El escultor e imaginero sevillano Rubén Fernández Parra ha concluido su última obra, un imponente Nazareno Caído realizado en madera de cedro policromada al óleo pulimentado dotado de una considerable envergadura. No en vano si se pusiera de pie mediría en torno a 1,90 metros y 1,50 sin cruz, con la rodilla en tierra. La imagen, concebida bajo la advocación de Santísimo Cristo del Amor, tiene por destino el consejo de cofradías de la localidad toledana de Villacañas y está expuesta este fin de semana en la parroquia de la localidad sevillana de Gelves.

Esta imagen de vestir tiene la peculiaridad de que la talla en madera se realizó durante el confinamiento que sufrimos a principios de este año y que es la última obra que sale del estudio en el que he estado durante 17 años ya que lo he trasladado a la localidad donde se presenta.
Rubén Fernández Parra, que se define a sí mismo antes como escultor que como imaginero, y reconoce en sus imágenes la influencia de la obra de Pedro Roldán, es hijo y hermano de imaginero, Francisco Fernández Enríquez y Darío Fernández Parra, respectivamente, y además de esta faceta desarrolla con gran destreza otras labores artísticas como la restauración habiendo aprendido de la mano del profesor José Rodríguez Rivero-Carrera, restaurador del Museo de Bellas Artes de Sevilla.








