Nuestra Señora de los Siete Dolores de Eslovaquia, la segunda dolorosa en recibir la Rosa de Oro

El Papa Francisco se convirtió en el segundo prelado en otorgar esta distinción a una imagen dolorosa, la segunda en recibirla, hecho que aconteció en 2021

El santuario nacional de Šaštín es el gran corazón de Eslovaquia. Más allá de ser el centro devocional del país, su legado cultural e histórico lo hacen indispensable para conocer la evolución de una región que no se entiende sin la basílica de los Siete Dolores, como también se le conoce.

El santuario fue declarado basílica menor en 1995. Por aquel entonces, San Juan Pablo II ofició una misa ante doscientos mil fieles. En su interior se custodia la Virgen de los Siete Dolores, una imagen que tiene tras de sí un rosario de curaciones milagrosas, siendo estudiadas alrededor de 726 casos, lo que la convierte en una de las imágenes con mayor índice de curaciones del mundo.

Basílica de los Siete Dolores. Aleteia.org

A pesar de su dilatada historia, un capítulo con letras de oro se escribió cuando el Papa Francisco visitó durante su viaje apostólico los países de Hungría y Eslovaquia, recorrido que se inició el 12 de septiembre de 2021. Uno de los momentos de mayor fervor tuvo lugar cuando celebró una misa en la ciudad de Šaštín, un municipio ubicado en la región de Trnava, en Eslovaquia, cerca de la frontera con la República Checa. Allí, ante la basílica, un templo construido en el siglo XVI, se concentraron más de cincuenta mil personas. El día escogido para la entrega de la “Rosa de Oro” no fue aleatorio. Sucedió el último día de la visita, la mañana del 15 de septiembre, cuando la Iglesia conmemora a Nuestra Señora de los Dolores, un día después de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

Durante la homilía, el prelado incidió en el papel de la Virgen María, enfatizando que ella es “el camino que nos introduce en el Corazón de Cristo, que ha dado la vida por amor a nosotros”. También subrayó que “María es la Madre que nos da al Hijo Jesús. Por eso la amamos y la veneramos. Y el pueblo eslovaco acude con fe y devoción a este Santuario nacional de Šaštín, porque sabe que es Ella la que nos da a Jesús”. La imagen de la dolorosa, que es patrona del país desde que fue declarada por el Papa Pío XI en 1927, presidió un encuentro multitudinario donde se puso de relieve el amor que profesan los devotos a la imagen.

El Papa Francisco deposita la «Rosa de Oro» a las plantas de la dolorosa. Foto: Vatican News

A su conclusión, el Papa regaló un cáliz al arzobispo de Bratislava. Después, se dirigió hasta las plantas de la Virgen dolorosa, depositando a sus pies la “Rosa de Oro”, una distinción exclusiva que entregan los pontífices para expresar reverencia a la Virgen María, destacando la devoción que despierta entre los fieles una determinada advocación. A su vez, reconoce el lugar donde se encuentra la imagen como importante centro de fervor mariano.

 Tal obsequio fue creado por el Papa León IX en 1049, bendecida el cuarto domingo de Cuaresma, ungida con el Santo Crisma y la inciensa, lo que la convierte en un sacramental. Aunque usualmente se ha entregado a emperadoras, reyes y duques, también lo han recibido advocaciones de la Virgen María.

El origen de la imagen

Virgen de los Siete Dolores, conocida también como de los Dolores. Foto: Vatican News

En el siglo XVI Angelika Bakičová, esposa del conde Imrich Czobor, señor del territorio de Šaštín, se encomienda a la Virgen pidiéndole que su marido cambiara de actitud. La Madre de Dios intercedió, escuchando las súplicas de Angelika. Fue entonces cuando esta, en señal de agradecimiento a la Virgen, encargó la imagen de Nuestra Señora de los Dolores en madera de peral, que tuviera a su Hijo muerto en brazos, tras haber sido descendido de la cruz. Se levanta entonces una capilla de pequeñas dimensiones, quedándose pronto pequeña ante la afluencia de fieles que se acercaban a rezar a sus plantas. El 8 de septiembre de 1864 el cardenal Ján Scitovsky la coronó con una presea consagrada por Pío IX.

La construcción de la iglesia arrancó en 1736, consagrándose varias décadas después, concretamente en 1762. A ella asistieron Francisco I y María Teresa de Austria, quienes contribuyeron a su ejecución. En su interior destacan los frescos pintados en 1757 por Jean Joseph Chamant.