Cruz de Carey, Sevilla

Cruz de Carey: El culto a la suciedad en las imágenes religiosas

Hace poco se han restaurado distintas imágenes religiosas, titulares de algunas hermandades sevillanas como han sido la imagen del San Juan Evangelista de Juan de Mesa de la Hermandad del Gran Poder, el Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta o Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro del Valle, en los cuales han recuperado todo su esplendor, perdido por el paso del tiempo. Seguidamente, como siempre, cuando se dan a conocer cómo ha quedado la imagen restaurada, salen los típicos comentarios que alaban dichas restauraciones, como también los hay que dicen que se ha quitado la «pátina del tiempo» y que no le gusta cómo ha quedado la imagen después de la restauración. 

Este tipo de cofrade le llama «la pátina del tiempo» a la suciedad que se acumula en el rostro u otras partes de la talla por estar expuesta al paso del tiempo. Pero hay una circunstancia a destacar, es la que muchos de nosotros no hemos conocido la imagen tal y como fue concebida por su autor, y no puede ser que nos hayamos estado engañando, creyendo que ése era realmente el tono de su policromía original, es decir, más oscura. Esto, evidentemente ocurre en aquellas tallas que tienen un tono más claro de piel. 
Parte de culpa de esto tienen las hermandades por no haber llevado a cabo procesos de mantenimiento de sus titulares anteriormente, con mayor asiduidad, en cuanto a limpieza de rostro, manos o pies, en caso de Cristo; y de manos y rostro, en el caso de Virgen. Creo que es necesario la realización de esta limpieza con más o menos frecuencia, para que algunos no se lleven un susto cuando después de mucho tiempo, se realicen este tipo de intervenciones en sus devociones, y salga el verdadero tono de la policromía de la imagen. 
Sin embargo, pienso que hay algunos cofrades que le gustan «Cristos» o «Vírgenes» morenas, que realmente no lo son, deberían pensar que no todas las imágenes posiblemente se concibieran por su autor cómo las vemos actualmente, y que debajo de ellas hay un policromía distinta a lo que se ve a simple vista. Les tienen devoción por ese color «moreno», hecho que realmente deberían mirárselo para comprender que una imagen religiosa no puede tener devoción sólo por el tono de su piel, sino más bien por otras cosas. 
Les puedo comentar que yo he conocido imágenes «morenas» que fueron esculpidas así, como otras con un tono más claro, y algunas de ellas les tengo veneración y no es por su tono de piel, sino por su belleza, y por representar a Nuestro Santísimo Señor y a su Bendita Madre, además el amor y la unión que crean alrededor de ellos. 
Nunca comprenderé el miedo por perder devotos que hay en algunas corporaciones de pasión por restaurar a sus titulares, cuando éstos pueden estar sufriendo bastante deterioro por no hacer lo que realmente deben hacer, que es restaurarlos. 
Juan Evaristo Callejas Jerónimo

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