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Opinión, Racheando

Qué afortunados somos

Comienza el año, y con él llegan los prolegómenos de una Cuaresma casi eterna para los cofrades, en el que se empieza a sentir ese pellizco de emoción en el alma de todos los que vivimos la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor de una manera especial en esa “semana de diez días”.

La más que importante Feria Internacional de Turismo – FITUR – es en muchos casos la excusa perfecta para que la Semana Santa de muchos rincones de nuestro país se muestre al exterior como lo que es, una de las más grandes tradiciones de las que dispone nuestro país.

Además de todo lo que comprende lo religioso, ser cofrade significa estar cerca de las mayores obras de arte que hemos heredado a lo largo de los siglos, y del que continuamente se sigue realizando. No es necesario ser creyente para considerar que todas las obras que rodean las obras cofrades son auténtico arte y, para empezar, el que lo anuncia.

Vivimos el auge de las pinturas, obras cuyos originales deberían poder ser visitados por todos. Ya sea de esos carteles de las ciudades, hasta el de las propias hermandades y sus efemérides, viven la suerte de contar con una de las generaciones más prolíficas de pintores.

Desde Antonio Díaz Arnido, con la influencia que su pasión napolitana y el arte de la calle le ofrece; el hiperrealismo de Manuel Peña con el brillo del empleo del pan de oro; la maestría de Pepillo Gutiérrez Aragon sobre algo que parece tan sencillo como un lápiz; la capacidad de crear con diferentes técnicas obras que parecen salir del cuadro como Rafael Laureano; el aura de religiosidad que rodea Raúl Berzosa para trabajar en sus cuadros hasta llegar a la capacidad de imitar la realidad como Jonathan Sánchez Aguilera. Sin ser diplomado en historia del arte, tan sólo un cofrade más al que le gusta el arte, no puedo dejar de hablar de la que se ha convertido en la pintora que con su trabajo ha conseguido ser la pintora de los detalles, una de las que más dice a través de sus pinturas.

El último gran trabajo que nos ha regalado ha sido el cartel del 650 aniversario de Los Negritos, con la visión tridimensional que nos ofrece, nos acerca a la historia de una de las corporaciones más clásicas – injustamente a veces para el público en general pasa desapercibida – de Sevilla.

Nuria Barrera ha sabido encontrar su hueco en un entorno masculino junto con la siempre grande Isabel Sola, siendo una de las más prolíficas y demandadas pintoras de la vanguardia pictórica andaluza.

Somos afortunados de vivir en la generación de los dignos herederos de ese Murillo que tanto hemos recordado los últimos meses. Afortunados de poder estar cerca de su trabajo aunque sea través de las redes, y afortunados de poder tener un trocito de ese arte en forma de cartel en casa, programa de mano o papeleta de sitio.

Espero que hoy mi opinión no se tome como uno de esos artículos que intenta vender autores, o explicar las obras de arte que crean controversia como si el los lectores fuéramos de coeficiente intelectual bajo. Les invito a conocer las obras que han regalado al mundo los artistas nombrados, pero no dejen de investigar y dar a conocer el trabajo de los artistas que hacen que los cofrades, seamos tan sumamente afortunados.

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