El Santísimo Cristo de la Exaltación será la imagen que protagonice el piadoso rezo del primer lunes de Cuaresma, una elección que devolverá a esta histórica convocatoria a una corporación del Jueves Santo después de varios años. La talla titular de la Hermandad de la Exaltación, conocida popularmente como la de los Caballos, se convertirá así en la imagen número 48 que participa en este acto penitencial de las hermandades de Sevilla.
La designación se produce después de que el pasado año esta cita alcanzara su edición número 50, una trayectoria que la ha consolidado como uno de los momentos más significativos del calendario cuaresmal de las corporaciones sevillanas.
Será, además, la primera ocasión desde 2017 en la que una imagen perteneciente a una hermandad del Jueves Santo sea escogida para esta convocatoria. La presencia del Cristo de la Exaltación introduce de este modo en el rezo una advocación cuya historia se encuentra íntimamente vinculada a la devoción a la Santa Cruz y al misterio de la Redención.
La elección permite poner nuevamente el foco sobre una de las imágenes más singulares de la Semana Santa sevillana, una talla de la segunda mitad del siglo XVII, atribuida al círculo de Pedro Roldán y estrechamente relacionada con una corporación cuyos orígenes se sitúan en la segunda mitad del siglo XVI.
Una imagen de la segunda mitad del siglo XVII
El Santísimo Cristo de la Exaltación constituye el eje de la devoción de los hermanos y fieles de la corporación, que contemplan en su imagen el significado de la entrega de Jesucristo en la Cruz como expresión suprema del amor y de la redención. La representación del Crucificado remite, de este modo, a la Cruz como fundamento de la vocación cristiana y como signo de la salvación de la humanidad.
La talla fue realizada en madera de cedrella y policromada al óleo durante la segunda mitad del siglo XVII. Su ejecución, caracterizada por la belleza y suavidad de sus líneas, ha sido relacionada con el círculo de Pedro Roldán, hasta el punto de que algunos autores han planteado la posibilidad de que fuese realizada por el propio escultor. Esta atribución se encuentra vinculada, entre otros elementos, al hecho de que la imagen no aparece incluida en el contrato suscrito el 13 de junio de 1678 por Luis Antonio de los Arcos y Cristóbal de Guadix para la ejecución del paso.
El Crucificado aparece sujeto al Santo Madero mediante tres clavos, mientras el paño de pureza, de carácter cordífero, se dispone abierto por la cadera derecha. Esta particular configuración permite contemplar la desnudez completa de la imagen por ese lateral y forma parte de la concepción iconográfica con la que fue concebida.
Sobre la cabeza porta una corona de espinas sobrepuesta y las tres potencias que subrayan su condición divina. La cruz arbórea de la que pende el Señor se encuentra, por su parte, rematada con cantoneras de orfebrería.

Una iconografía vinculada al Concilio de Trento
La representación de la Exaltación de Cristo en la Cruz hunde sus raíces en la evolución iconográfica impulsada a partir del Concilio de Trento, que aceptó la denominada Crux Inmissa o Capitata como representación de la Cruz en la que murió el Redentor. Este modelo se difundió posteriormente por el mundo católico mediante los escritos del cardenal Borromeo y la intervención de los jesuitas, favoreciendo una rápida expansión de grabados y estampas por las principales cortes europeas.
En Sevilla, aquella corriente iconográfica también encontró un terreno propicio. Dentro de esta tradición se ha planteado que el modelo que pudo inspirar al taller de Roldán fuese el cuadro de Rubens dedicado al mismo asunto y conservado en Amberes.
La historia material de la imagen también está marcada por una intervención de especial importancia. Entre 2007 y 2008, el Santísimo Cristo de la Exaltación fue sometido a un prolongado proceso de restauración ejecutado por Pedro Manzano Beltrán, destinado a solucionar graves problemas de carácter estructural y los daños provocados por la denominada pudrición parda que afectaban a la talla.
Una devoción nacida en el siglo XVI
La propia trayectoria de la corporación se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, cuando la Hermandad fue instituida en memoria de la Exaltación de Jesucristo pendiente de la Cruz y de las lágrimas derramadas por su Madre ante la escena del Gólgota.
Ya a comienzos del siglo XVII, la Cofradía quedó establecida en Santa Catalina, vinculando desde entonces de manera prácticamente permanente la devoción a la Exaltación de la Santa Cruz con el templo y el barrio. Esta relación con su entorno constituye uno de los elementos que mejor explican la profunda implantación histórica de la corporación.
