Octubre tiene en el Campo de la Verdad una cita que cada año renueva la alegría de sus calles y el fervor de sus vecinos. La Divina Pastora de las Almas, titular letífica de la Archicofradía de la Vera Cruz de Córdoba, ha vuelto a recorrer este domingo el barrio en una mañana marcada por la elegancia de su procesión, la personalidad de su acompañamiento musical y la ilusión de quienes encuentran en esta imagen una de las expresiones más entrañables de la religiosidad popular cordobesa. La incertidumbre meteorológica, con el riesgo de precipitaciones presente durante la jornada, ha acompañado una salida en la que la devoción ha vuelto a hacerse visible en torno a la Virgen.
Desde el Paseo Cristo del Descendimiento, punto de partida y regreso de la comitiva, la Pastora ha emprendido un recorrido por las calles de su barrio, llevando consigo esa alegría serena que distingue a las procesiones letíficas. La avenida de la Diputación, Batalla de los Piconeros, Infante Don Juan Manuel —donde tuvo lugar una emotiva petalada en honor de la Virgen — y Obispo Rojas Sandoval han sido algunos de los enclaves de un itinerario que ha permitido a los vecinos encontrarse con la Virgen y acompañarla en una mañana en la que la cercanía, el colorido y la devoción han vuelto a caminar de la mano.
La alegría de una Virgen entre los suyos
La procesión de la Divina Pastora posee una personalidad propia dentro del calendario de glorias de Córdoba. En ella confluyen el fervor de los hermanos, la ilusión de los más jóvenes y un cuidado estético que se aprecia en cada detalle del conjunto. El Campo de la Verdad, con sus calles y plazas de barrio, ofrece un marco especialmente apropiado para una celebración en la que la Virgen se encuentra con quienes la sienten parte de su historia cotidiana.
A su paso, las miradas se han vuelto hacia la imagen con esa familiaridad que solo nace de una devoción compartida durante generaciones. Los saludos, las fotografías y los instantes de recogimiento han acompañado el caminar de la Pastora, mientras vecinos y fieles seguían su discurrir por las calles. En la sencillez de esos encuentros se reconoce buena parte de la esencia de esta procesión: una Virgen que sale al encuentro de su pueblo y un barrio que responde acompañándola.
La incertidumbre meteorológica ha añadido un punto de expectación a la jornada, pero el ambiente ha conservado el carácter alegre y cercano que distingue esta salida. Entre fachadas y balcones, la presencia de la Divina Pastora ha vuelto a transformar las calles en un espacio de convivencia y celebración, haciendo de su recorrido una estampa de la Córdoba cofrade más luminosa.
La Estrella pone música al caminar de la Pastora
Uno de los grandes protagonistas de la mañana ha sido, un año más, la Banda de Música de la Estrella de Córdoba, encargada de acompañar musicalmente a la Virgen. La formación ha vuelto a imprimir su sello a la procesión con un repertorio de carácter alegre y elegante, cuajado con piezas como «Esperanza de Triana Coronada», «La Estrella Sublime» o «Siempre la Esperanza»,escogido con mimo para realzar la naturaleza letífica de la imagen y acompañar con sensibilidad el caminar del paso.
La interpretación de la banda ha aportado un contrapunto musical lleno de matices, conjugando la brillantez de sus sones con la delicadeza que requiere una procesión de estas características. Las marchas han acompañado el avance de la Virgen por las calles del Campo de la Verdad, creando una atmósfera en la que música y devoción se han fundido con naturalidad. La Estrella ha vuelto a evidenciar su capacidad para ofrecer un acompañamiento de calidad, en el que el rigor interpretativo no está reñido con la frescura y la alegría.
La armonía entre la formación musical y el paso ha contribuido a realzar la personalidad de una procesión que, con el paso de los años, se ha consolidado como una de las citas destacadas del calendario letífico cordobés. El repertorio ha encontrado en la Divina Pastora una destinataria idónea, mientras los fieles disfrutaban de una mañana en la que cada marcha parecía prolongar la celebración.
El buen hacer de la cuadrilla
El caminar de la Virgen ha encontrado también su expresión en el trabajo de la cuadrilla de costaleros, responsable de imprimir al paso una cadencia acorde con la elegancia de la imagen y el carácter alegre de la jornada. La labor de quienes la portan bajo las trabajaderas constituye una parte esencial de la procesión, un esfuerzo colectivo que se manifiesta en la coordinación, el cuidado de los movimientos y la armonía con la música.
Al frente de la cuadrilla se ha situado Rafael Salado y Antonio Serrano, cuya experiencia al frente de los costaleros del Señor de los Reyes y su trayectoria en el mundo del costal aportan conocimiento y solvencia a la tarea. Junto a él, su equipo de auxiliares contribuye a coordinar el trabajo de los hombres que sostienen el paso y hacen posible que la Divina Pastora avance con la compostura que requiere la ocasión.
La conjunción entre cuadrilla, capataz y banda ha vuelto a dar forma a un conjunto de notable armonía, en el que cada elemento ha encontrado su lugar. La elegancia del discurrir y la sensibilidad con la que se ha acompasado el paso a los sones de la Estrella han contribuido a que la procesión mantenga ese sello tan reconocible que la distingue entre las celebraciones de gloria de la ciudad.
