El capirote | Amparo

Sevilla se prepara para vivir una de esas jornadas que quedan grabadas en la memoria colectiva de una ciudad. La Virgen del Amparo, venerada desde hace siglos en la Real Parroquia de Santa María Magdalena, recibirá el próximo 8 de noviembre la coronación canónica. Un acontecimiento que trasciende lo estrictamente cofrade para convertirse en un reconocimiento a la historia, al patrimonio artístico y, sobre todo, a la profunda devoción que esta imagen ha despertado generación tras generación.

Desde el punto de vista artístico, la Virgen del Amparo constituye una auténtica joya de la imaginería sevillana del siglo XVI. Atribuida al escultor flamenco Roque de Balduque, hacia 1555, su hechura representa uno de los testimonios más interesantes de la transición entre las formas tardogóticas y los nuevos planteamientos renacentistas. Su elegancia compositiva, la serenidad de su rostro y la delicadeza con la que sostiene al Niño Jesús revelan una concepción artística en la que la belleza no es un mero recurso estético, sino también un vehículo para expresar lo sagrado. A este patrimonio se suman sus históricas coronas de plata dorada del siglo XVIII, restauradas y enriquecidas para esta ocasión con el oro donado por sus devotos.

Pero reducir la trascendencia de esta coronación a sus valores artísticos sería quedarse en la superficie. El verdadero significado de este acontecimiento reside en la devoción que ha mantenido viva su presencia durante siglos. La Virgen del Amparo no es únicamente una magnífica escultura: es una referencia espiritual para la feligresía de la Magdalena, una advocación profundamente arraigada en la religiosidad popular sevillana y una imagen que ha acompañado las esperanzas, las súplicas y las dificultades de innumerables generaciones. Su historia está ligada incluso a la memoria colectiva de la ciudad, especialmente a la protección que tradicionalmente se le atribuyó durante el terremoto de Lisboa de 1755.

Por eso, la corona que mañana se impondrá sobre sus sienes no debe entenderse como un simple ornamento ni como un reconocimiento que venga a otorgarle una dignidad que ya posee. Es, más bien, la expresión pública de un amor antiguo, de una fe transmitida y de una historia que merece ser preservada. Sevilla coronará a una de sus grandes devociones, pero también rendirá homenaje a una obra de arte excepcional y a todos aquellos que, a lo largo de los siglos, han encontrado en la Virgen del Amparo consuelo, protección y esperanza. Porque hay imágenes que forman parte del patrimonio de una ciudad y otras que, además, forman parte de su alma. La Virgen del Amparo pertenece, sin duda, a ambas categorías.