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Córdoba, En mi Huerto de los olivos, Opinión

Las orejas de burro

Leyendo está semana a los pocos que he podido leer, por encontrarme realizando cursos y prácticas de un lado para otro en una parte de mi país, me di cuenta que quien inventó internet o quienes inventaron Internet, Robert Khan y Vinton Cerf, nos habían dejado un legado histórico, magnífico, impresionante, único, revolucionario y podría calificar lo con una cantidad de adjetivos casi todos buenos. Y porque digo esto porque ante cualquier duda te metes en Internet y en los distintos portales y webs puedes encontrar lo que necesitas. Hasta aquí todo fenomenal.

A la misma vez puedes informarte de todos los acontecimientos que sucedan en cualquier parte del mundo y de todas las declaraciones buenas y no tan buenas que realizan unos y otros. No sé si recuerdan hace años que estudiábamos que aún había algún que otro castigo en nuestra etapa de la E.G.B., y algunas orejas de burro que por algún colegio aún se comentaban y yo no recuerdo de haberlas visto puestas nunca. Pero oirlas las oí.

Y leyendo a nuestros queridos políticos cordobeses, esos que tienen un nivel de cultura, educación, respeto por los demás y respeto por las tradiciones de su ciudad que te dejan perplejo ante tanto TONTO sentado en la poltrona del Ayuntamiento de Córdoba. Y si me refiero a esos que son tan “monos” y sus apósitos sanguijuelas que sólo saben insultar a su manera y mofarse casi siempre de los mismos que no piensan como ellos.

Es por lo cual que seguro que tendrían una “jaula” para que los visitaran en el zoo de Córdoba, por una cantidad irrisoria de entrada para ver a los monos graciosos y a los monos palmeros como hacen de reír con sus tonterías y por ahí se pueden acordar de lo que decía la madre de Forrest Gunt. Y donde ya se vuelven a pasar es como siempre metiéndose con los costaleros de nuestra ciudad. Me duele y mucho que nuestra alcaldesa no diga nada cuando en su familia hay algún costalero.

Es por lo cual, que otro de los que hablan, ya lo he dicho alguna vez, fue costalero palomo, o sea, que en vez de ir debajo del palo él iba encima para después demostrar lo que está demostrando. Quizás el día en el que dieron clase en el colegio de respeto, educación, cultura, vergüenza ellos o faltaron ese día a clase -harían la rata- o no se lo enseñaron tampoco en sus casas. Es por lo cual que les pondrían las orejas de burro, que todos sabemos lo que significan.

Ahora vamos a echarles cacahuetes por no tener bemoles de criticar lo que sucede en Venezuela, Cuba o en otros países. Le vamos a echar cacahuetes por sentirse identificados con terroristas o asesinos de gente inocente. O echarles cacahuetes, mejor nosotros no, porque no nos hacen gracia, que se los echen los apositos sanguijuelas que van con ellos, aplaudiendo y retwiteando sus sandeces en las redes sociales.

Menos mal que las orejas son de cartón porque si fuesen de verdad, que dirían ellos con sus protectores de animales. Anda datos un pasito por Córdoba que os de un poco el sol que os estáis volviendo “tontos de kapirote”.

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