¿Os acordáis cuando hace poco más de un año nos sonaba a gracia la palabra coronavirus? ¿Y las palabras cuarentena y confinamiento? Actualmente, son expresiones que utilizamos a diario. Seguramente, tengamos que añadir el término «Semana Santa íntima», para referirnos a la última vivida en este año 2021. Pero confío en una cosa, y es que si Dios quiere, el año que viene en estas fechas, estaremos con la famosa depresión post Semana Santa, porque habremos visto a nuestras hermandades y cofradías por las calles de nuestras ciudades y pueblos.
Poco a poco vamos viendo una pequeña luz al final del túnel. Aunque en este año tan atípico hayamos podido ir a visitar a nuestros Sagrados Titulares a sus Templos, la nostalgia y la tristeza nos invadían el corazón. Unos sentimientos encontrados que no solo eran por no ver a las hermandades en las calles, había más motivos. Uno de ellos, de los cuales me di cuenta el Viernes Santo en los actos de mi Hermandad, es ver como el mundo ha cambiado de forma tan drástica en un año, pasando a ser el polo opuesto de lo que conocíamos. Me sorprende, y por supuesto ante todo, me apena ver como miles y miles de personas tratan de hacer una vida relativamente normal con mascarillas, separación, el gel desinfectante, y un largo etcétera, pero aun así, los Templos siguen llenos para venerar a Jesús y a María.
Todo esto nos enseña una cosa. Lo fácil, ante tal situación, sería haber suspendido todos estos actos que hemos vivido y dejar otro año en blanco. Lo difícil, hubiera sido sacar procesiones a las calles de las ciudades con la actual situación. Lo correcto, han sido todos y cada uno de los actos que se han realizado durante la Cuaresma y la Semana Santa en Andalucía en este año. Todo con orden, devoción y mucho sacrificio, porque no es fácil pensar que todo esto acabará pronto. Mientras tanto, el cofrade está siendo ejemplar.
Señoras, señores, esto es el principio del fin de toda esta catástrofe. Este año, como a un niño pequeño, nos han dado un caramelo del que hemos podido disfrutar. El año que viene, confío en que no nos lo quitarán, y podremos volver a vivir, volver a soñar.
Sed felices, tened paciencia. Esto, aunque no lo parezca, está a la vuelta de la esquina.
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