su amo, eso lo sabe hasta el que asó la manteca. Y respecto a las cautelas, la afirmación queda bastante ridícula repasando lo que el periódico del que el pregonero es adjunto a la dirección ha publicado acerca del asunto sobre el que, al parecer, los plebeyos no podemos hablar. Un periódico que nos ha regalado documentos trascendentes para la historia de la humanidad como “Así fue detenido uno de los causantes de los disturbios en la Madrugada de Sevilla” (todo cautela y presunción de inocencia), “Las estampidas en San Pablo a cámara rápida” y “Los momentos previos a la estampida al paso de las Tres Caídas” (escapando del morbo fácil como buen periódico serio) o “Más de 900 hermanos abandonaron las cofradías” (imagino que cifras perfectamente contrastadas con todas las cautelas y habiendo acudido a datos oficiales). Claro que tampoco se le pueden pedir peras al olmo a un medio de comunicación capaz de publicar noticias como “La clásica bronca entre dos señoras en la Semana Santa de Sevilla” y autodenominarse prensa seria frente a los que “unen palabras como los que unen ladrillos” sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza, y luego dar lecciones de periodismo a los demás.

Lo que de verdad jode de todo esto, seamos sinceros, la clave de toda esta salida de pata de banco, la desvela el propio director adjunto cuando desliza las frases “soy libre de ahorrarme el dinero que me cobraría un profesional”, “en los últimos tiempos hemos desarrollado a una velocidad frenética un nuevo modelo de comunicación que no hemos sabido ponderar” o “la libertad es tan hermosa que les permite decir lo que les plazca, pero no les puede servir para influir en nadie”. La cosa la deja él mismo perfectamente clarita. Lo que molesta a los periodistas tradicionales es que el mundo del periodismo ha cambiado y algunos han tardado demasiado en darse cuenta y hoy, efectivamente, cualquiera puede convertirse en notario de la realidad y bien que utilizan estos recursos los medios tradicionales cuando les interesa para sacar tajada. Revisen la cantidad de vídeos extraídos de redes sociales que han publicado estos seres superiores en las últimas semanas.

La pasada Madrugá todo el mundo pudo enterarse de lo que estaba ocurriendo gracias a las redes sociales que funcionaron con una velocidad incontrolable mientras los medios de comunicación oficiales estaban cogiendo flores y de paso intentaban engañar al personal haciendo creer que no pasaba nada y eso es algo insoportable a quienes se consideran elegidos de los dioses para ser los únicos poseedores de la verdad verdadera. Las personas que estaban viviendo las avalanchas contaron lo que estaban viendo, lo que estaban viviendo, la verdad in situ, sin esos filtros que a algunos tanto les gusta; y maldita la falta que hace una puñetera fuente oficial para contar lo que uno está viendo, en directo, en primera persona. No contar lo que otros me dicen que han visto y mucho peor lo que me dicen que tengo que haber visto, lo que puedo y debo contar, que es exactamente lo que muchos periodistas con título y pedigrí del buenismo más vergonzante hacen desde su trono de infalibilidad. Ayudar a manipular a las masas, tal y como hicieron en 2000 donde se ocultó al pueblo lo ocurrido, para que no exijan responsabilidades y sobre todo soluciones. Los tiempos en los que había que callarse se acabaron por obra y gracia de la democracia, aunque algunos se resistan.

Ahora la cosa es distinta, gracias a Dios, y por mucho que lo pretendan, por mucho que se difundan noticias interesadamente filtradas por esas mismas fuentes oficiales que se afanan en manipular a la opinión pública asegurando que fueron avalanchas provocadas por un inexplicable efecto dominó que no se cree nadie, en ocho puntos distintos en menos de un minuto, precisamente para eso, para desautorizar a quienes allí estaban y han contado lo que vieron, porque lo dice el gran hermano, la verdad prevalece. No pierdan nunca de vista que repetir un millón de veces una mentira no le otorga carta de veracidad y que lo que verdaderamente duele, lo que está empezando a quitar el sueño al más pintado, es el trozo de tarta que algunos han dejado de comerse con la aparición de blogs y redes sociales a los que insultan y menosprecian, porque la verdad les importa un pimiento, y a las pruebas me remito.

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