La Hermandad de Las Penas de San Vicente presenta al arzobispo las líneas generales de la celebración de su 150 aniversario fundacional

La Junta de Gobierno fue recibida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla

El pasado viernes 15 de noviembre la Junta de Gobierno de la Hermandad de las Penas de San Vicente fue recibida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla. En el transcurso de la audiencia, el Hermano Mayor presentó al prelado a los oficiales asistentes, así como puso en conocimiento del Arzobispo la plena disponibilidad de la Hermandad y, en especial, de esta nueva Junta de Gobierno, para colaborar con su Pastor en cuanto precise. Asimismo, el Hermano Mayor, presentó al Sr. Arzobispo las líneas generales de la celebración del 150 aniversario fundacional.

En el claustro principal del convento Casa Grande del Carmen, situado en la calle Baños, estuvo en una hornacina mural hasta el siglo XIX, recibiendo culto de los carmelitas calzados una efigie de Jesús Caído en tierra en la advocación de las Penas. La razón de ello, al igual que en numerosos conventos de la orden en España, es seguir la veneración de este pasaje como lo hacía San Juan de la Cruz.

En el año 1810 y con motivo de la invasión francesa fue clausurado el convento, quedando sin custodio la imagen. Nuevamente se apertura el mismo en 1845, sufriéndose a poco el hundimiento de la techumbre de la iglesia, pasando entonces la imagen a presidir la capilla del Santísimo, donde lo mantuvieron hasta que, cerrado definitivamente esta Casa Grande por la Junta Revolucionaria en 1868, la Imagen del Señor de las Penas pasó al templo parroquial de San Vicente.

Fray José López Girón, último prior de dicho cenobio, años 1834 y 1835, hizo el libro de un devoto quinario dedicado a Nuestro Padre Jesús de las Penas, cuyas oraciones mantiene la Hermandad.

La efigie que representa esta advocación es un Cristo caído en tierra por el peso del madero que, apoyando su mano derecha en el suelo, vuelve la cabeza al pueblo con una mirada mezcla de angustia y de ternura. Imagen esta que mide 1,34 m. desde la cabeza al talón y que posee túnica tallada, con rico estofado policromado y esgrafiado de color grisáceo, perfectamente acabado al frente y sólo dibujo en el dorso.

La citada comunidad de Carmelitas Calzados, con objeto de poder colocarle una túnica de tela, procedió a la mutilación de la talla de la imagen, llegando incluso a seccionar su brazo derecho.

Rafael Alba, religioso carmelita exclaustrado y cura párroco de San Vicente en unión del cura de este templo D. Juan Becerra y Reyes, y los feligreses: José Casajus y Vaya, Cristóbal Bonilla, Juan Ordóñez Becerra, Francisco y José Becerra Reyes, Ramón García, José Gorea Vázquez y Leocadio Luna, deciden dar culto al Señor Caído de las Penas y redactan unas Reglas, tomándolo como titular, uniendo una imagen de tristeza de María con la titulación de los Dolores, que recibía culto en la parroquia, y que según parece provenía de una esclavitud Servita que residió allí en el siglo XVIII. Fueron aprobados los primeros estatutos por el Arzobispado el 19 de abril de 1875, en tiempos del cardenal arzobispo Luis de la Lastra y Cuesta.

A finales del siglo XIX tuvo poca vida la Hermandad ya que el libro de cuentas de su fundación queda cerrado el día 1 de junio de 1896, debido a que no se restablecía de los gastos tenidos en las anteriores salidas procesionales, pasando a un estado de postergación.

En 1923 un grupo de cofrades formados por José L. Rojas Sobrino, Eduardo Llosent y Marañón, Francisco L. Cañas Trujillo, Juan A. Rull Benito, Luis Piazza de la Paz y Vicente del Río Tejero, presididos por el que sería alma y corazón de la Hermandad durante muchos años y forjador del estilo que tiene, Domingo Bellido Vázquez, se plantearon la necesidad de reorganizar la Corporación.

