La Basílica de la Macarena ha sido el escenario del estreno de la nueva marcha de Cristóbal López Gándara, una pieza que lleva por título «Ante Pilatos… el Hijo de Dios». Una obra que viene a cerrar el ciclo de marchas procesionales dedicadas a “los juicios de Jesús” que el propio compositor y la Banda de Las Cigarreras comenzaron hace unos años.
La nueva marcha supone la lógica consecuencia de «Ante Anás… El hijo de Dios» con la que «a nivel narrativo da comienzo esta tetralogía de marchas procesionales, surgiera la idea de dar cohesión, a través de un hilo argumental, al resto de obras que estaban por escribir», en palabras del propio autor.
«Cuatro años, – subraya el compositor – desde agosto de 2014 hasta agosto de 2018, en los que se ha dado vida a esta música, reflejando uno de los aspectos más oscuros de la Pasión, los juicios a los que fue sometido Jesucristo donde los mismos males que asolan la sociedad de nuestros días, la inquina, la rabia, el miedo, el odio… Dieron con la indigna sentencia de Poncio Pilato».
«Los títulos de las cuatro obras no son arbitrarios, – continúa López Gándara- y es que confluyen los dos elementos, el humano representado por los jueces y lo divino, el Hijo de Dios, este inmutable, y es que debemos recordar en la música cofrade a lo que estamos escribiendo. Los elementos ornamentales de nuestra Semana Santa son importantes para llegar al pueblo, pero lo que debe de primar es el mensaje que hay detrás de la puesta en escena. Nos hace falta más hablar del Hijo de Dios, sobre lo que representa y el mensaje que nos legó».
El compositor desgrana el contenido de la nueva marcha: «La introducción de la obra contiene el elemento principal de la misma, el motivo que representa a Pilato. Una sencilla melodía, desposeída de vacuos artificios, y que pone en situación al oyente, un ambiente de tensión y duda sobre los designios que ha de tomar Pilato. En la segunda sección el cuerpo armónico acomete una frase musical ruda y violenta, que representa a esa multitud enfurecida porque Pilato no encuentra delito ninguno en Jesucristo, al que le seguirá también las cornetas respondiendo con el mismo motivo musical, el cual desintegra al de Pilato, está perdiendo el poder ante las acusaciones de la multitud.
Aparece la figura de Herodes, y como no podía ser de otra forma, aparece el motivo que lo representa en la anterior obra, Silencio, ante Herodes… El Hijo de Dios, de diversas formas tanto a modo de elemento principal de la acción como de contrapunto, siendo una sección fugaz pues todo lo que hay que decir sobre este juicio se dijo en dicha obra. Para representar esa unión que surge entre Herodes y Pilato, se funden el motivo de Pilatos con la introducción del cuerpo armónico de Silencio, ante Herodes… El Hijo de Dios. Este hecho servirá de prefacio a la entrada del solo.
El solo representa la humanidad y el perdón de Pilato a Jesús, no ve delito alguno en las acciones de Jesús y por eso el ambiente de duda, tensión y violencia se convierte en una música espiritual, que refleja la clemencia de Pilato. Este solo se convierte luego en dúo utilizando el mismo material musical, representando a Claudia Prócula que invita a su esposo a no enjuiciar a Jesús, como nos dice Mateo en su evangelio (27:19): No te mezcles en el asunto de este justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.
De nuevo la turba entra en acción tras el dúo de cornetas y el ambiente sonoro de la obra cambia, se está preparando la sentencia. Aparecen fulgurantes llamadas de cornetas imitando a la turba gritando ¡Barrabás, Barrabás!, mientras el tema de la clemencia de Pilato y Claudia Prócula intenta resistir las acometidas del resto de la banda. La obra termina con la Sentencia de Pilato. Se ve sometido ante la furia de la multitud y cambia su decisión. Aparece de nuevo el tema de Pilato, toda la sección del comienzo de la obra, pero con un nuevo elemento musical. Para representar este cambio de decisión utilizamos a los trombones y bombardinos para que acometan el motivo de Pilato del comienzo pero por movimiento retrógrado, es decir en sentido contrario».
«En esta música, que huye de toda condición populista, se resumen numerosos años de formación académica. No nos podemos quedar en lo superficial, hay que ver qué mensaje que se quiere transmitir. Más escuchar y menos oír», subraya el autor de la obra. Una pieza que pone fin a «una historia de cuatro años, la cual me ha permitido conocer desde dentro a una formación musical maravillosa, no sólo en lo musical sino sobre todo en lo personal», concluye.




