Córdoba, El Cirineo, Opinión

Respondiendo las idioteces de un laicista sobre la nueva Carrera Oficial

De todas las idioteces que he leído en los últimos tiempos contra las cofradías y la iglesia, que son muchas, una de las más ridículas ha llegado a mis manos prácticamente de rebote, porque no fue a través de la fuente original, (he de decir que lo único que leo en Diario Córdoba viene firmado por Francisco Mellado), sino a través de uno de esos blogs que se dedican a reproducir noticias de terceros, incluidas las nuestras, por supuesto. Se trata de un artículo de opinión firmado por un tal Miguel Santiago Losada, uno de tantos progres laicistas anticlericales con carrera que, ocultos bajo un paraguas de presunta pertenencia a la iglesia, atacan sistemáticamente a todo lo que huele a incienso, cofradías incluidas, como no podía ser de otra manera. Funcionarios que dedican el mucho tiempo libre del que parecen disponer, en organizar coloquios contra la Iglesia a los que siempre acuden los mismos, solamente hay que revisar la hemeroteca, aunque cada cual mata el aburrimiento como quiere. Basta con tener la santa paciencia de buscar y encontrarán multitud de artículos, panfletos o como prefieran denominarlos, firmados por este individuo en los que entre otras muchas lindezas, defiende abiertamente la expropiación de la Catedral de Córdoba o la Giralda de Sevilla porque el hecho de que su propiedad pertenezca a los cristianos es un “atropello para un Estado democrático y aconfesional”. No es que me importe francamente el pensamiento de este ilustrado, pero resulta interesante conocer de qué pie cojea cada cual para situar en su justo término sus ataques y provocaciones.

Lo más grotesco de todo es que el sujeto firma su alegato como “miembro de Comunidades Cristianas Populares” que es tanto como no decir nada, o lo que es lo mismo, aparentar pertenecer al club para dar la sensación de que desde dentro hay quienes están disconformes y pretenden cambiar las reglas. Es como si yo firmase como comunista de base. Como las creencias religiosas son eso, creencias, no podemos demostrar fehacientemente que el individuo en cuestión carezca de ellas como él no puede demostrar el atropello del que habla, que no deja de ser una mera opinión y no una verdad absoluta, ni más ni menos. Yo pienso que alguien que se expresa en los términos en los que se expresa y exige lo que exige contra la iglesia tiene de cristiano lo que yo de tortuga pero, insisto, no es más que mi opinión. Lo que si tengo claro, y sí lo puedo demostrar es que con las cofradías su relación es cero absoluto, ninguna. Es más, estoy plenamente convencido de que no ha visto Semana Santa en su puñetera vida, que no es estar presente cuando un par de cofradías pasan por delante de uno, ver cofradías y sentir la Semana Santa como algo a lo que se pertenece es otra cosa muy distinta, algo que individuos como éste jamás alcanzarán a comprender.

Sin embargo este personaje se permite el lujo de imponer a los cofrades cómo tienen –tenemos- que celebrar la –nuestra- Semana Santa, en concreto contra la jerarquía eclesiástica, como Dios manda. Y lo hace además volviendo a dar la apariencia de que sabe de lo que habla citando a Manuel Chaves Nogales. Lo curioso (es un decir) es que lo hace parcialmente, como suele hacer esta panda de laicistas, sacando del contexto en el que fueron enunciadas las frases citadas, en la Sevilla republicana de 1935, entre quema y quema de iglesias y conventos –destrucción de imágenes devocionales incluidas- y posicionamientos de la jerarquía eclesiástica contra el poder vigente en aquellos momentos –alguien podría decir que en defensa propia-, que dicho sea de paso, llegó al poder como llegó. Es falso que “durante siglos las cofradías (fueran) organizaciones críticas y opuestas a cualquier poder que pretendiese manipularlas, ya fuese clerical o civil” y que “por este motivo, las cofradías (hayan) sido vistas muy a menudo con recelo por parte de la jerarquía católica y de muchos clérigos a lo largo de la historia” y mucho menos que a ello responda “el anhelo de muchas de las cofradías de disponer de capilla y sede social propias”. Las cofradías, a pesar de su pertenencia a la iglesia, siempre gozaron de grandes dosis de independencia en su funcionamiento. La ignorancia de este sujeto sobre todo lo que rodea a las hermandades le impide saber que por mucho que una cofradía disponga de capilla propia está sometida a lo que dicte la jerarquía eclesiástica porque pertenece a la iglesia, le guste o no. Una ignorancia que no se palia leyendo un par de artículos ni escuchando a su “amigo antropólogo”. El hecho de que una hermandad dispusiera de capilla propia permitía entre otras cosas, tener libertad a la hora de establecer cultos y no estar sometidas al resto de actividades desarrolladas en las parroquias, pero si la jerarquía eclesiástica dictaba, las cofradías –salvo contadas excepciones, que de todo ha habido en tantos siglos de historia, por supuesto- acataban, así está montada la iglesia y no van a venir los laicistas a cambiarlo.

