Una de las nuevas consejeras de la Junta de Andalucía llama a la Semana Santa «falsa e hipócrita representación en palcos e iglesias»

Mal empezamos. Si alguien imaginaba que con el cambio de tendencia política en el gobierno de la Junta de Andalucía todo lo que representa la Semana Santa aumentaba exponencialmente la probabilidad de quedar protegido y ser respetado desde las más altas instancias de nuestras instituciones, se equivocaba. Y es que los hechos vuelven a demostrar que quienes «odian» todo lo que huele incienso preñan las filas de partidos de signo muy diverso, como acaba de demostrar la nueva Consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta de Andalucía, Rocío Ruiz, diputada de Ciudadanos por Huelva (aunque independiente) de 52 años que acaba de llegar a la política fichada por Juan Marín tras 14 años directora del Instituto de Educación Secundaria Pérez Mercader de Aljaraque. 

La nueva consejera publicaba en un diario de Huelva un durísimo artículo de opinión contra las procesiones de Semana Santa, a las que calificaba de «desfiles de vanidad y rancio populismo cultural». En el texto, la nueva consejera afirmaba que «no basta con encender a Dios una vela en Semana Santa y 100 al diablo los restantes días del año», añadiendo que «demasiadas veces los estatutos de las hermandades son letra muerta que no les dicen nada» preguntándose «si la comprensión, la clemencia, la compasión no forman parte de la médula espinal del católico» y «cómo es posible que gente que se autocalifica de cofrade y de católica sigue rezumando odio por los cuatro costados»

«El hombre sagrado para el hombre. Esa es mi religión. lo sagrado la espiritualidad íntima y auténtica de un amanecer tranquilo y hermoso o tal vez contemplando los ojos aterradores del dolor o lo incomprensible del amor (…) No cuando me intentan imponer un dios público único y verdadero conveniente social y políticamente con madre virgen o vírgenes según el gusto o el color de cada ocasión. No puedo luchar contra los civilizados e iluminados con mi pobre espiritualidad, con los grandes hombres inflados de autoestima piadosa a punto de reventar, especialistas en maquillar sus sombras ocultas tras una máscara o un capirote», se despacha la consejera de Ciudadanos, que califica las procesiones de Semana Santa como un «espectaculo incluso tenebroso» (…) Una exitosa puesta en escena y una penosa demostración de la necesidad que tiene la gente de pan y circo. Un entretenimiento de la plebe, devotos que confunden la religión con el protagonismo», al tiempo que califica a los costaleros como «gente que se auto inflige castigos y se destroza la columna para cargar a cuestas enormes trozos de madera decorado (sic.) con costosos vestidos, ofreciendo un inútil sufrimiento propio como si con ese absurdo acto se exhibieron de sus pecados y se convirtieran, de la noche a la mañana, en mejores personas».

Por eso Rocío Ruiz reconoce que cada Semana Santa huye «a otros mundos donde no haya ni un rastro de olor a incienso», «para no convertirme en una más de esos cinicos desmemoriados, para no olvidar que todos somos mestizos, que fuimos, afortunadamente, parte de esa espléndida, avanzada y culta civilización árabe», lejos «de la falsa e hipócrita representación en palcos e iglesias». Algo que imaginamos volverá a hacer la próxima primavera. Seguro que ningún cofrade la echará de menos.