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Sevilla

La vieja de la calle Relator

Vivimos un tiempo en que la Semana Santa tiene que reconvertirse. Este tiempo coincide con un auge de la Semana Mayor que exprime todas sus facetas secundarias: música, costaleros, exorno y un largo etcétera de cualidades que componen las cofradías. Ahora, muchas juntas de gobierno han preparado candidaturas cuyos actos y programa electoral son de un volumen parecido a las candidaturas a la Presidencia del Gobierno. Compuestas por restauraciones, ampliación del patrimonio, grandes obras de caridad y muchas ideas que despiertan el interés de los hermanos para que los voten.

Sin embargo, algunas de estas candidaturas se dejan atrás lo más importante para una hermandad, la esencia de ésta, el nexo que une a una gran cantidad de hermanos caracterizados por la diversidad. Es la devoción a Cristo y a la Virgen María nombrados bajo una particular advocación.

Parece que no se quiere ver lo netamente importante. Quizás porque algunos de estas juntas de gobierno no están ahí por ello. Por eso, me acuerdo hoy de los que de verdad sí están. Los que no le importan la marcha que le toquen a la Virgen en la revirá tal, o si fulanito la ha vestido con el tocado éste. Como aquella mujer de la calle Relator cuya historia apareció en las páginas de ABC un día de febrero de 2015.

Antonio Burgos en su ‘recuadro’ comparte la carta que recibió de un viejo nazareno de la Macarena. Este hermano con el paso de los años estaba viendo cómo la Semana Santa está agonizando. Ya no es esa íntima y preciada semana que su padre se la enseñaba un Domingo de Ramos en San Juan de la Palma. Sino una semana en la que sacan pasos a la calle para saciar egos, no para emocionar.

Este viejo nazareno se quejaba de la falta de hermanos de verdad. De aquellos que eran capaces de “ponerse dos horas en una cola, sacar una papeleta y emocionarse porque su padre le enseñó desde chico a hacer lo mismo, taparse la cara, coger un cirio, ir donde le toca, y dar las gracias”.

Esas gracias que cada mañana de Viernes Santo le daba una vieja de la calle Relator a la Macarena porque “se sentía la más importante del mundo porque una vez al año la Madre de Dios iba a pasar por su puerta”. Lo peor de hoy, es que este nazareno de cirio verde entre arrugas y cansado de ver pasar los años ante la mirada de la Esperanza Macarena sabe que “la vieja que viene de la calle Relator y que aparca su carrito de la compra en la puerta de la Basílica para entrar y contarle sus cosas a la Esperanza no importa nada, absolutamente nada, cuando ahí es donde en verdad se encuentra la Verdad de esto”.

El Prendimiento y la Fundación Don Bosco, una obra social de altura gentedepaz.es/el-prendimient… pic.twitter.com/zh5oGV8pet

Hace alrededor de 2 minutos del Twitter de Gente de Paz vía WordPress.com

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