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El Capirote, Opinión

Primera comunión

Cuando hice la primera comunión, en aquel junio eucarístico de hace ya unos cuantos años, recuerdo cómo los días previos llegaban regalos sin cesar. Los más cercanos habían optado por regalarme el rosario, alguna insignia para el traje de marinero, el anillo o una medalla. Este capítulo se reproduce cuando alguien toma su primera comunión, aunque los detalles suelen virar hacia lo tecnológico, con smartphone de última generación y demás artilugios que nos alejan cada vez más de lo esencial ― vamos, lo que les hace falta ―.

Cuando se produce una coronación canónica sucede más o menos lo mismo. Uno revisa la prensa o las páginas webs y nos informan de prácticamente de casi todo lo que regalan a la dolorosa. En el caso de la que tendrá lugar este mes de octubre no hay más que ver la cantidad de obsequios que las diversas hermandades quieren tener con la Virgen de la Salud con motivo de su coronación.

Si los días previos a la comunión, la cantidad de regalos que recibimos nos recuerda al día de Reyes, donde son tantos los presentes que uno a los dos días no sabe qué hacer con ellos, no dista mucho este pensamiento del que tengan los hermanos con los eventos más importantes en la historia de su corporación. Entonces, en los corrillos de los que han tomado su primera comunión ― en las hermandades esto parece estar a años luz ― comienza a surgir esa idea que ya establecieran los enlaces matrimoniales: ¿y si abrimos una cuenta bancaria y que depositen ahí los invitados una cantidad de dinero con la finalidad de poder usarlo más adelante en lo que nos dé la gana?

Hagan la prueba. Fíjense en un obsequio ofrecido por cualquier hermandad. Por ejemplo, a la que pertenece uno mismo. Después, retengan en su memoria esa preciada ofrenda, algo difícil teniendo en cuenta la gran cantidad de regalos. Seguramente pase bastante tiempo hasta que vuelva a ver a la dolorosa con aquel presente. Y no es que la hermandad no quiera que su imagen mariana la lo luzca, sino que es tal la cantidad de obsequios que, si los sumamos a los que ya tiene ― con las no pocas donaciones ― escasas serán las veces en las que la veamos a Ella con aquella medalla o aquel broche ―.

Ahora las coronaciones canónicas hacen hincapié en la labor social. Antaño, ni de lejos esta vertiente tiene la importancia que despierta entre los hermanos. ¿Por qué no abrir una cuenta donde se deposite una cantidad para potenciar este aspecto? ¿No sería mejor este recurso, sabiendo que la obra social es uno de los puntales trascendentales donde se asienta una coronación canónica?

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Hace alrededor de 16 minutos del Twitter de Gente de Paz vía Hootsuite

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