Córdoba, De trama simple, Opinión

Una carrera oficial que llegó para quedarse

Una carrera oficial que llegó para quedarse. Llegó con la incertidumbre y la desconfianza de un pueblo que tiene miedo a moverse. Con la premura de aquellos que luchaban por revalorizar lo que ya tenía valor. Con los pataleos y las rabietas de aquellos que quieren dividir a la sociedad, de aquellos que creen que la religión y las tradiciones son las culpables de nuestros actuales males, de aquellos que vivían mejor en una república que no han conocido ni siquiera en los textos de los libros de historia.

Según algunos cuentan, llegó con la decisión encubierta de algún prelado de la iglesia que desea privatizar calles y romper puertas, unas puertas que se usaron para generar polémica, que se abrieron y cerraron con informes y sentencias y que dejaron herida a esta bendita tierra.

Dejemos ya las guerras porque por muchos errores, limitaciones y formas, por muchos defectos e imprevistos que hubiera, más son las virtudes que este recorrido encierra. Tendrá que someterse a estudio y a cambios, se mejorarán accesos y se tendrá en cuenta, que las calles que lo acogen necesitan ser más abiertas. Se atenderán las quejas y se escuchará a quienes razones tengan, mejor hoy que mañana porque el tiempo nos apremia.

Hoy deberíamos ser la envidia de Andalucía. Deberíamos estar orgullosos de las imágenes que se han captado y de la repercusión futura que estas puedan tener en nuestra ciudad. Sin embargo, en vez de hablar de esto, de lo único que se habla es de si vendieron, compraron o privatizaron calles, de si un penitente lo es o no por pagar papeleta de sitio o por ser hermano, de si llenaron las mesas o no del bar fulano.

Hoy los cordobeses deberíamos estar orgullosos y remando en la misma dirección, sin embargo volvemos a escupir al cielo parándonos a mirar cómo nos cae en la cara.

El patrimonio de Córdoba, de los cordobeses y del mundo se ha engrandecido por altares itinerantes que con un sentido concreto desfilan por un entorno único hasta llegar a la mayor iglesia de la ciudad, hasta el mayor monumento de nuestra Córdoba. Hoy tenemos que reconocer que una vez allí, aquellos que por ella desfilamos y aquellos miles que verán las imágenes que allí se tomaron, quedarán prendados por la belleza de poder contemplar ese arte efímero de los pasos caminando entre la quietud de las piedras milenarias de nuestro casco histórico, nada ni nadie, podrá borrar de nuestras mentes imágenes tan bellas.

Dejemos que Córdoba respire, dejemos que el aire que penetró al abrir la polémica puerta y que oxigenó ese bosque de columnas inmóviles y pétreas, recorra los sentidos de los cordobeses, recemos para que ese aire despierte a esta ciudad a veces inmovilista y muerta y permita que no sigamos sembrando rencores, pues lo que aquí nos trae cuenta, son nuevas oportunidades, nuevos vientos e inversores que hasta esta ciudad vengan para traer trabajo y un futuro a nuestras gentes, algo que será más provechoso que seguir dividiendo a una sociedad que lo que más necesita es prosperidad.

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