Candelabro de cola, Córdoba, Costal, Opinión

Tres recuerdos imborrables de una Semana Santa de oro

Es tiempo de jolgorio en la ciudad. La llegada de la Feria de Nuestra Señora de la Salud –de la que ya solamente nos queda el nombre… y poco más- poblará de bullicio el Arenal y dejará casi desérticas tres calles en las que pudimos vibrar con nuestras Cofradías hace apenas un mes y medio. Comenzaré nuestro recorrido en la Plaza del Potro. Allí, donde se ubicara el viejo hospital de la Caridad, esperé la llegada del singular altar de malva y oro de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo. El poblado cortejo de nazarenos blancos de esta Cofradía de barrio con carácter de negro abrió paso a la antigua Dolorosa venerada en el desaparecido Convento de los Dolores Chicos. Preciosa, con su mirada baja y sus manos tendidas a sus hijos, Nuestra Señora se abrió camino con la elegancia que caracteriza a ella y a su Hermandad. Sonó la marcha Valle de Sevilla, obra del tristemente fallecido José de la Vega para hacer mejor, si era posible, el caminar de su cuadrilla que se adentró camino de San Pedro haciendo suya la calle Lucano.

Deanes fue una calle reservada este año para unas pocas Cofradías privilegiadas. Así se entendía que al paso de cada una que la empleaba la misma quedara abarrotada de público desde mucho antes de la llegada de los hermanos nazarenos que conformaban los respectivos cortejos. No fue distinto, no podía serlo, para contemplar el paso del dulce Nazareno de la Trinidad. Acompañado por la portentosa agrupación musical Pasión de Linares, la banda de Jaén realizó una enorme interpretación de la marcha “El Sumo Sacerdote”. El misterio en que Jesús consuela a la Verónica realizó una chicotá espléndida para emprender el camino de regreso a la Parroquia de San Juan y Todos los Santos.

No fue a la zaga en su brillante caminar la cuadrilla que el pasado Lunes Santo tuvo el privilegio de portar sobre sus hombros a Nuestro Padre Jesús de la Redención. Desde Alfaros hasta Ramírez de las Casas Deza los hombres de Juan Rodríguez dieron una auténtica lección de cómo se porta un paso. Con su nueva túnica bordada, la talla del Señor de la Huerta de la Reina lució espléndida en las calles de Córdoba. La nueva disposición de las imágenes del misterio que representa a Jesús ante Caifás mejora notablemente. Alegría desbordada para una de las Cofradías que mayores esfuerzos ha tenido que realizar para llegar hasta la nueva carrera oficial catedralicia. El público se lo supo reconocer y muchos fueron los que aguardaron hasta su tránsito por los jardines de Colón ya sobrepasada la frontera del Martes Santo.

Tres instantes que valieron mucho la pena y que merecen ser guardados como oro en paño en el baúl de los buenos recuerdos.

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