Candelabro de cola, Sevilla

Candelabro de Cola: El Santo Cristo de la Púrpura de la Hermandad de la Columna y Azotes (I)

            Al hilo de la noticia de esta semana en que se informaba que el imaginero Navarro Arteaga tallará el Cristo de la Púrpura para la Hermandad de las Cigarreras, reproducimos el artículo «El Santo Cristo de la Púrpura de la Hermandad de la Columna y Azotes», obra de José Manuel López Bernal, publicado en el boletín de las Cofradías de Sevilla nº 491 (enero de 2000). Debido a la extensión del mismo, fraccionamos el mismo en dos entregas del Candelabro de Cola. Disfruten del texto. Merece mucho la pena.

Marcos Fernán Caballero
Se cumplió el Jueves Santo
del pasado año el CXXV aniversario de la última salida procesional del paso del
Santo Cristo de la Púrpura, antigua imagen y advocación de la Hermandad de la
Columna y Azotes, en su anual Estación de Penitencia. Su inclusión entre los
Titulares de la corporación en la segunda mitad del siglo XVII y su
mantenimiento durante el siglo XVIII, coinciden con una etapa de esplendor de
la Hermandad. Su desaparición en la Cofradía, primero, y en lo cultual, más
tarde, coinciden con la crisis que le afectaría durante el largo siglo XIX.
No sabemos exactamente cuándo
debió incorporarse a los titulares de la Hermandad esta antigua imagen
cristífera, que representaba el momento inmediatamente posterior a la
Flagelación, en el que el Redentor agachándose recogía sus sagradas vestiduras.
Hasta 1664 no tenemos constancia cierta  y
precisa de su existencia. En efecto, estando la Hermandad en la iglesia de San
Pedro (1628-1674), mediante escritura de contrato de 3 de julio de 1664 se
encargaban los trabajos de construcción de la «urna y paso para el
Santísimo Cristo de la Púrpura» al maestro escultor Pedro de Borja y al
ensamblador Pedro Camacho. Los citados trabajos debían seguir fielmente un
dibujo entregado por el mayordomo y otros oficiales de la Hermandad, según
consta en la escritura pública de referencia. Se añade entre lo estipulado:
«Y ha de tener en las doce tarjetas que se le han de echar unas historias
de medio relieve en toda perfección»
. La cantidad a pagar al maestro se
estableció en 9.000 reales de vellón, pagados en dos partes, de 3.000 a fines
de julio de 1664 y de los 6.000 restantes a la conclusión y entrega del
encargo. Sabemos que no pudo terminar Pedro de Borja el trabajo, porque una
escritura pública del 21 de febrero de 1666, dice al efecto: «Y porque el
dicho Pedro de Borja, por algunos accidentes que ha habido no ha podido acabar
la dicha urna según la dicha obligación, estoy convenido y ajustado con el
susodicho de tomar a mi cargo y por mi cuenta el hacer en ella la obra que
adelante será declarado. Y poniéndolo en efecto, por esta presente carga otorgo
que me obligo a que haré ocho ángeles, los cuatro de a vara, poco más o menos,
conforme fuere menester en la montea y los otros cuatro del mismo género y
tamaño según se requiere. Y asimismo cuatro cabezas de querubines para las
cuatro tarjetas principales, las que conviniere para el paso»
. Se encarga
de concluir la obra de Borja el maestro escultor Pedro Roldán, comprometiéndose
a  terminarla el 11 de abril de
1666 por 3500 reales de vellón, cantidad ajustada por Roldán con Pedro de
Borja, en la segunda de las escrituras que venimos citando.
No tenemos pues fuentes
documentales de esta época, pues la Hermandad custodia sus antecedentes
documentales desde 1710, faltando todos los relativos al periodo que va desde
su erección canónica el 16 de mayo de 1569 en la iglesia de San Benito, de la
Orden de Calatrava hasta principios del siglo XVIII, estando ya asentada en la
iglesia conventual de Nuestra Señora de la Consolación (Los Terceros) en
