Cuando podar es más importante que una procesión

Las salidas procesionales, con la práctica excepción del verano, se han convertido en la tónica habitual de cada fin de semana del año. Un exceso para algunos, una necesidad para otros y un debate al que, pese a este sobre la mesa, solo parece convenirle la solución de continuidad. 

No se antoja que se vaya a reducir el número de procesiones, aunque una solución improvisada podría estar dándose en Cordoba. Esta tuvo su reflejo en la de la Virgen del Rayo, que recorrió las calles del Campo de la Verdad rodeada de coches aparcados. 

Un hecho que, a nivel estético deja bastante que desear y que, además, es bastante incómodo para el espectador, e incluso, para el capataz que tiene que centrar el paso entre los coches. 

Una situación que si se hace insólita por la falta de actuación del Ayuntamiento, su grado aumenta cuando se contemplan carteles de prohibido aparcar durante dos días, ocho horas cada uno, para realizar labores de poda. 

La solución para las cofradías se torna en el mantenimiento de un diálogo necesario con las autoridades y definir mucho los recorridos. Para el Consistorio, por su parte, en algo más de voluntad para no repetir escenas como la de la procesión del Rayo.