Las quinielas en torno al 15 de febrero eran muchas. Esa es la fecha en que el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, en que tiene que presentar su renuncia como prelado por llegar a la edad de “jubilación” y muchos eran los rumores sobre posibles cambios.
Unos apuntaban a un cambio de delegado de Hermandades y se miraba hacia Poniente. Otros a una sucesión en la Cancillería del Obispado: el segundo sustituiría al primero Algunos señalaban que alguna céntrica parroquia cambiaría de titular.
Ninguno de ellos se ha cumplido, salvo en parte el primero, ya que hay nuevo canciller, el expárroco de la Fuensanta y recién nombrado canónigo, Antonio Jesús Morales, uno de los mejor posicionados para todo en los últimos años, como a la postre ha quedado de manifiesto.
En el caso del delegado de Hermandades, Pedro Soldado, ha quedado demostrado que su labor ha sido refrendada por la instancia autorizada para hacerlo, y se refuerzan por tanto decisiones como la del decreto que anuló las elecciones en el Carmen de Puerta Nueva.
Una posición de fuerza que se ha comprobado con la destitución del párroco de Puerta Nueva, al que se deja a los pies de los caballos, como presunto único culpable de lo que ha sucedido en el seno de una comunidad parroquial que, por cierto, hasta la llegada de la Salud estaba más muerta que viva.





