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El Rincón de la Memoria

Baltasar, rey blanco, y otras teorías

Melchor, un joven imberbe; Gaspar, anciano; Baltasar, varón maduro con negra barba. Sobre los Reyes Magos se ciernen leyendas que con el paso del tiempo se han aceptado como reales. ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían?

El evangelio según San Mateo recoge (2,1) que “Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea, en tiempo del rey Herodes. Por entonces unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén”. Poco más parecen recoger las sagradas escrituras sobre estos supuestamente reyes magos que más de dos mil años después siguen trayendo regalos e ilusión a los más pequeños. En los últimos años hemos sido testigos de algunas polémicas que rodean el nacimiento de Jesús. Desde que la mula y el buey no estaban presentes hasta que no nació en Belén sino en Nazaret. Las incógnitas también se ciernen sobre los tres sabios que adoraron al Hijo de Dios. Precisamente en su libro “La Infancia de Jesús”, el Papa Benedicto XVI escribió que seguramente los tres reyes magos no vinieran de Oriente sino de Occidente. Los historiadores ponen la pista sobre Tarsis, más conocida como Tartessos, que abarcaría una región que estaría situada entre Sevilla, Cádiz y Huelva.

Centrándonos en las sagradas escrituras, más allá del evangelio de San Mateo, donde recoge que se trata de sabios, la Biblia, en el salmo 72, 10-11, viene a referir que “Los reyes de Tarsis y de las Islas traerán presentes; los reyes de Sabá y Seba ofrecerán obsequios. Y se postrarán ante Él todos los reyes; todas las naciones le servirán”. Debió ser este fragmento el que se tomó para referirnos a aquellos sabios como reyes, pues, como se sabe, el evangelio de San Mateo es el único que recoge que fueron sabios, aunque tampoco dice el número. Al respecto, en Roma existen representaciones de dos, de tres e incluso de ocho. En Siria y Armenia, la representación de estos llega a rondar la docena. Dado que los regalos fueron oro, incienso y mirra, el Papa León I, en el siglo V, decreta oficialmente que los reyes sean tres, número que está muy presente en la religión cristiana, como en el caso de la Santísima Trinidad. Curioso que por aquel entonces también fueran tres los continentes conocidos: Europa, Asia y África.

Adoración de los Magos. San Apolinar Nuevo. Rávena. Siglo VI

Error de traducción es lo que piensan algunos cuando las escrituras originales, escritas en arameo, fueron traducidas al hebreo, griego y latín. Y es que se recoge que visitaron al niño unos “magusàioi”, cuyo significado literal es “astrólogo”. Y era así, con esta definición de “astrólogo” como se referían a cualquier persona sabia. Donde unos ven que esta definición como normal, ya que siguen una estrella y por tanto estarían interesados en el mundo de las constelaciones, otros piensan que se trataba de personas que practicaban otras religiones paganas y que se convirtieron al cristianismo. Sin embargo, “mago” podría ser entendido como “hechicero”, “brujo”, por lo que la Iglesia apostó por potenciar la definición de reyes. En cuanto a la estrella, las teorías giran alrededor de que podría tratarse de una conjunción de planetas que, al estar más cerca de lo normal, brillasen más en el cielo, conformando una gran estrella.

Adoración de los Magos, de Mantegna

Pero, ¿quiénes eran los reyes? Pocas referencias nos encontramos en la Biblia. Como hemos visto, los datos que nos ofrece no nos llevan a poder ejemplificar una representación de los mismos, pues poco más se dice de ellos que lo anteriormente expuesto. Al no detallarse más sobre su aspecto, ¿por qué se aparece Baltasar como rey negro? La primera representación que conocemos nos lo muestra blanco, e incluso durante siglos se representó como tal. En la segunda mitad del siglo XIV, en cambio, es cuando comienzan a aparecer los tres reyes magos y uno de ellos de color oscuro. Lejos de las representaciones de los reyes magos en las catacumbas de Priscila o los conocidos en San Apolinar Nuevo, en Rávena, las primeras representaciones con el rey negro aparecen en Bohemia, en la década de los sesenta del siglo XIV, en el claustro de la abadía de Emmaus, donde el programa iconográfico que representa la vida de Jesús incluye la Adoración de los Magos. En Italia, la primera representación la encontramos en la capilla del castillo de los Gonzaga de Mantua, pintada por Mantegna entre 1462 y 1470.

Entre las razones que recogen varios historiadores, una que cobra gran peso: la Iglesia apostaría por desplegar la religión cristiana como universal, llegando a todos los rincones del mundo. Y por aquel entonces avanzaba desde Asia hasta África –América no había sido descubierta todavía, e incluso tras este episodio capital en la Historia se pensó en añadir un cuarto, idea que quedó en el olvido–, por lo que uno de ellos tendría que ser irremediablemente negro para poder casar con las ideas que querían transmitirse desde Roma. Esta nueva representación acabó por imponerse a la que había existido durante siglos, tanto que hoy en día sería impensable que uno de los reyes magos no fuese negro. Otra teoría recuerda que, tras el diluvio universal, los supervivientes habían sido Noé y sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet. De ellos descenderían las distintas razas. Cam sería el que, según la Biblia, viviría en África y sería negro.

Adoración de los Magos. Santa María de Avià. Barcelona. Siglo XIII
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