Advertisements
El Cirineo, Opinión

Onanismo en público

Cada año vuelve a suceder cuando atravesamos esa frontera ficticia en que los seres humanos nos hemos empeñado en fraccionar esa secuencia continua que es el devenir de los acontecimientos y el inexorable paso del tiempo. Nuestro verbo se preña de buenas intenciones, de propósitos de enmienda y de promesas que se tornarán en incumplidas en apenas unas semanas, cuando volvamos a ser conscientes de que doce campanadas son incapaces de modificar los hábitos adquiridos y profundamente enraizados en virtud de años de costumbre. Y lo mismo ocurre con quienes nos rodean. Pensamos, a caballo entre la ignorancia y la inocencia, que aquellos con quienes compartimos espacio vital serán capaces de cambiar. Hasta que, en menos que canta un gallo, o dos, nos topamos de bruces con la cruda realidad y volvemos a constatar que el imbécil sigue siendo igual de imbécil antes de que el inmortal rasgueo de Juan Serrano nos abocara a un frenesí de apenas unos segundos en los que todo parece detenerse al mismo tiempo que el universo se acelera.

Este nuevo año la cosa ha empezado calentita en la Córdoba cofrade. Y no porque haya habido un hermano mayor que le haya cantado las cuarenta a un presidente, no se equivoquen, sino porque, como suele ocurrir cuando quienes ocupan un cargo público carecen de la formación necesaria para desempeñarlo con solvencia, la reacción de alguno de los sujetos que rodean al interpelado ha vuelto a poner de manifiesto que hay quienes se creen inviolables, investidos por una especie de derecho divino para hacer y deshacer a su antojo, sin dar explicaciones ni tolerar respuesta alguna. Creo haberlo dicho en más de una ocasión, perdonen que me repita, pero como algunos siguen sin enterarse, a ver si con la reiteración… Si un personaje público, repito, público, se permite el lujo de dar un discurso de fin de año, como si de Felipe VI se tratase, para enfatizar los que, en su opinión, son logros irrefutables, mostrando su satisfacción a prueba de bomba, quien sabe si en la búsqueda de adhesiones inquebrantables, debe estar preparado para asumir las críticas. Y punto. Quien no lo entienda, que dimita. Y sus palmeros, exactamente igual. Todo ello sin olvidar que es absolutamente legítimo que un cargo político, repito, político, quiera subrayar públicamente los objetivos que entiende que ha logrado alcanzar, no me malinterpreten. Tan legítimo como la respuesta crítica de quien piensa que no hay gran cosa que celebrar. Y echar en cara que una crítica absolutamente legítima a un discurso público, no debe realizarse por la misma vía, demuestra que hay quien, además de tener una cultura democrática que tiende a cero, no tiene ni la más remota idea del cargo que ocupa.

Ya lo demostraron quienes, con el cargo bajo el brazo, aunque poniéndose en segunda fila, se manifestaron vergonzosamente contra la decisión adoptada por un director espiritual, como si de una protesta sindical se tratase. Sí, sí, miembros de una junta de gobierno manifestándose contra un director espiritual, con pancartas y todo, si la memoria no me falla… ¡vivir para ver! En aquella ocasión, quienes así obraron debieron ser fulminantemente cesados de su cargo. Entre otras cosas, porque quien no les puso de patitas en la calle, se convirtió automáticamente en cómplice de sus actos. Me dicen que incluso hubo quien agradeció su apoyo al líder supremo, disculpando su inasistencia porque recibió la “sugerencia” de no asistir, pese a tener la intención de formar parte de la revuelta. Una sugerencia que, dicho sea de paso, no se tradujo en medidas contra los manifestantes, lo que convirtió igualmente en cómplice a quien permitió semejante protesta, recuerden, contra un director espiritual, por parte de quienes ostentaban un cargo en una junta de gobierno. Disculpen el trabalenguas, pero el que la lleva la entiende; y seguro que muchos otros también. Y es que, ya saben lo que dice el refrán: “más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo”. Y algunos, si tienen lo que deben tener, se han debido sentir en más de una ocasión sonrojados más que amarillos, por determinadas actitudes pendencieras que se han reproducido en reuniones que deberían estar integradas por caballeros. Al final, uno no deja de preguntarse si se mantienen a determinados individuos en sus cargos, porque quien manda es incapaz de encontrar a alguien para suplir a un incapaz, o existen razones que nadie ha querido o sabido explicar, hasta ahora.

Claro que, ¿de qué nos asombramos? En una ciudad donde se permite que un vocero, que se dedica a insultar impune y públicamente a sus semejantes, siga teniendo un micrófono puesto por la jerarquía eclesiástica para ladrar a su antojo, además de ser premiado con pregones y exaltaciones, en una ciudad donde se reparten los martillos o los galardones en función del grado de amiguismo con quien manda, en una ciudad donde hay individuos con sotana cuya forma de actuar se encuentra más cercana a la Familia Corleone que a la que debería ostentar un ministro de la Iglesia, en una ciudad donde hay hermanos mayores que insultan y abren expedientes de expulsión a miembros de su hermandad porque su actitud totalitaria les hace ser incapaces de soportar que se censure su gestión o su incompetencia como capataz, en una ciudad donde hay hermandades reducidas a miserables cotos privados de caza mientras sus responsables espirituales guardan un silencio cómplice o incluso, llevado al extremo más repugnante, se dedican a cargar las escopetas, no deberíamos asombrarnos de prácticamente nada. Ni siquiera de que algunos, por no respetar, no respeten ni la muerte. Todo sea por unas migajas.

Dicen que el tiempo es ese juez que pone a cada uno en su sitio. He de reconocerles que, con el paso de los años, empiezo a dudar de que todo el mundo reciba lo que merece, al menos en este mundo. Duele el alma ver como hay quien lleva toda su vida menospreciando y haciendo daño gratuitamente a sus semejantes, sin mayor recompensa que la crítica de algunos locos suicidas que un día decidimos clamar en el desierto. Puede que este mundo no esté hecho para quienes miran de frente, a los ojos y afrontan a pecho descubierto los desafíos y sí para quienes lanzan piedras a sus rivales cuando estos les han dado la espalda, pero algunos no hemos nacido para ser unos cobardes. Por eso, más allá de estar de acuerdo con determinada crítica puntual, quien debe saberlo ya conoce mi opinión, no puedo hacer más que levantarme y aplaudir, públicamente, la actitud valiente de quien se atreve a alzar la voz y responder con la contundencia precisa al poder establecido, a quien se cree intocable, y a decir a la cara lo que piensa, en lugar de medrar en la penumbra esperando que sean otros los que se señalen y hagan el trabajo sucio para ir mientras tanto tomando posiciones. Ya lo comenté en una red social hace unas horas, el onanismo en público tiene estas cosas, que te arriesgas a que llegue alguien y te ponga en tu sitio. Más de uno debería aplicarse el cuento.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: