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Costal

Antonio Santiago: «Para mí debajo del paso no debe haber nadie que mande, porque también se puede crear reinos de taifas»

«Mi padre siempre decía
que cualquier llamador de Sevilla física o invisiblemente tiene una serpiente
rodeándolo y hay que tener mucho cuidado cuando se coge el llamador no vaya a
ser que la serpiente te pique»


A continuación, les mostramos la magnífica entrevista realizada por José Gómez Palas para la revista «Más Pasión» al capataz Antonio Santiago. La cual, también ha sido reproducida por el blog «¡A esta es!«
Lleva encima 43 Semanas Santas
sacando pasos , siete de ellas costaleros profesionales . Es el capataz más
prolífico y solicitado entre las cofradías sevillanas. Antonio Santiago
(Sevilla, 1957) defiende el estilo Santiago de llevar los pasos.
Pregunta (P): Hay quien lo
compara a usted con el Cristiano Ronaldo de los martillos…
Respuesta (R): En este caso las
comparaciones son odiosas. El fútbol no tiene nada que ver con esto. Yo intento
hacer las cosas lo mejor posible, heredé un apellido de mi padre que creo que
debe de quedarse en el lugar justo donde él lo puso. Las hermandades depositan
en mi una responsabilidad y eso es lo suficientemente importante como para
intentar hacer las cosas lo mejor posible.

(P): ¿Qué le ha llevado a
ser uno de los capataces más solicitados de la Semana Santa?
(R): Aunque esté feo que yo
lo diga, el trabajo que se va haciendo durante muchos años y que siempre hay
que mejorar, porque yo no hago ni organizo las cosas ahora mismo igual que hace
25 años. Por supuesto , la tradición es importante en esta afición y hay que
mantenerla , pero también se pueden mejorar algunos aspectos y algunas cosas
que es lo que yo intento en la medida de mis posibilidades.
(P): ¿Y qué ha cambiado en
el mundo de las trabajaderas en el último cuarto de siglo?
(R): Ahora, al haber más gente e ir consolidándose
paulatinamente las cuadrillas tenemos la suerte de poder escoger a las personas
y a los cuerpos idóneos que nos hacen falta. Para mi la igualá es algo vivo, en
el sentido de que durante bastantes años yo he ido modificando las estaturas de
las cuadrillas y adecuándose a lo que mejor le viene al paso y a las
necesidades de la cofradía. He ido intentando conformar las cuadrillas para que
la diferencia de estatura entre la primera y la última trabajadera sea lo más
escasa posible, y de esa forma, el peso del paso vaya repartido lo más
equitativamente posible. Intento que, en ese aspecto técnico, la gente vaya lo mejor
posible y la hermandad también.
(P): ¿La tensión que se vive
delante de un paso le deja tiempo para abtraerse y tener un rato de meditación
interior?
(R): Sí, sí, en algún
momento sí que es posible tener un momento más intimo con la imagen. Eso sí, no
se pueden prodigiar mucho ni ser muy extensos, porque la responsabilidad te
obliga a estar pendiente de veinte mil cosas que surgen alrededor del paso, y
eso no te permite relajarte mucho.
(P): Hay quien preconiza
que, a la vista del protagonismo que han adoptado las cuadrillas de hermanos,
lo mejor para la Semana Santa sería la vuelta a los profesionales. ¿Está de
acuerdo con esta aseveración?
