La Redención: el arte de hacer música sin desviar el foco de lo esencial

Vaya por delante que las juntas de gobierno son soberanas de tomar las decisiones que consideren oportunas según los criterios que crean convenientes, igual que lo son los hermanos para opinar de ellas. Y vaya también por delante que la Agrupación Musical Santa María Magdalena de Arahal me parece una magnífica formación que, además de ser el origen del género, actualmente ofrece un repertorio diferencial a los demás, con ese sello clásico que defienden con tanta personalidad, sin olvidarse de adaptarlo a los nuevos tiempos. Por lo tanto, estas líneas no van contra nadie en general, y mucho menos de los implicados directos en su contratación por parte de la Hermandad de Montesión de Sevilla.

Quien les escribe, sin pretensión alguna de ser periodista cofrade o «influencer», sí se considera un amante tanto de la Semana Santa como de las bandas, desde el punto de vista cristiano. Por eso soy de los que piensa que la discreción, la prudencia, la humildad y el sacrificio desinteresado son los pilares en los que se debería basar cualquiera que se acerque a las cofradías desde el ámbito que sea, incluido el bandístico. Sin embargo, estos valores parecen haber pasado a un segundo plano en un mundillo que funciona, cada vez más, a base de clicks y de tweets, de recortes en vídeo de declaraciones interesadas, de un uso de redes sociales como si fueran las de cualquier multinacional… En definitiva, donde se ha perdido la perspectiva de lo que debemos ser. Es obvio que hay que adaptarse a los tiempos y comunicar con nuevos lenguajes y a través de todas las plataformas posibles, pero no a cualquier coste y, lo que es más importante, no como excusa para lograr determinados intereses. Por no hablar de esa comunicación subterránea en la que algunas bandas buscan cualquier pretexto para coger un contrato en la capital, pisando a quien se tenga que pisar. Nada nuevo.

Para mí, la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Redención conjuga a la perfección los pilares de los que hablaba anteriormente. Por encima de todo, me confieso un absoluto enamorado de su música, que por calidad se encuentra en el olimpo de las agrupaciones, y de su sello musical, vertebrado en un sinfín de marchas que vienen a regalar un repertorio tan exquisito como incomparable y exigente, tanto lo actual como lo añejo. Reconozco que me he alejado un poco de la vorágine de estrenos que han venido mostrando las bandas en los últimos tiempos, pero estrenos recientes como «Blanca Paloma«, «Seres de Luz» o «Madre» acallan cualquier intento de convencer a nadie de sinsentidos como afirmar que Redención no ha estrenado nada bueno en años, en campañas más o menos disimuladas de desprestigiar su labor. La diferencia es que no se hace un bombardeo continuo, para cada marcha que se presente, para regocijo de hooligans y para hartazgo de otros. No se necesita ese respaldo mediático porque su música ya hace la campaña necesaria para ello.

Y es que, más allá de lo musical, que en mi humilde opinión es excelente, reconozco que siempre me fijo en la manera de hacer las cosas que tiene una hermandad o, como en este caso, una banda. Redención es Sevilla, porque representa al sevillano que, aún sabiéndose excelente, no alardea de ello menospreciando lo demás —directa o indirectamente—, comparte sus bonhomías sin buscar el interés a cambio, se deja enriquecer por lo de fuera sin mirarlo con desdén y, por encima de todo, hace música desde la humildad de saber que las bandas son únicamente un hermoso complemento que pone la banda sonora a la Pasión de Jesús, que es lo verdaderamente esencial. Nada menos, pero tampoco nada más. Se trata de darle carta de normalidad a un ámbito –el de las bandas— que lo tiene por naturaleza. Es un grupo de personas que hace música mayormente tras los pasos de Semana Santa, para acrecentar la devoción hacia las imágenes sagradas; no son estrellas del pop con todo lo que ello implica. En una entrevista que el director de la formación, Emilio Muñoz Serna, tuvo a bien concederme hace un tiempo, reflejó a la perfección lo que vengo tratando de explicar en una sola frase: «Somos músicos y nos debemos dedicar a ensayar y mejorar, lo demás sobra.»

Tan solo hay que ver la cariñosa y elegante despedida que la formación musical ha brindado a Montesión, así como un bonito vídeo conmemorativo de estas dos décadas. Ni un mínimo resquicio al resentimiento, ni siquiera a la frialdad, que es lo más típico en estos casos. Gratitud, agradecimiento, privilegio, honor, cariño, entrega, mejores deseos… son algunas de las palabras que aparecen en un comunicado de no renovación absolutamente ejemplar, que debería ser enmarcado para servir de referencia a todo el mundo. Como decía, lo que debería ser normal en un presupuesto ámbito de fraternidad católica.

También la formación marca la línea a seguir en otro orden de cosas que, lejos de ser algo secundario, vienen a formar un pilar central de cualquier organización que se haga llamar cristiana: caridad y obra social. Las bandas en general no son ajenas a ello, pero es cierto que la Redención hace cosas tan diferentes como ejemplares. Tal es el caso de una de las marchas de las que hablaba antes, «Seres de Luz», dedicada a los niños con cáncer y se interpreta para recaudar fondos para la asociación ANDEX, habiéndose entregado 8.000 euros destinados a la misma. Mención especial requiere el cuidadoso trato con el que se gestiona a la A.M. Virgen del Rocío, la sección juvenil, tal y como refleja el hecho de que en el acompañamiento de la Redención a su Virgen del Rocío en el traslado a la Catedral para la Coronación Canónica, todos los músicos, jóvenes y mayores, compartieron pentagrama bajo la luz de la mirada de su venerada titular mariana.

Como decía al principio de estas líneas, la discreción y la humildad que tanto caracterizan a la banda hispalense no deben servir para que pase desapercibida la maravillosa labor musical y social que desarrolla durante todo el año. Me reconforta pensar que la Sevilla de a pie —más allá de los lobbies y las supuestas élites cofradieras— sí sabe valorar el tesoro que tiene en la Redención. Si su música es de matrícula de honor, su personalidad y su manera de hacer las cosas también lo son. Por eso… muy bien todo lo demás, que me encanta, pero a mí dadme a la Redención. Porque hace música maravillosa y personalísima, sin ruidos que distraigan de lo verdaderamente importante. Es decir, lo que debería ser una banda de Semana Santa. Soy fiel creyente de que el tiempo pone a cada uno en su sitio. La Redención recuperará, antes o después, la presencia que nunca debió perder en la Semana Santa de Sevilla. Y lo hará mientras sigue escribiendo con letras doradas las notas en el pentagrama del cielo de la ciudad de la Giralda. Es justo y necesario.

Fotografía Javier Cantos (A.M. Redención)