El Rincón de Costal Hero, Opinión, Sevilla

Tocomocho

¡Tos por igual valientes! ¡A esta es!

Bueno, mi arma, po’ ya se acabó lo bueno. Se nos escapó de las manos la Divina Comedia de la primavera como siempre se nos escapa, casi sin darnos cuenta. Atrás queda, ya en la lejanía, una Semana Santa con muchas cosas para recordar y muchas pero que muchas para olvidar. Y antes de ayer la feria. Esta feria que nos hemos dado porque lo dijo un referéndum y que no hay bolsillo que la aguante, se pongan como se pongan sus defensores. Que dicen los feriantes que están contentos… solo faltaría que no lo estuviesen con el pastizal que nos han sacado. La que está triste en mi cartera que tiene más pena que el coche del águila. Empezamos ella y yo como siempre, enamorados bajo la luna, con nuestra luna de pescaíto y tirando la casa por la ventana y hemos tenido que pedir por las esquinas para poder bebernos una Cruzcampo.

Pero menos mal que la feria ya se ha terminado y que poco a poco la actualidad cofrade empieza a reactivarse porque de durar la feria unos cuantos días más, yo no sé hasta dónde iban a llegar algunos medios. Lo último ha sido dar como primicia una cosa que el mismo medio había dado hace dos años, ahí queda eso, una pirueta con triple salto mortal y sin que valga. Si es que hay algunos que son más chulos que un ocho. Así que ahora podrán volver a dar noticias en lugar de tanto vídeo de la pasada Semana Santa con cuatro comentarios edulcorados -habrá que recordar que para eso ya está el yutube- y sacar semanas después, eso sí, con todo el boato del mundo el comunicado que las hermandades de la Madrugá sacaron al día siguiente del desastre; sí, han leído bien, con varias semanas de retraso. Otra cosa es que entre sevillana y sevillana y rebujito y rebujito el personal no se haya dado ni cuenta del tocomocho. Recogidos los bártulos de la ciudad que cada año se crea dentro de la misma ciudad, retomaremos los sevillanos este tiempo de glorias, entre aperitivo y aperitivo de rupturas de contratos y rumores de capataces cesados, como toda la vida de Dios, por obra y gracia de la maravillosa prensa morada que si no existiese habría que inventarla.

¡Ahí queó!

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