No fue fácil para este grupo de hombres la reorganización de la misma, ya que contaron desde un principio con la oposición de D. Francisco Torres Galeote, cura párroco de San Vicente, siendo necesaria la intervención de D. Ángel Sánchez Susillo, canónigo de la Santa Iglesia Catedral, que perteneció a la Cofradía en su poca fundacional, para que finalmente quedara constituida canónicamente en esta iglesia.

Hasta el año 1946 las imágenes titulares estuvieron situadas en altares distintos, ubicados además en zonas separadas dentro del templo, hasta que por fin, en este año quedan colocadas en una misma capilla, a la cabecera de la iglesia, en la nave de la Epístola. A partir de este momento, la Cofradía inicia una gran escalada tanto en materia espiritual como en esplendor, viéndose hoy coronada tanto por sus cultos como por esos dos pasos, que están considerados como una de las joyas de nuestra Semana Santa.

Esta Hermandad también ha sabido responder a la llamada de la Caridad, y así, junto con una labor callada que realiza dentro de su comunidad, tanto con sus propios hermanos como con los feligreses de la parroquia que lo necesitan. Entre sus obras pasadas de décadas anteriores podríamos citar la construcción, a petición del Sr. cardenal, de un pabellón en Charco Redondo para que sirviera de refugio a veinte familias que se habían quedado sin hogar en el año 1967, debido a las inundaciones. Actualmente sigue comprometida con la Caridad, participando con numerosas asociaciones, fundaciones y conventos en acciones de Caridad, y manteniendo la «Bolsa de Caridad Jesús de las Penas», que realiza numerosas acciones de asistencia a sus hermanos y colabora con Cáritas de la parroquia en la asistencia a necesitados feligreses.

Aunque las andas del Señor y el palio de la Virgen han marcado un hito en las artes cofradieras de nuestros días, hay que destacar la adquisición de esa magnífica Cruz de carey con incrustaciones de plata ricamente trabajadas a buril con dibujos romboidales, que porta el Señor sobre sus hombros desde la Semana Santa de 1968. Esta Cruz, documentada su construcción a principios del siglo XVIII, preside la Sala Capitular de nuestra Casa de Hermandad, donde todos los cofrades y amantes de las Artes pueden admirarla de cerca durante todo el año. Esta Corporación fue felicitada por la Real Academia de Bellas artes de Santa Isabel de Hungría en sesión de 13 de mayo de 1968, por su adquisición y restauración, como así por los remates de plata con carey que le aplicó y de la que Alfonso Grosso escribió: «Se trata de una pieza única como trabajo y como

valor artístico, que nunca más habrá ocasión de poseer, y con la cual el Señor de las Penas, la Hermandad y Sevilla, tendrá uno de los conjuntos más bellos de nuestra Semana Santa».

Cabe destacar, asimismo, tanto su Estación de Penitencia como el estilo que tiene la Cofradía en todas sus manifestaciones y cultos internos, de la que D. Santiago Montoto, ilustre historiador de la Ciudad, escribió: «que por el empaque con que hacen la Estación, por la religiosidad de sus devotos y por sus antiguas imágenes, parece Cofradía creadas en el siglo XVIII, que tal es el espíritu que han sabido infundirle».

Asimismo, Joaquín Romero Murube dijo: «Estilo propio. Este es el ápice y excelso de las Cofradías sevillanas. Y Nuestro Padre Jesús de las Penas y la Virgen de los Dolores lo tienen. Se puede ser macareno, o del Cachorro, o de Pasión, o de la Quinta Angustia… Pero con igual fisonomía peculiar y respetable se puede ser de San Isidoro, de las Penas de San Vicente o de la Soledad de San Lorenzo…».

Esta Hermandad es conocida popularmente en el mundo cofrade como «Las Penas de San Vicente», en recuerdo de su titular y de la iglesia en que está establecida.

En octubre de 2010, fruto de la vinculación de esta Hermandad desde sus inicios con la Orden del Carmen, el Prior General de la orden Rvdmo. P. Fernando Millán Romeral, le concedió a esta la carta de afiliación a la misma.