La Chicotá de Nandel | Ningún subgrupo dentro del grupo

igualá

Hoy, trabajando, me ha comentado un compañero que va a ser difícil volver a ver vestido de luces al Maestro de la Puebla del Río.

Cuando ahora te hablan de él, se tuerce el gesto, y eso que te hablan con alabanzas y pena en la pérdida, con lo que se le ha dado, en Córdoba mucho, porque no quería torear sin toro por ejemplo.

Ya en casa decidí ver vídeos, entrevistas, y me embobé, porque en los últimos años, y años atrás también porque he vivido alejado de Andalucía, me encantaba perderme o abstraerme en una habitación. Casi siempre me acompañaba alguna tertulia o alguna entrevista, algún aprendiz de Quintero preguntando, algún admirado mío contestando.

Cuando iban pasando los vídeos he cambiado de tercio. Ha salido una entrevista a un capataz sevillano, que no digo yo que no me guste alguno o muchos, pero eso, me ha llevado a otra cosa, a buscar, seguro de no encontrar, la entrevista a algún capataz de Córdoba, más bien antiguo, que contara eso que muchos hoy, sobre todo los jóvenes, deberían de escuchar, recapacitar después de haberlo escuchado, y aprender de la doctrina. Al menos pensarla, macerar la idea.

He tenido grandes capataces que por llevarme la vida allí, por simple casualidad, porque así es el destino, me han ido enseñando cosas que a veces no te dirigen personal o directamente, pero como estás allí, en plan esponja, pues te la llevas contigo, y los años dan y quitan razones. Vaya si dan, y vaya si quitan razones.

Hoy, también podemos leer este medio, hasta podemos poner programas en televisión. No soy de seguirlos, pero si me gustan algunos cortes que salen y si son de mi gusto busco más, y encuentro a amigos y encuentro sus ideas, ya conocidas por mí, que han defendido y madurado con los años y que ahora explican mucho mejor. Dos grandes músicos de Córdoba escuché el otro día hablando de la Magna y sus bandas participantes, por ejemplo.

También vi un corte donde se hablaba y se intentaba dar doctrina y sentar no sé qué cátedra, cuando el que la estaba soltando allí, tan pancho, yo fui testigo como en su día era participe de la rotura y trituradora de una cuadrilla, una familia. Si, una familia, la que destrozaron, y ahora, se pone ante una cámara para contar no se qué cojones va a contar. Cuando uno se llama costalero, se llama capataz, o se llama algo que tenga que ver con este mundo, se llama él, pero lo tendrán que llamar los demás, es el mérito, y ya les digo yo que para mí ni ha servido nunca como costalero, uno más del montón y gracias, ni ahora voy a escuchar nada de su doctrina, pues no me vale el interlocutor, tiene una mancha ya para siempre. A ver si tanto critican a este medio por alguno de sus colaboradores, pero ahora los programas tan de moda, tampoco van a saber elegir quien puede al menos intentar dar doctrinas. Sentar cátedras ya es de auténtica locura.

Al final, entre todo ese batiburrillo de día, pensando en cosas y sobre todo en este personaje, me vino a la mente Juan Berrocal.

La enseñanza, fue tan simple como para grabarla a fuego de ley en cualquier cuadrilla. Nunca le he escuchado a ningún capataz esa frase, como me ha pasado con otros capataces, que me han dado algo que no me han dado, recomendado, o dicho otros, claro está.

Hablaba Juan, siendo capataz de Humildad y Paciencia, pero digamos que en su 70%. Juan es el creador de todo este 100% que tenemos hoy, en la calle, junto con Juanito «el cambios», su hermano, costaleros que entendieron el cambio y el proyecto, y lo secundaron, lo absorbieron y lo supieron transmitir a los que menos se habían enterado.

Sin ser esa Humildad y Paciencia que él dejó en su estado actual, con su obra completa, asistíamos a la charla entre amigos que era aquella familia tras un ensayo, y Juan estaba incómodo, algo pasaba y pronto le puso solución.

Llamó Juan a uno de sus costaleros de confianza, uno de esos costaleros que son muleta en que apoyarse el capataz para estar presente siempre en el grupo, y le comentó lo siguiente:

«No mires, pero allí hay tres chavales nuevos, se han ido con gente que creo que no le quiere hacer bien al grupo, hay que reconducir a estos chavales, integrarlos con el grupo, que los que quieren hacer subgrupos dentro del grupo, se vean solos, se integren ellos, o se marchen si así lo prefieren»

Y allí que fue el costalero, mandado por el capataz, y disolvió aquel grupillo que era de nada, pero que quién sabe lo que hubiese llegado a ser.

Recordaré siempre muchas cosas de Juan, pero sobre todo de cómo gestionaba al conjunto, hacía familia. Nunca olvidaré ese hacer grupo, con el, ningún subgrupo dentro del grupo.