(R): No estoy de acuerdo
para nada. No podemos comparar al costalero de hoy con el antiguo. No porque su
trabajo se distinto, sino porque las necesidades y las circunstancias de la
Semana Santa de esos hombres no son las actuales. El número de integrantes de
las cuadrillas era menor, con la misma cuadrilla se sacaban ocho o nueve
cofradías , había muchos pasos que tenían menos trabajaderas  de las que tienen actualmente , y esos
conceptos hoy no se dan. Volver a lo anterior me parecería un fracaso, porque
los hombres de antes se metían por dos motivos fundamentales: uno, la afición
-había que tener afición para meterse debajo de los pasos- y el segundo. tan
importante como el primero, era la necesidad. Ese concepto de la necesidad hoy
día no existe. Luego la afición que hoy día debe de tener un costalero para
meterse debajo de un paso le podemos añadir el concepto de hermandad, de
hermano , de sentimiento. Ya no se meten sólo por afición, sino porque saben
que llevan al Señor y a la Virgen por las calles de Sevilla, un concepto que
fue nuevo a partir del año 1973 y que no podemos perderlo.
(P): ¿Qué le parece que una
cuadrilla llegue a manifestarse incluso con una pancarta en apoyo a su capataz?
(R): No me parece bien. El
concepto de cuadrilla debe ser el de cuadrilla de la hermandad. Entiendo que
debe haber una común unión entre la cuadrilla y el capataz. Una cuadrilla que
no esté entregada a su capataz es una cuadrilla que posiblemente vaya al
fracaso. Pero esa unión no debe de llegar a una manifestación de este tipo. Las
hermandades tienen sus cauces legales o administrativos donde los hermanos
pueden hacer oír su voz de otra manera que no con una pancarta. Me imagino que
hasta el propio capataz de esa hermandad estaría en desacuerdo con esa
manifestación, aunque entiendo que salga del sentimiento de una gente que se
encuentra unida y entregada a su capataz.
(P): ¿Cuándo lo ha pasado
peor Antonio Santiago delante de un paso?
(R): Se pasa mal cuando las
cosas no salen como uno quiere o cuando por no hacer las cosas bien a lo mejor
se le da un porrazo a un paso o a una imagen. Eso es siempre culpa del capataz,
aunque habrá circunstancias que podrán mitigar esa culpa. En esos momentos,
que afortunadamente son pocos, es cuando se pasa mal. Antes se pasaba mal por
la escasez de costaleros en los inicios de las cuadrillas de hermanos en las
hermandades, escasez que hacía que los pasos fuesen duros para la gente.
Afortunadamente ya no es así. Los pasos, no obstante siguen siendo duros porque
le exigimos más a la gente.
(P): ¿Y cuándo se disfruta
más?
(R): Cuando salen las coas bien, cuando vez que el
paso va como tú quieres, cuando ves que la gente de debajo del paso va
disfrutando . El mejor test que un capataz puede tener de que aquello va bien
es la sonrisa de la gente que sale de debajo del paso. En definitiva, aunque
decimos muchas veces que hacemos una estación de penitencia, es una penitencia
muy sui generis, porque todos estamos deseando que esto ocurra y que esto
llegue.   
(P): ¿Le queda algún sueño
que cumplir?
(R): Estoy muy satisfecho
con todo lo que he hecho hasta ahora. No sería justo pedir más. Sacarnos muchas
hermandades de Semana Santa y muchas hermadades de gloria y en todas hacer lo
mejor posible manteniendo nuestro estilo y el estilo de las hermandades y
cumpliendo.
(P): ¿Alguna advocación
habrá a la que su corazoncito le pida tocar el martillo…
(R): A cualquier capataz le gustaría sacar
cualquier cofradía de Sevilla. Yo soy hermano de varias hermandades que no
saco. Por ponerte un ejemplo ¿A que capataz no le gustaría sacar el Gran Poder?
No creo que hubiera ninguno que dijera que no. O la Esperanza de Triana o
cualquier cofradía que te he nombrado tienen unos magníficos capataces y yo me
siento muy satisfecho con lo que yo saco y llevo.
(P): ¿El dragón es el
martillo de los martillos?
(R): Mi padre siempre decía
que cualquier llamador de Sevilla física o invisiblemente tiene una serpiente
rodeándolo y hay que tener mucho cuidado cuando se coge el llamador no vaya a
ser que la serpiente te pique. Esa serpiente es la envidia, el creerse uno
superior a los demás… en fin, hay que tener cuidado. ¿Que ocurre? que el
llamador de la Virgen de la Esperanza el dragón ya está ahí fisicamente . Este
llamador ha sido siempre deseado por casi todos los capataces y, también deseaban
irse, porque esta cofradía históricamente ha sido dura y exigente.