La segunda mentira de este individuo es afirmar que la nueva Carrera Oficial es una “imposición del obispo” que se ha gestado en “tan solo dos años”, negando que la Carrera Oficial en el entorno de la Catedral es un deseo manifestado por la mayor parte de las cofradías cordobesas desde hace décadas. Y profundiza en sus mentiras asegurando que “no ha habido consenso para nada ni para nadie, imponiéndose su voluntad (la del obispo se entiende), ni para abrir la llamada segunda puerta de la Mezquita (llama poderosamente la atención la forma de llamar a la Catedral viniendo de un presunto “cristiano de base”), ni para los vecinos, ni para comerciantes (imagino que también le habrá preguntado a los bares y similares de la Ronda de Isasa) y hoteleros (las cifras de ocupación de este año hablan por sí mismas), ni para muchos (¡¡¿¿??!!) cofrades que no ven con buenos ojos este baculazo episcopal”. Es precisamente en este punto cuando sus mentiras comienzan a provocar las más altas cotas de hilaridad en quien las lee. El consenso debe producirse, en primer lugar entre las hermandades, que se manifestaron (y votaron) por abrumadora mayoría (unanimidad el año pasado) a favor del traslado de la Carrera Oficial y en segundo lugar con el Ayuntamiento de Córdoba. El acuerdo con el órgano de representación de la soberanía popular es un hecho irrefutable y el apoyo mayoritario de los grupos políticos una realidad palpable. Es cierto que viniendo de sujetos adscritos a la extrema izquierda, cuyo compromiso con la democracia es de sobra conocido, no debería sorprendernos que se pasen por el forro el sentir mayoritario del pueblo manifestado a través de sus representantes públicos, que en eso consiste la democracia participativa, pero uno sigue sin acostumbrarse a que haya tanto antidemócrata alrededor. Y en este sendero de chistes fáciles en el que se adentra su texto, el señor Santiago invoca la opinión de vecinos catalogándola de contraria al traslado de la Carrera Oficial. Entiendo que se refiere a la expresada por ese ente filocomunista que responde al nombre de “Federación de Vecinos Al-Zahara” que ha estado luchando denodadamente para impedir la nueva Carrera Oficial con todas sus fuerzas, no de los miles de cordobeses satisfechos con el cambio, se ve que estos no le importan lo más mínimo. ¿Que cómo sé que son miles? Fácil, del mismo modo que él afirma que “muchos cofrades no ven con buenos ojos este baculazo episcopal”.

Por cierto, aquí no ha habido baculazo de nadie. El único cambio experimentado por la jerarquía eclesiástica ha sido que ahora sí, después de muchos años luchando en las cofradías para lograr este cambio, desde el Palacio Episcopal por fin han hecho suyas las reivindicaciones de las hermandades materializando un sueño que todos estos personajillos no van a destruir a base de pataletas infantiles. Y puestos a elevar su verborrea al nivel de idiotez supina sin haberse encomendado absolutamente a nadie, se permite el lujo de hablar en nombre de los “miles de penitentes que no han podido acompañar a sus titulares en todo el recorrido de la Semana Santa al prohibírsele el acceso al interior del de la Mezquita-Catedral. Mujeres y hombres de nuestros barrios no ha podido realizar con sus imágenes devocionales el recorrido por la Carrera Oficial como venía siendo costumbre, solo pudieron hacerlo los nazarenos que pagaron su papeleta de sitio”. El colmo de los colmos es que quienes nos odian, quienes pretenden acabar con la Semana Santa, intenten hacer creer a quienes se dejen, que les importa lo más mínimo lo que los cofrades y devotos piensen, sientan o padezcan. No cuela, querido amiguito. La Semana Santa se vive participando en las cofradías como espectador, nazareno, costalero o músico. La papeleta de sitio se paga con lo que cualquiera se gasta en unas cervezas y nunca ha habido un hermano que haya querido salir de nazareno que no haya podido hacerlo por no tener dinero para pagar una papeleta de sitio. Y las cofradías, abra bien los oídos, ni son del pueblo ni del obispo sino de sus hermanos, y éstos, si quieren participar y hacer Estación de Penitencia ante el Santísimo, algo que por mucha carrera de teología que tenga este sujeto es evidente que no tiene ni la más remota idea de lo que significa, deben hacerlo vestidos de nazareno o costalero, sólo faltaría que desde fuera vengan a imponernos otras normas.

