La Hermandad del Gran Poder ha remitido una carta a sus hermanos en la en boca de Félix Ríos, hermano mayor de la corporación de San Lorenzo analiza los lamentables hechos acaecidos la pasada Madrugá. En el texto el máximo dirigente, tras dar “gracias al Señor por la feliz conclusión de la estación de penitencia en las adversas circunstancias, llenos de zozobra, en que hubimos de efectuar nuestro regreso a San Lorenzo” manifiesta su “orgullo y reconocimiento al ejemplar comportamiento de todos los hermanos, sabiendo recomponer el orden y compostura del cortejo, manteniendo la serenidad en momentos en que ciertamente se hacía difícil”.
Además muestra su preocupación acerca de que “una vez más, la que fue la noche más hermosa de la ciudad se revela extremadamente vulnerable a cualquier incidente. Manteniendo la prudencia que exige la investigación oficial en marcha, de cuyos resultados procuraré informaros en todo momento” añadiendo al respecto que “he de ser honesto y avanzar, respetando el derecho a disentir, que no creo en conspiraciones o tramas organizadas dedicadas a acabar con la Madrugada, lo que, paradójicamente, hace aún más compleja la tarea de recuperación”.
Ríos subraya que “cualquier incidente, más allá de su carácter intencionado o no, que en cualquier otra jornada pudiera pasar desapercibido, ocasiona en la nuestra un pánico a cuya fulgurante expansión, a través fundamentalmente de la carrera oficial, contribuye sin duda la psicosis bajo la que vivimos desde el fatídico 2000, probablemente acrecentada este año por la sensación de inseguridad derivada de los últimos atentados en Europa. Sin embargo, el descartar tramas organizadas, y aquí enlazo con un cuarto y último pensamiento, no elude el creer que nuestra Madrugada, y por extensión nuestra Semana Santa, se encuentra efectivamente amenazada. Pero no por una voluntad criminal, sino por la degradación colectiva de valores como la tolerancia, la educación y el respeto a lo sagrado, ya sea desde la fe o desde la ausencia de ella -posturas que siempre han cabido y convivido en nuestra celebración- que afectan a nuestra sociedad en general, a nuestra ciudad cada día y, particularmente a nuestra Semana Santa, de la que la Madrugada no viene a ser sino, en lo bueno y en lo malo, su epítome y escaparate”.
El hermano mayor del Gran Poder añade que “es urgente que todos hagamos una profunda reflexión. Junto a la revisión interna de nuestros propios protocolos y organización, a las autoridades habremos de exigir -y así lo haremos directamente desde donde corresponde, nuestras hermandades- que cumplan con su obligación, adoptando, por impopulares que fueran y con el respaldo legal que sea necesario -sin caer en algunos excesos que han podido leerse estos días- medidas encaminadas a que tanto quienes esa noche hacemos nuestra estación de penitencia, como cuantos están en las calles, podamos sentirnos razonablemente seguros y confiados”, al tiempo que indica que “es evidente que sobra consumo descontrolado de alcohol -el fenómeno de las botellonas, reflejo de lo que sucede en la ciudad el resto del año, alcanza en Semana Santa límites intolerables-; que sobran sillitas como símbolos de apropiación particular del espacio público, y además suponen un peligro para la integridad de las personas; que sobra agresividad e intolerancia en los comportamientos, y que falta devoción y sentimiento religioso. Pero esa tarea de recuperación de los valores de respeto, no ya solo a lo sagrado, sino al prójimo, de tolerancia y de saber estar que siempre han caracterizado a esta ciudad, y de los que no hace tantos meses hacíamos gala, es también nuestra, la de todos sin distinción. Probablemente sea difícil evitar que, en cualquier momento, intencionadamente o no, vuelva a saltar otra chispa; pero si esa chispa no encuentra combustible en el que prender, habremos encontrado el camino para la recuperación de una noche en la que sobran muchas cosas, pero nunca las cofradías, como también pareciera haberse querido plantear”.
No obstante Río deja claro en su misiva que “nuestro compromiso cristiano, como hermanos del Gran Poder, ha de hacernos encarar el futuro con esperanza, poniendo en manos del Señor nuestras peticiones para que este mundo y esta sociedad cambien, dando testimonio con nuestro ejemplo de vida” exhortando a sus hermanos a “que el próximo Viernes Santo, de Madrugada, hagamos juntos nuevamente estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, acompañando a nuestras Sagradas Imágenes conforme dictan nuestras reglas y nuestra secular tradición. Por encima de miedos, de dudas o de vacilaciones, allí habremos de estar alumbrando Su camino, anunciando tanto a creyentes como a indiferentes, el mensaje de Misericordia de Jesús del Gran Poder. Y si nos volviéramos a ver en la tesitura de discurrir, como el Nazareno a quién seguimos, por esa calle de la Amargura en que por unas horas se convirtieron las de nuestra ciudad ofrecer al Señor, como hizo nuestra Madre del Mayor Dolor y Traspaso nuestra angustia y nuestro sufrimiento, mero eco de los que Él mismo ofreció”.





