Cuando la Madre de los Desamparados llegó a Santiago

El 7 de abril de 1973, es un día que forma parte de la memoria imperecedera de la hermandad de las Penas de Santiago ya que tuvo lugar la Solemne Bendición de la imagen de Nuestra Señora y Madre de los Desamparados, en una emotiva y sencilla ceremonia que fue presidida por el entonces obispo de la diócesis, José María Cirarda Lachiondo. El acontecimiento congregó a un gran número de hermanos de la corporación en torno a la bendita imagen que tallara el escultor e imaginero Antonio Eslava Rubio.

Nuestra Señora y Madre de los Desamparados, que comparte espacio a los pies del Cristo de las Penas con el Discípulo amado, conformando un singular Stabat Mater que cada Domingo de Ramos recorre las calles de Córdoba, y con quien comparte autoría, fue adquirida el día 17 de marzo de 1973. La Coronación Diocesana tuvo lugar el 9 de marzo de 1980 en la iglesia parroquial de San Pedro, por el obispo José Antonio Infantes Florido. En este acto, se le impuso a la dolorosa una corona de plata cincelada y sobredorada, sufragada por la feligresía y por diversos hermanos, obra del orfebre sevillano Manuel de los Ríos. Los daños que le ocasionó el fuego en 1979 hicieron que fuera restaurada por Juan Ventura en febrero del año 1980 quien, además de restaurarla, procedió a la fijación total de la encarnadura.

Es una imagen de candelero, que lleva talladas la cara y las manos en madera de pino de Flandes. Morfológica e iconográficamente, responde al gusto neobarroco. Su rostro maduro, de pálidas carnaciones, incorpra ojos y lágrimas de cristal y pestañas de pelo natural. La Virgen eleva la mirada al cielo, y en la expresión del rostro, de facciones redondeadas, grandes ojos enmarcados por arqueadas cejas y entrecejo fruncido y boca entreabierta con labios temblorosos, concentra toda la grave carga del dolor. Las manos, artísticamente movidas, refuerzan el sentimiento de pesar que quiere transmitir la imagen.


Fuente documental | Hermandad Penas de Santiago