Mención aparte merecen dos aseveraciones que destacan sobremanera entre semejante sarta de sandeces. La primera es “el carácter privado en el que se ha visto envuelto nuestro principal Monumento y todos sus alrededores, del que solo han podido disfrutar los que han pagado palcos o sillas. Todo un disparate para un espacio público y, más aún, si éste es Patrimonio de la Humanidad”. Una vez más miente. El acceso al Patio de los Naranjos ha sido libre durante toda la Semana Santa. Si este sujeto hubiese tenido el más mínimo interés por comprobarlo, lo hubiese hecho. Y segundo “podríamos hablar de una verdadera apropiación de nuestra Semana Santa, debido a la aceptación del monopolio del poder eclesiástico sobre todo lo demás. Tal imposición se ha hecho de tal manera que muchos cofrades han interiorizado y aceptado, sin la más mínima crítica, tal disposición que pretende controlar la Semana Santa como si fuese algo propio de la jerarquía eclesiástica, con la colaboración subalterna de las instituciones públicas de Córdoba”. A ver cómo se lo explico para que usted lo entienda, señor Santiago, la Semana Santa no es suya, es nuestra, nuestra, de los cofrades, no de los sujetos que pretender acabar con ella, destruir su significado religioso, núcleo esencial de su razón de ser y reducirlo a una “gran conmemoración de la ciudad, al margen de nuestras creencias o convicciones”, es decir que es una cabalgata más de carnaval.

Y si todo lo anteriormente expresado no fuese suficientemente ridículo, el señor Santiago culmina su panfleto llamando a “que las cofradías reivindiquen su idiosincrasia pluridimensional, enraizada en la cultura andaluza, a través del ámbito de la religiosidad popular, que desborda lo estrictamente eclesial. Las cofradías no pueden convertirse en el empeño de ser sólo instrumentos pastorales sumisos a los intereses del jerarca de turno. Es un hecho constatable (¡¡¿¿??!!) cómo, a pesar del crecimiento numérico y del nivel estético de las cofradías, han visto reducida su capacidad de decisión. Como consecuencia, la Semana Santa corre el riesgo de convertirse en una fiesta unidimensional, exclusiva y mercantilista, asumida sólo por una parte de la ciudadanía. Esta situación por la que atraviesa la Semana Santa debería hacernos pensar y lo que se está convirtiendo en discordia reconducirlo en oportunidad de encuentro”. No se lo pierdan. Los laicistas de Córdoba exigen a los cofrades que su Semana Santa sea lo que ellos dicen que tiene que ser, sin anestesia ni nada, es decir, cualquier cosa menos Semana Santa, una mera manifestación cultural vacía de contenido religioso, asociando además el crecimiento numérico y estético a la sumisión al obispo y a la pérdida de capacidad de decisión. No se pueden decir más memeces en tan poco tiempo. La capacidad de decisión de las cofradías, lejos de verse reducida se ha visto felizmente materializada. Ha sido precisamente la decisión de las cofradías lo que ha permitido una Carrera Oficial en el lugar donde siempre debió estar, en el entorno de la Catedral (Mezquita para el Señor Santiago). Ni los cofrades se van a levantar en armas contra el obispo ni se va a volver a una absurda Carrera Oficial que consista en darle vueltas a un caballo, se pongan como se pongan los chicos de Izquierda Hundida, los de los círculos morados, los de Córdoba Laika o cualquier otro grupúsculo minoritario de cuantos pululan alrededor enmascarados bajo mil nombres, dándose codazos a ver quién es capaz de hacer más méritos y pillar algo, en esta Córdoba multicultural, que sí lo es, y no sus cofradías, que son cristianas, católicas, apostólicas y romanas… y punto. Déjense de vociferar consignas, no pierdan el tiempo. Total, ningún cofrade les va a hacer ni puñetero caso. Eso sí, les reconozco que las risas que nos echamos a su costa son impagables. Eso sí que no tiene precio y no un palco en Carrera Oficial.

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