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El Cirineo, 💙 Opinión

Capataces, costaleros, comunicados y sexo

¿A que sí?, ¿a que con las palabras mágicas adecuadas un artículo tiene una audiencia “del carajo”? “Capataz, costalero, martillo, comunicado… sexo…” Se quejaba amargamente hace unos días uno de los columnistas de Gente de Paz de que uno de sus últimos artículos había tenido una audiencia muy por debajo de lo que es habitual en él, precisamente cuando el tema abordado tenía una importancia que ni por asomo es comparable a la de otros que nos ha regalado. Y tiene razón, es una vergüenza. “El Sálvame de las Cofradías”… dicen algunos… refiriéndose a nuestra página; a veces es eso precisamente lo que habría que decir: Sálvame de las Cofradías… y de los cofrades, sus dirigentes y muchos que jamás han ocupado un cargo ni tienen el menor interés en hacerlo porque las cofradías en sí les importan un bledo.

Personajes que buscan un asidero que de sentido a sus vidas grises llenándolas con un carguillo que a veces parece más un título nobiliario. Y luego están los simpatizantes… algunos de ellos, quiero creer que una minoría, inmensa pero minoría. Toda esa patulea de fans de cuadrillas, capataces, costaleros o bandas que jamás han leído un texto sobre orfebres, escultores o formación y que pasan de temas como el aborto porque todo lo que no implique cornetas con solos interminables o izquierdazos y pasos atrás carece de cualquier interés.

Si tuviésemos que analizar los motivos de haber llegado a este punto, probablemente llegaríamos a la conclusión de que obedece a una multiplicidad de factores de muy difícil o imposible solución. Decía hace años mi amigo David Pinto Sáez en una entrevista concedida a nuestro medio que lo que hay debajo de los pasos no es más que una muestra de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Evidentemente el planteamiento es extrapolable a los cortejos, a los componentes de bandas y a los meros espectadores. En un contexto social en el que el respeto en cualquier orden de la vida brilla por su ausencia, y el deplorable nivel educativo que asola a enormes estratos de la población es, junto con el paro y la crisis -con permiso del puto virus-, el más grave de nuestros problemas, muy por encima de la corrupción que tantas portadas ocupa, es muy complicado pretender que la masa que se acerca a cualquier cosa que huela a incienso sea diferente.

Pero no toda la culpa es achacable al Estado o al Sistema. Las cofradías también tienen una importante cuota de responsabilidad en todo este asunto. La formación que desarrollan en general es escasa, ineficiente o en ocasiones nula. No sirven excusas. Si no se forma, si no se educa, nadie puede esperar milagros. Cuando hay costaleros, nazarenos o músicos que son incapaces de terminar un padrenuestro es que el problema ha llegado a un límite insoportable. Que nadie se me enfade, reitero que quiero creer que estoy hablando de una minoría –aunque inmensa y creciente-, pero no es de recibo que en el seno de asociaciones adscritas a la Iglesia Católica se den casos como estos, y todos somos conscientes de que así es. ¿Cómo vamos a pedir sensibilización a nadie si nosotros mismos, los cofrades, no ejemplificamos con nuestros hechos, no predicamos con el ejemplo? ¿Cómo podemos tolerar que haya quienes se declaren agnósticos o directamente ateos con un cirio en la mano? ¿Es entendible que un componente de una banda afirme sin ningún rubor que él está ahí solamente porque le gusta la música y que ni Titulares ni hermandad ni gaitas?

Sincera y humildemente creo que ha llegado el momento de encauzar todo este sinsentido. El componente artístico y cultural de las hermandades penitenciales o de Gloria es incuestionable, con su ausencia todo esto no tendría nada que ver con la realidad que conocemos. Pero el aspecto religioso es esencial. Nadie que se llame cofrade puede pretender ser actor de este universo sin ser consciente del aspecto devocional que indiscutiblemente encierra. “Soy cofrade pero la Iglesia es un cáncer para la sociedad contemporánea. Me gustan las cofradías pero jamás piso una iglesia. Soy devoto de mi Virgen pero a los curas ni verlos. Soy costalero pero estoy a favor del aborto…” Hasta que no seamos capaces de lograr que frases como estas desaparezcan de nuestro entorno, estaremos errando el camino. Y no porque expulsemos a nadie de donde está, que nadie me malinterprete, sino porque seamos capaces de formar adecuadamente. Esta es la mayor de nuestras carencias, muy por encima de si habrá o no procesiones en 2021, de coronaciones canónicas, bordados, orfebrería, tamaño de los cortejos o cualquier otra consideración estética.

Quizá de este modo logremos que no haga falta poner un título como el de este artículo para que la audiencia se dispare y en cambio esta se multiplique cuando se denuncie la pasividad de nuestros dirigentes cofrades ante la matanza del aborto o lo que está ocurriendo en cualquier punto remoto del planeta o al lado de nuestras propias casas. O tal vez estamos pidiendo la luna…

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