capilla propia. Sin embargo, hallamos en el expediente del traslado de la
Hermandad desde San Pedro a Los Terceros en 1674 (en el Archivo General del
Palacio Arzobispal de Sevilla), una copia del acta del Cabildo General
celebrado el 1 de abril de ese año, en el que se trató sobre el asunto, y
encontramos que entre los varios motivos que indujeron al ya aludido traslado,
se dice que «… como hera notorio a todos los hermanos de dicha Cofradía en
la Yglesia del señor San Pedro no tiene Capilla propria en que esté colocado
con la desencia necesaria el Santo Christo de la Púrpura, y demás Ymágenes de
la dicha Cofradía, antes está colocado en la Capilla de la Virgen del Pilar que
es de un particular…»
.
Transcurridos treinta años
desde la realización de la urna y paso, el 3 de noviembre de 1696, se contrata
el dorado de la urna del paso del Santo Cristo de la Púrpura «… y los
quatro ángeles pequeños de arriba dorarlos y encarnarlos, y los quatro maiores
de avaxo retocarlos…»
con Francisco de Vega. La suma estipulada a pagar por
la hermandad sería de 3.000 reales y el plazo fijado para la ejecución el
«Sábado de Ramos». Por falta de 1.000 reales no se pudo terminar de
dorar para la Semana Santa de 1697, cancelándose la escritura casi un año
después de lo estipulado, el 24 de marzo de 1698.
Así se debió mantener a
grandes rasgos el paso durante el siglo XVIII, en concreto hasta 1772-1773,
años en los que se abordó una profunda reforma del mismo, consistente en
dorarlo por 1.400 reales, realización de nuevas parihuelas en 377 reales,
estofado y encarnación del Cristo por 240 reales, composición de la Columna del
paso por 50 reales (incluido su transporte), estofado y encarnado de doce
ángeles del mismo y bordado de una vara de la túnica para el Señor por 506
reales. Conservamos por fortuna un magnífico testimonio documental de 1777, de
cómo la hermandad organizaba su cortejo en Semana Santa. En concreto, a lo que
se refiere al paso del Cristo de la Púrpura dice: «El segundo cuerpo de
hermandad se componía de 150 velas de a libra, otro muñidor y mozo con otro
canasto de cera, otro oficial para su gouierno (que fui yo) con vela apagada
como fiscal, otro coro de múzica, dos soldados apartando gente, seis colegiales
con sus hachas delante del Señor de la Púrpura, el Alcalde antiguo precidiendo
con otros dos soldados a los lados»
.
En la capilla de los Terceros
el Cristo tenía su propio altar, pues en el inventario de la hermandad de 1764
se dice: «Primeramente la capilla de esta Santa Cofradía en la Yglesia de
dicho Convento con tres puertas, las dos con rexas de madera y la urna con
puertas con sus llaues y zerroxos (…) Un altar del Señor de la Púrpura con
retablo de talla dorado con distintos ángeles y en el sitio prinzipal el dicho
Señor de la Púrpura (…) Yttem otro altar con retablo dorado de Nuestra Señora
de la Victoria (…) Yttem otro altar dorado su retablo y en el sitio prinzipal
el Señor de la Columna». De forma muy curiosa no se recogen cultos
especiales dedicados a esta advocación a lo largo y ancho de la historia de la
Hermandad, si aceptamos como excepción el que se le tributó en el año 1751, en
que se mantuvo en su paso el Señor durante toda la Cuaresma en rogativa,
gastándose 1.420 reales en cera. De la misma forma nunca aparece oficialmente
en el nombre oficial el de «Santo Cristo de la Púrpura»
. Se entiende
que aunque la Hermandad tuviese dos imágenes que representasen momentos
diferentes, se referían ambas al mismo pasaje pasionista: la Flagelación, y que
por tanto, el título que venía usando desde su fundación de «Sagrada
Columna y Azotes de Nuestro Señor Jesucristo», englobaba a ambas
representaciones.  





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