Candelabro de cola

Candelabro de cola: La pérdida de lo comedido

Un amigo de
nuestra familia de los de toda la vida empezó a trabajar en Madrid la última
semana del pasado mes de agosto. El pobre hombre, que lleva toda la vida
estudiando, tuvo recompensa a su esfuerzo aprobando sus oposiciones en el
verano y, lógicamente, todo era felicidad y entusiasmo por la consecución de su
plaza de trabajo. Pero esta semana, en una conversación telefónica que pudimos
mantener con él, lo noté algo decaído. Cuando le preguntamos acerca del porqué
de su estado de ánimo, nos contó que en el trabajo no ha sido muy bien acogido.
Los compañeros le hacen el vacío y evitan mantener con él cualquier tipo de
conversación so pretexto de que no le entienden al hablar con acento andaluz
(lógico, con esta lengua nuestra tan similar al bielorruso es normal…). No
obstante la guinda la ha puesto una de sus compañeras –por decir algo- a la que
le han quitado parte de sus competencias para que las desempeñe nuestro amigo
cuando, ni corta ni perezosa, la muy mezquina le espetó: “Pues chico, no me
acabo yo de explicar cómo has aprobado tú unas oposiciones en Madrid viniendo
de Andalucía, si allí todavía andáis lavando la ropa en el río”. Y descansando
que se quedó la buena señora…

Este hecho
creo que nos viene a demostrar varias cosas:
Primero: que
en la capital del Reino de España existe vida humana mononeuronal que por
instantes hace que uno deseara que la proclamación de la independencia de
Andalucía del resto de España por parte del Duque de Medina Sidonia en 1641
hubiera llegado a buen fin.
Segundo: que
en Madrid -al igual que ocurre en Cataluña- las personas más difíciles de
soportar son los hijos y nietos de emigrantes, porque parece ser que tienen un
empeño especial en mostrarse como los más castizos del mundo mundial (la lumbrera
que nos dejó la cita de lavar en el río es hija de dos extremeños: tócate el…).
Tercero,
último y más importante: que los andaluces deberíamos de poner mayor empeño en
luchar porque la imagen de incultos, pícaros y despreocupados que se vende de
nosotros en el resto de España a través de los distintos medios de comunicación
sea erradicada. Si discrepan de esto pregúntense por qué las chachas (con todo
el respeto del mundo para ellas) son siempre andaluzas y, en cambio, rara vez
el andaluz es el psicólogo, el juez, el periodista o el neurocirujano
profesional, responsable y respetado. Así, a bote pronto, en el bodrio “Médico
de familia” la andaluza era la limpiadora de la casa. Más recientemente, en
“Sin identidad”, la andaluza era la prostituta analfabeta y alcohólica. En “La
que se avecina”, el personaje andaluz se dedica a asar espetos en la playa… y
así podríamos seguir enumerando.
Pero ojo, que
de esto, buena parte de culpa es nuestra. Es cierto que la gente tiene
actualmente una falta de cultura general brutal: los sucesivos gobiernos del
país nos han dejado el sistema educativo hecho unos zorros. Hace 25 años
nuestro modelo se comparaba con el francés y hoy día estamos a la cola de los
países de la Unión Europea de 28 (si quieren deprimirse un rato no tienen más
que echarle un ojo a los sucesivos Informes Pisa… pero háganlo con un paquete
de pañuelos cerquita). Y también es cierto que los jóvenes tienen,
generalmente, muy poquito mundo recorrido, ¡con el remedio tan efectivo para
eliminar prejuicios que supone viajar!
Yo no reniego
de mis raíces andaluzas ni de mis tradiciones. Pero sí bien creo que es justo
reconocer que en nuestras celebraciones nos excedemos muchísimo más de lo que
sería deseable. A esto no ayuda absolutamente nada, en lo que al terreno
cofrade respecta –que a fin de cuentas es de lo que aquí tratamos-, la
profusión de Hermandades en las calles para celebrar casi cualquier efeméride,
por muy peregrina que ésta sea. Y, por supuesto, si es con dos pasos, mucho
mejor que con uno, no sea que los que no pisen la calle en noviembre se nos
mosqueen y monten un dos de mayo en pleno otoño. Señoras, señores, hemos
perdido el comedimiento. Y así, cualquier día, vamos a dejar de hablar de
Semana Santa para hablar de Año Santo. Se lo digo yo, que soy un jartible de
esto que cada semana les habla de Cofradías en torno al ascua de luz de un
candelabro.
Marcos Fernán Caballero

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