El Capirote, Opinión, Sevilla

Suma de contrarios

Los de San Gregorio decidirán hoy si el plan para reorganizar el Martes Santo es viable o queda relegado al olvido como tantas otras cuestiones relativas a la mejora en la seguridad de este día, que ni siquiera llegaron a ser propuestas oficialmente. Aunque el trabajo ha sido constante y en un principio algunos hermanos mayores se mostraban reticentes, al final el producto estará disponible si finalmente pasa la prueba del Consejo. La reacción ha sido prácticamente unánime en el mercado cofradiero, que puede resumirse en un “pero, esto, ¿qué es?”, que suele suceder cuando comprobamos una vez llegados a casa que el pescado, comprado hace escasamente cinco minutos, destila ese olor característico, típico de los que comienzan a descomponerse. Y es entonces cuando sabemos que nos la han colado mientras estábamos hablando con la vecina en la cola de la pescadería. Entonces nos queda regresar o tirarlo a la basura.

Entre los hermanos mayores del Martes Santo surgen similitudes con el timo del pescado, aunque con matices. Esperan que la propuesta salga finalmente adelante. Piensan que una combinación de horarios con una carrera oficial al revés será lo idóneo para terminar con los graves problemas de seguridad, sobre todo en torno a la Alfalfa. Aunque el plan tenía sus “peros” al principio, tras las avalanchas de la Madrugá, se vio inexorablemente afectado por estas y comenzó a dar pasos agigantados. Los hermanos mayores esperan que finalmente el producto acabe siendo comprado, pues de otro modo, no sabrían ya si continuar comprando en la misma pescadería o no volver a acudir al mercado con la idea de comprar la sepia.

Los cofrades están de acuerdo en que hay que mejorar la seguridad, que solo las escenas de las concentraciones en la Alfalfa dan más que pensar, pero se niegan a que se realice la carrera oficial a la inversa, alegando que históricamente había estado así ― para estos, la historia tiene que ser dos días ―. El inmovilismo vuelve a aparecer, si es que alguna vez alguien lo echó en falta. Y eso que se trata de un solo año en el que, a modo de prueba, se vería si la solución es eficaz o no.

El camino no ha sido fácil, aunque parece que esto no importa. El hecho de que todos los hermanos mayores hayan cedido en sus posiciones es ya algo difícil en un mundo donde se prefiere dejar las cosas como están ― que no es sinónimo de que sea lo mejor, aunque algunos lo crean―. Y ni siquiera surgen los que dan el beneficio de la duda de ver cómo, por solo un Martes Santo, se mejoran las condiciones de seguridad y se resolverían esos problemas de entrar a horas intempestivas, algo que indica que los tiempos no son como antes.

Estos hermanos han tenido también que lidiar con miembros de la propia junta de gobierno, quienes se mostraban reacios a los cambios. Incluso hay un par de ellos que saben que, si la propuesta sale adelante, no volverán a presentarse a las elecciones porque no saldrían reelegidos ni incluso votados por su núcleo más cercano. Estimado lector, si has llegado hasta aquí, sabrás que, aun con el viento en contra, han pensado en ti por si alguna vez ocurriera aquello que nos eriza de solo pensarlo.

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