La evolución de la Hermandad también permite observar la transformación de su propio carácter. Hasta la llegada del siglo XVII, todo apunta a que la Cofradía realizaba estación en la tarde del Viernes Santo con un paso alegórico dedicado al Triunfo de la Santa Cruz. Aquella configuración podría constituir un precedente de naturaleza letífica que, progresivamente, fue dando paso a una concepción de marcado carácter penitencial.
El cambio no fue únicamente procesional, sino también iconográfico. La advocación de la Exaltación de la Santa Cruz, inicialmente articulada alrededor de una expresión estética de carácter concreto pero cargada de significados relacionados con Cristo y la Salvación, terminó adquiriendo una dimensión plenamente barroca mediante su plasmación en una imagen y un misterio, dejando atrás el componente abstracto y simbólico que había caracterizado los orígenes de la corporación.
Favores, promesas y privilegios vinculados a la devoción
La devoción popular a la Santa Cruz ha quedado asimismo acompañada a lo largo de los siglos por numerosas historias de favores y promesas, un fervor que terminó estrechamente unido a la veneración de la imagen del Santísimo Cristo de la Exaltación.
La importancia alcanzada por esta devoción se refleja también en los distintos Jubileos e Indulgencias concedidos por la Santa Sede a lo largo de la historia de la Hermandad para hermanos, devotos y feligreses que acudieran a venerar a sus titulares durante las festividades de la Exaltación y la Invención de la Santa Cruz.
Uno de los episodios más significativos tuvo lugar el 14 de septiembre de 1800, jornada dedicada a la Exaltación de la Cruz, cuando una grave epidemia de fiebre amarilla azotaba Sevilla. En aquel contexto, el Santísimo Cristo de la Exaltación salió en procesión de rogativas por las calles de Santa Catalina, recorriendo el entorno en su paso.
La Cruz como signo de salvación
La Exaltación de la Santa Cruz, celebrada el 14 de septiembre, constituye una fiesta de especial relevancia dentro de la Iglesia Católica y también está presente en la tradición de la Iglesia Ortodoxa. La celebración conmemora el aniversario de la consagración, en el año 335, de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Su existencia está documentada desde el siglo IV, lo que sitúa sus raíces en las primeras etapas del cristianismo.
Para la tradición cristiana, la Cruz trasciende su condición de símbolo para convertirse en expresión de la Redención de la humanidad y de la entrega de Cristo por la salvación. La pasión, la crucifixión y la muerte son interpretadas desde esta perspectiva como manifestaciones del amor de Jesucristo.
Esta concepción encuentra uno de sus principales fundamentos en el Evangelio de San Juan, donde se establece el paralelismo entre la elevación de Cristo y la serpiente que Moisés levantó en el desierto. La imagen del Señor elevado sobre la Cruz adquiere así un significado directamente relacionado con la victoria sobre el pecado y la muerte y con la salvación de la humanidad.
Ese vínculo entre la serpiente de Moisés y Cristo crucificado también tuvo su reflejo en la historia de la propia Hermandad. Entre 1802 y 1808 consta la presencia en el cortejo de distintas figuras alegóricas, encarnadas por hermanos y hermanas: cuatro profetisas y tres ángeles. Uno de estos ángeles portaba la «vara o serpiente de Moisés que significa el Señor puesto en la Cruz», mientras que los otros dos llevaban, respectivamente, la palma y el cáliz del sacrificio del Señor exaltado en la Cruz.
Cultos en torno al Cristo de la Exaltación
La Hermandad mantiene además un calendario de cultos específicamente dedicado a su titular. En el mes de febrero, coincidiendo con las vísperas del inicio de la Cuaresma, celebra sus Solemnes Cultos en honor al Santísimo Cristo de la Exaltación.
Durante la primera semana completa de febrero se desarrolla el Solemne Quinario, cuya culminación tiene lugar el domingo con la celebración de la Función Principal de Instituto. Al fin de semana siguiente corresponde el devoto besapiés a la Sagrada Imagen del Cristo Exaltado.
Ya durante la Cuaresma, concretamente el viernes de la cuarta semana, la corporación celebra el piadoso Vía Crucis con su titular por las calles de las feligresías de San Román y Santa Catalina, prolongando fuera del templo una devoción estrechamente ligada a la historia de la Hermandad.
El calendario cultual se completa el 14 de septiembre, fecha en la que la Archicofradía celebra una Función Solemne con motivo de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.
La designación del Santísimo Cristo de la Exaltación para el piadoso rezo del primer lunes de Cuaresma sitúa, por tanto, en el centro de esta convocatoria una imagen cuya historia reúne tradición barroca, devoción popular, patrimonio artístico y una profunda identificación con el misterio de la Cruz. Su elección recupera además la presencia de una corporación del Jueves Santo en este acto penitencial después de casi una década, desde la última ocasión registrada en 2017.
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