El Capirote, Opinión, Sevilla

Verde Esperanza

Una vez que han hablado las urnas comienza una nueva etapa en la Macarena. Quizá los proyectos salgan adelante o, quien sabe, aquí pase como en la política, que algunos ya ni sucedan por la mente del elegido. Pero antes de poder comandar el barco que más pasajeros lleva a bordo de todos cuantos arriban en la catedral, la primera de las medidas debería ser la de sanar las heridas que ha dejado tras de sí una batalla que, aunque se ha caracterizado por contados dardos, no ha dejado de ser un enfrentamiento entre dos candidatos por hacerse con el mando. Una gran participación y hasta ocho mesas electorales también han servido para saber la magnitud de estos comicios.

En la basílica lo saben al igual que son conscientes de lo que han significado las últimas elecciones, donde estaban llamados a las urnas más de 10 000 hermanos, muchos de ellos esperando en colas de hasta una hora. Al final, un total de 3 839 han participado, lo que se ha considerado como algo histórico. El hecho de que hayan llegado muy igualados hasta prácticamente el final es también un indicio de que la lucha ha sido más encarnizada de lo que se creía. Y, a pesar del deseo del ya ex hermano mayor, de que solo concurriera una lista única, lo cierto es que desde bien temprano ya se conocía que no sería así. Ambos han echado mano de las redes sociales, de grandes espacios para llegar a cuantos más hermanos mejor, por lo que no cabe duda de que han sido unas elecciones a lo grande, por lo que las consecuencias se esperan igualmente similares a la magnitud de lo expuesto.

Tras la celebración del ganador llega el turno de ponerse frente a una hermandad que, solamente por el número de hermanos, no va a ponérselo nada fácil a Fernández Cabrero. Este tiene por delante granjearse ahora la cercanía del candidato que se ha quedado a las puertas. Pero no solo eso sino que la lista que lideraba Álvarez Ortega también tiene mucho que decir, y no parece que a simple vista los polos se atraigan. Porque los capitanes de las dos facciones han tenido una actitud elegante, eso nadie lo niega, pero no hay que olvidar que las caras más visibles de estos comicios tienen tras de sí un importante equipo.

El nuevo hermano mayor tiene en el horizonte el 425 aniversario fundacional de la hermandad que tendrá lugar en 2020, el gran acto antes de las siguientes elecciones. Pero en cuanto a planes inmediatos, anteriores al besamanos de la Esperanza en diciembre, está la reunión de los hermanos mayores de la Madrugada que, por diversas causas, ha ido retrasándose sin que haya sido posible que se sienten a hablar los máximos responsables de las seis hermandades de la jornada. Y será entonces cuando puedan testarse mejor los ánimos de la corporación que ahora empieza una nueva andadura.

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