P): ¿Es la Macarena el
palio que mejor anda en Sevilla? ¿Dónde está el secreto?
(R): Históricamente, este
paso se ha movido muy bien, con una cadencia en la bambalina no estridente y un
movimiento de varal no exagerado. Quiero pensar que Juan Manuel, que intervino
en tantas cosas, también intervendría en el movimiento propio del paso, por la
estructura y por la forma de montaje. Con la llegada de los hermanos costaleros
a los pasos, este paso se convierte en el palio que todo el mundo quiere
copiar.
(P):¿Existe un estilo
Santiago?
(R): Yo creo que sí.
Podríamos decir que no es Santiago, sino que lo heredó mi padre de Salvador
Dorado el Penitente y que lo que intenta es hacer extensible a todo el tiempo
en que la cofradía está en la calle aquellos momentos especiales en los que
rozaba la perfección. Eso conlleva que todas las levantás sean perfectas, que
no se coja ventaja, que las vueltas se hagan en el eje, buenas arriás, el paso
andando sobre los pies en la mayoría del tiempo… ¿Que eso es el estilo
Santiago? Podríamos decir que sí.
(P): Y siempre de frente.
(R): Siempre de frente,
siempre de frente, los pasos siempre andando para adelante. En Sevilla los
pasos nunca han andado para atrás porque era ir contra natura. Si tengo que ir
cargando de 35 a 40 kilos durante una determinada distancia, a mí no se me
ocurre andar para atrás para volver a andar hacia delante.
(P): Tampoco es amigo usted
de las coreografías.
(R): Para que haya una
coreografía tiene que haber alguien debajo del paso que mande. Y eso tiene un
inconveniente: que el que va debajo del paso no sabe lo que hay por fuera, ni los
inconvenientes que hay. Hace unos años fui a ver una salida extraordinaria de
un paso de Cristo con coreografía y como el que iba debajo del paso mandando no
sabía que había un cable, se le doblaron las potencias al Señor. Para mí debajo
del paso no debe haber nadie que mande, porque también se pueden crear reinos de
taifas. El que manda va por fuera y sabe los inconvenientes y problemas que
hay. Y después hay otro inconveniente que tiene que ver más con la estética y
con la devoción: nosotros sacamos los pasos a la calle para que la gente se
ponga en contacto con la imagen, con lo que está arriba. ¿Qué ocurre? Que con
tanta coreografía a lo mejor la gente está pendiente de otra cosa que no es de
lo que queremos que esté pendiente. Igual ocurre con la música. 
Una cosa es que
la música realce el significado de lo que estamos haciendo y otra que el
público esté exclusivamente pendiente del solo de la corneta de la banda. Yo,
en ese sentido, intento que nuestros pasos vayan siempre para adelante, más o
menos despacio, y soy enemigo de las coreografías.
(P): Hay quien defiende que
cada hermandad, cada barrio, despliegue su propia idiosincrasia, también bajo
los faldones…
(R): Sí, pero esa
idiosincracia de cada barrio es de hace 33 años para acá. Esos pasos de esos
barrios antes no iban así.
(P): Dígame tres pasos de la
Semana Santa, que no sean suyos, cuyo andar le guste.
(R): Hay muchos. Me gusta
cómo va el Cristo de Montserrat, porque he visto un cambio a mejor en los
últimos tiempos; me gusta mucho cómo va Santa Marta; el palio del Rocío
últimamente porque ha mejorado mucho;
me gusta el palio de la Trinidad, creo que va muy bien; el palio del Patrocinio y el Cristo del Cachorro. En general, casi
todos andan bien. Al revés si que hay tres o cuatro pasos que diferencian de
los demás por ir mal.
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