Un vergel de flores en el corazón del Campo de la Verdad
La estética del paso ha vuelto a ocupar un lugar destacado en la procesión. El exorno floral, concebido con delicadeza y sentido del conjunto, ha contribuido a evocar la imagen de una campiña en plenitud, un vergel de colores y matices que armoniza con la iconografía de la Divina Pastora. Flores y vegetación han realzado la presencia de la Virgen y han acentuado el carácter primaveral que parece acompañarla incluso en pleno otoño.
Ataviada con su terno de salida, la Bendita Madre ha lucido esplendorosa bajo su granado natural, asentada sobre un risco de corcho y musgo que evoca la sencillez y la belleza de la naturaleza. La composición, cuidadosamente dispuesta, ha permitido que la vegetación y los elementos florales se integren en una estampa de gran armonía, en consonancia con la iconografía pastoril de la Virgen y con la atmósfera de vergel que define su paso.
El exorno ha reunido nardos y gladiolos en las esquinas del paso, a los que se ha sumado un friso de tonos empolvados en el que se entremezclan claveles, tulipanes y crisantemos. La combinación de especies, matices y volúmenes ha aportado profundidad y delicadeza al conjunto, mientras que el romero y el lentisco, empleados como base de la composición, han añadido el aroma característico de la vegetación natural, reforzando la evocación de un paisaje que parece trasladar al corazón del Campo de la Verdad la serenidad de la campiña.
La imagen, obra de Miguel Ángel González Jurado, ha vuelto a presidir una escena en la que el cuidado artístico y la devoción se complementan. La Pastora, rodeada por el conjunto ornamental y acompañada por la música, ha convertido el Paseo Cristo del Descendimiento y las calles de su feligresía en un escenario de singular belleza. La elegancia no ha sido un mero ornamento, sino una manera de expresar el cariño de la hermandad hacia su titular y de ofrecer a los fieles una estampa acorde con la relevancia de la celebración.
El báculo de la Pastora y su compromiso con las personas con autismo
Entre los detalles que han enriquecido el mensaje de esta salida destaca el báculo que la Madre del Buen Pastor sostiene en su mano derecha, atributo que simboliza su misión de guiar y cuidar de su rebaño. Más allá de su significado iconográfico, este elemento adquiere este año una especial dimensión al quedar vinculado a una intención de profundo alcance humano: encomendar a la protección maternal de la Virgen a todas las personas con autismo y a sus familias.
Ese compromiso se ha hecho visible a través de un lazo azul prendido al tradicional nardo que sostiene la imagen, un gesto cargado de sensibilidad que expresa cariño, visibilidad y solidaridad con quienes conviven con el trastorno del espectro autista (TEA). La presencia de este símbolo incorpora a la belleza de la procesión un mensaje de acompañamiento y reconocimiento, recordando que la devoción mariana también encuentra una de sus expresiones más valiosas en la atención a las personas y a sus circunstancias.
El lazo azul convierte así un detalle del atavío de la Divina Pastora en una manifestación de cercanía hacia las personas con autismo y sus familias, situándolas de manera especial bajo el amparo de la Madre del Buen Pastor. En una jornada en la que la naturaleza, las flores y la música han contribuido a realzar la imagen, este gesto añade una dimensión humana que trasciende lo puramente estético y refuerza el sentido de protección y cuidado que representa la advocación.
El barrio acompaña a su Pastora
El Campo de la Verdad ha vuelto a responder a la llamada de su Virgen. Vecinos, cofrades y devotos han acompañado el recorrido por calles como Fray Pedro de Córdoba, Pío XII, Beato Henares, Doña Aldonza, Tenerife y Adalid, antes de emprender el camino de regreso. La procesión ha discurrido entre muestras de afecto y miradas pendientes del paso, en una mañana que ha vuelto a poner de manifiesto la estrecha relación entre la Divina Pastora y el barrio al que pertenece.
En esa cercanía reside buena parte del encanto de esta salida. La Virgen no atraviesa únicamente un itinerario trazado sobre el mapa, sino que recorre espacios cotidianos que adquieren otra dimensión cuando su presencia los convierte en lugar de encuentro. Los pequeños gestos, las miradas que la siguen y la emoción de quienes se detienen a contemplarla conforman una memoria compartida que trasciende la duración de la procesión.
La Divina Pastora ha regresado al Paseo Cristo del Descendimiento después de una mañana en la que la música de la Estrella, el trabajo de la cuadrilla y el acompañamiento de los fieles han contribuido a renovar el brillo de esta cita. Con su regreso, el Campo de la Verdad ha despedido una nueva procesión de su titular letífica, una celebración en la que la alegría ha convivido con la elegancia y la devoción ha vuelto a ocupar el centro de la escena.
La Divina Pastora de las Almas ha vuelto a dejar su huella en las calles de Córdoba, recordando que la grandeza de las tradiciones cofrades también se encuentra en estas jornadas de barrio, en la belleza de los detalles, en el vínculo sencillo y profundo entre una imagen y quienes cada año salen a su encuentro, y en esos gestos de compromiso que hacen de la devoción una forma concreta de acompañar y cuidar a los demás.






































































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