Advertisements
Córdoba, Costal, Enfoque, Opinión

La revolución del costal

Igual que un movimiento reivindicativo que despierta sensibilidades y mueve actitudes, el movimiento del costal a finales de los 70 pone a la Córdoba Cofrade en marcha para remediar lo que en 40 años se había vuelto irracional, por culpa seguramente de la penuria económica que se vivía y que llevó a hermandades a colocar ruedas a sus pasos. Un ejemplo de lo que pudo pasar a aquellas hermandades fue lo acontecido en 1948 a la hermandad de Pasión que tenía su cuadrilla de costaleros profesionales y sufrió un plantón de éstos a la vuelta del recorrido, en los Santos Mártires, reivindicando más salario. Y ante el abandono de aquellos faeneros el “barrio” tuvo que llevar a su Señor hasta el Templo. Aquello provocó la instalación de ruedas ante la imposibilidad de pagar una cuadrilla profesional. Nos recuerda a lo sucedido 30 años después con la Reina de los Mártires aunque la solución fue distinta llevando a esta última a formar cuadrilla de hermanos.

Las circunstancias económico-sociales del momento y guiados por el ejemplo de la cuadrilla de los Estudiantes, casi todas las hermandades imitan la gesta para en 4 o 5 años se adhieran al movimiento del costal la mayoría de las 28 hermandades que había en aquellos días. Se necesitan de pronto miles de costaleros y decenas de capataces para llevar a cabo esa bendita locura colectiva. Los capataces clásicos y con experiencia, como Rafael Muñoz e Ignacio Torronteras fueron los que más cuadrillas crean.

Rafael Muñoz lo hace con: Desamparados, Virgen de la Caridad, Paz, Reina de los Mártires, Angustias, Santo entierro, Alegría o Santa Cena de Puente Genil, mientras que Torronteras hace lo propio con Esperanza, Rosario, Virgen del Amor o Buena Muerte. Además algunos hombres audaces como Patricio Carmona o Ramírez, Andrés Roig, Rafael del Olmo o Pepe Fernández se lanzan como valientes a formar cuadrillas para sus hermandades. Otras hermandades van improvisando capataces a partir de los costaleros más aventajados. Puedo recordar ejemplos de los que pertenecieron a algunas de las cuadrillas que mandaba Rafael Muñoz y que terminaron siendo capataces conocidos Antonio Ruf, Javier Romero, Lorenzo de Juan, Juan Berrocal o Fernando Morillo.

En años posteriores han llegado a ponerse el traje negro otros muchos de aquellas cuadrillas que seguro que conocemos pero que sería largo enumerar. Por cierto, y como curiosidad, el primer capataz que se viste con traje negro en Córdoba fue Rafael Muñoz en los últimos años de profesional porque en años previos a esta revolución todos los capataces iban con traje oscuro pero no negro. Seguramente me olvido de muchos de estos valientes que se lanzaron a hacer una renovación tan importante y con una gran responsabilidad.

No eran suficientes los costaleros que acudían a las hermandades pero todo sale bien gracias a que se crea un buen clima de cooperación entre las cofradías. Como ya comenté, los costaleros iban de una hermandad a otra con un esfuerzo más que considerable ya que nadie llevaba la cuadrilla doblada ni refrescos como sucede ahora en todas las cuadrillas. Incluso a veces se salía con menos de los que calzaba un paso. El pasado mes de febrero viendo un ensayo de la Merced coincidí con uno de aquellos costaleros de pro, Ortega, que me recordaba que la cuadrilla de Desamparados salió en una ocasión con 24 o 25 costaleros de los 30 posibles. Y me revelaba que a espaldas del capataz, alguno, hasta se daba un respiro saliendo unos minutos a costa del trabajo de los compañeros y con la complicidad de los mismos.

De esta manera en las que yo conozco mejor, por pertenecer a sus cuadrillas, Desamparados, Paz, Alegría, Santo Entierro o Reina de los Mártires se intercambiaban costaleros para completar cuadrillas. Y esto sucedía en todas las que trabajaban con el mismo capataz. En la prensa de la época quedó reflejado que cuadrillas completas ayudaban a otras hermandades a sacar sus pasos. Es el caso del Prendimiento que sacó al Cristo de la Misericordia o la cuadrilla de las Lágrimas en su Desamparo que sacó a Buena Muerte.

Como recuerdan aquellos que pasaron por las trabajaderas, era tan duro el trabajo de un costalero, sin relevo, que era necesario hacer una parada discreta en el recorrido de 10 minutos para tomar un refresco y un bocadillo. Hasta el Santo Entierro que siempre fue un ejemplo de seriedad y que su capataz casi no hablaba para no romper su silencio, paraba junto al aparcamiento de Edaco, después de Carrera Oficial, se salían los costaleros con máxima discreción y dentro del aparcamiento había preparados bocadillos y refrescos. Jesús Caído lo hacía en la esquina de la Floristería Santa Marta dentro de la placita anexa.

Tiempos duros para “héroes” del costal que crearon un camino interminable del que hoy quizá no estemos suficientemente agradecidos a su trabajo.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: